La Conmebol (acrónimo de Confederación Sudamericana de Fútbol) se vio obligada a cambiar. Luego del FIFAgate, que sacudió casi todas las presidencias  federativas de los países de esa región (y que incluso, trae coletazos hasta hoy) necesitaba transmitir credibilidad ante una evidente comprobación de años de señalamiento de corrupción.

La directiva renovada (de forma forzosa) de Conmebol

El cambio debía ser externo e interno. Puertas adentro, aunque incluso el presidente actual Alejandro Domínguez está siendo investigado (muchos dicen que tiene las horas contadas), tiene un tutelaje cercano de la FIFA que está muy pendiente de como mueve las finanzas, aspecto fundamental en la transparencia de las gestiones del fútbol. Aparte, se ha intentado desmontar una estructura caduca de gestión subcontinental, en un aguerrido intento de derribar un contubernio de décadas.

Hacia afuera, había que proyectar confianza al aficionado. Y algo a deber: modernidad. Conmebol, en identidad gráfica, manejo de información y difusión de actividades quedó rezagada del resto del mundo. Y si se miraba a la UEFA, como maneja la Champions, el despliegue de su web oficial y otros enlaces con el aficionado, la diferencia es sideral.

Se cambió el viejo logo por uno más correspondiente al siglo 21. También la Libertadores y Sudamericana tuvieron su refrescamiento en identidad y se contrataron empresas europeas (las mismas que manejan la Liga de Campeones, Premier League, Liga Española, Juegos Olímpicos), para desarrollar mejor la marca en cuestiones de marketing, aparte de impulsar mucho más la producción televisiva y audiovisual. El VAR está siendo implementado desde los cuartos de final de cada competición, amén de que para 2019 se expanda a más partidos. Para el próximo año, no cualquier estadio podrá albergar competición continental y se han ejecutado varios planes de desarrollo femenino e infantil en cada país de la región.

La modernización tardó, pero llegó

La idea, aún a la espera por las novedades de la Copa América Brasil 2019 (en las que, los invitados son los asiáticos Catar y Japón, y México, invitado habitual, no estará), es hacer lo más comercial posible la Libertadores y la Sudamericana. Ya ha sido aprobado que las ediciones de ambos eventos tengan final única en 2019, tal como ocurre con los eventos UEFA.

Hay dos finales continentales en el mundo que no se han dado y que de realizarse, serían las más tensas de la historia: por Europa, una final Real Madrid-Barcelona en Liga de Campeones y por América, una  River Plate-Boca Juniors. Clásicos que, en su propia dimensión, mueven masas.

Los Boca-River siempre están cargados de fricción

Conmebol lo tiene a tiro. El martes 23 y miércoles 24 de octubre, Boca y River asumen las semifinales del torneo, ante Palmeiras y Gremio respectivamente, dos de los equipos mejor armados del continente. La vuelta de ambos encuentros será el 30 y 31 de ese mes.

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Para sus planes de mercadeo y expansión, en especial lo que se pretende vender en 2019, una final del Superclásico argentino sería más que formidable.

“Sería una locura. Si la perdés, te tienes que ir del país”, explica Mauro Zárate, defensa de Boca. Y no son palabras exageradas. Es una definición de una realidad innegable.

Un gol que no fue: el de Dedé a Boca

Los dos escollos son representantes de un país con demasiado peso político en el mundo fútbol. Aparte, que los cuadros brasileños son plantillas envidiables: Gremio, el actual campeón de la Libertadores, que llega reforzado; y Palmeiras, de los mejores equipos del Brasileirao. Los dos, sin exagerar, con perfil europeo.

Sin embargo, analistas brasileños, basados en hechos recientes, temen que en “detalles” se fuerce el avance argentino para lograr el clásico soñado.

Por ejemplo, la Conmebol no dio a lugar un reclamo de Racing (también argentino) por una alineación indebida del jugador de River Bruno Zucculini por considerarlo “extemporáneo” que pudo haber dejado a los franjeados en octavos. En cuartos de final, Cruzeiro reclamó unos penales no pitados y un gol anulado que pudo marcar diferencia ante Boca.

Zucculini jugó sin problemas ante Racing

En la cadena Fox Sports, tenedora de los derechos del torneo, no se hace más que hablar de una final con esos rivales. Apenas, se menciona a los clubes brasileños. Pero “calientan” el ambiente comentando durante horas al aire sobre lo que podría traer una edición histórica de este encuentro entre irreconciliables.

De darse la esperada final, va a ser una gran prueba para Conmebol. Si bien los ojos del mundo se posarán sobre Argentina, también los errores serán mucho más notables. Es conocido el modo “gangsteril” del día a día de las barras argentina, que  son dueños de muchos aspectos alrededor de los clubes y que generan niveles de violencia que en décadas no han podido ser controlados.  Como ejemplo,  el antecedente del último partido entre ambos por Copa Libertadores: el ataque con gas pimienta de hinchas de Boca a jugadores de River , en los octavos de final de 2015, generando la eliminación del cuadro xeneize y el avance de los millonarios a cuartos de final.

Un evento vergonzoso en la historia del fútbol argentino

Es la final soñada para una región y para un ente que quiere y necesita dar un salto de credibilidad. Pero de darse, tiene que ser transitando cauces naturales. Y de llegar a ocurrir, mostrar la capacidad de no desentonar con la magnitud del espectáculo prometido. La oportunidad está latente, solo que, hay brasileños atravesados en el camino.