Clinton Njie, pornografía, redes sociales y la impunidad moral

Las redes sociales se han convertido en el verdadero opio de la humanidad. La adicción a la aprobación. La necesidad de atraer los focos de atención. Y el libertinaje que se desliza por cada aplicación, ha saturado los espacios de la opinión pública. Y el fútbol no se escapa de esa ecuación.

Clinton Njie, es un nombre más de esa larga lista de jugadores desconocidos que solo ganan resonancia internacional por sus excentricidades. No por su fútbol, ni sus habilidades en la cancha que lo superpongan al resto de sus compañeros. Porque en la actualidad es mucho más sencillo ser parte de la farándula, que demostrar el talento en el campo.

Foto vía Twitter / @OlympiqueMarsella

El delantero, Clinton Njie, es un camerunés nacido en 1993 en Duala, una pequeña ciudad costera que es reconocida por el arte, y la repercusión mundial que produce el museo urbano ‘Doual’art. De allí proviene. De una familia sin dinero, y vaya que esto podría ser un cliché, pero en el caso del jugador con ficha en el Dinamo de Moscú, no es así.

Su padre le enseñó lo duro que es conseguir el dinero, era el herrero del pueblo. Trabajaba 18 horas al día uniendo las labores en una pequeña fábrica, y haciendo servicios a domicilio. El hogar Njie sufría por carencias económicas pero sobrevivía en parte por el amor al fútbol.

El camino profesional de Njie inició en 2012. Cuando por una módica cifra, el Olympique de Lyon lo fichó proveniente de la Ecole De Football Des Brasserie. Luego lo vendieron al Tottenham, más tarde al Marsella, hasta recalar en su actual club. El Dinamo de Moscú.

Profesionalmente, ha jugado en 140 encuentros. Anotando 24 goles, y entregando 20 asistencias. Es titular en la selección de Camerún, y posee un historial importante de problemas extrafutbolísticos.

Un rebelde por naturaleza. De esos jugadores que fantasean con la impunidad, y el delirio de grandeza que construye el dinero. Snapchat es el lugar perfecto para esto. La red social pornográfica por excelencia. El sitio ideal donde mostrarle al mundo en un video que las reglas están para romperse.

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En Instagram, Clinton Njie se muestra como un futbolista más sencillo. Fotos con compañeros. Quizá una por allí con un auto lujoso, en el resto solo se le puede ver en concentraciones y en su selección. La faceta «divertida» la vive en Snapchat. Enseñando fajos de dinero, fiestas lujosas y privadas, haciendo el ‘Make it rain’ sobre varias mujeres bailando. En fin, el paraíso al que cualquier profesional del fútbol aspira.

Su más reciente capítulo fue publicar un video explícito donde recibía sexo oral. No tiene sentido ahondar en el material audiovisual. Lo que sí interesa es la reacción que esto ha producido en la directiva del Dinamo Moscú y su compleja base moral rusa.

El club moscovita posee varias reglas internas que castigan a los jugadores por este tipo de actos. Aunque últimamente si en algo se han convertido los clubes, es en los más grandes alcahuetes de la historia del fútbol. Así que esperar un efecto disciplinario inmediato podría ser una utopía.

Tampoco quiero trajearme de un puritano que ve al mundo a través de un canto gregoriano. Solo apunto hacia la impunidad moral, y social a la que tienen acceso los deportistas de élites. Algunos son acusados de violación. Otros escupen y pisotean las leyes de impuestos, y la mayoría va transitando en una ruleta rusa, o más bien, una ruleta de Sodoma y Gomorra, en la intimidad.

Y antes que los odiadores por excelencia me hagan activar el modo bíblico. Tienen razón. Cada uno hace de su vida, el desastre que quiere. Solo que si eres de élite, y representas al deporte que amamos, no esperes que ni siquiera denunciemos moralmente este tipo de espectáculos.

Clinton Njie es solo un caso más de jóvenes multimillonarios que no fueron formados para sostenerse en las turbias aguas de la fama y el dinero.