Copa América en el Brasil menos futbolero

El cambio de sedes para la Copa América 2021 (que debió jugarse el año pasado) es realmente de risa, absurdo y le quita majestad a un evento que debe competir en días (arranca el 16 de junio)  con una Euro cada vez más distante del fútbol sudamericano.

En principio, la sede asignada fue doble: Argentina y Colombia, dos países geográficamente distantes, pero que antes de la pandemia era un tema que no se le prestaba mayor atención.

Tras la postergación de la Copa América, se ratificaron ambas sedes, lo que, con los viajes y las cifras de contagio, parecía un despropósito. Se peleó hasta el final, pero los problemas sociales y disturbios de Colombia pudieron más.

Argentina. Iba a albergar sola toda la competición, pero también los problemas políticos le hicieron “la contra”. Mauricio Macri, expresidente de Boca y expresidente de Argentina, trabajando hoy en la FIFA, como opositor al gobierno de Alberto Fernández, hizo lobby “negativo”  en las altas instancias de FIFA para que la Copa no se jugara allá.

El repunte de casos por Covid-19 y cierto rechazo social terminó de despedir a Argentina de la organización. A quince días del evento, no había sede.

Chile, Venezuela (sí, Venezuela) y Ecuador se candidatearon.  Todo parecía destinado a una cancelación de la Copa América, pero emergió Brasil a 12 días del evento y dijo: “Puedo hacerlo”. Brasil organizará su segunda Copa América consecutiva, luego de la edición 2019.

No importa como, solo interesa cobrar los derechos. A la izquierda, el presidente de Conmebol Alejandro Domínguez

Copa sí o sí

Tras todo este mamarracho, lo más sensato era suspender el evento. Pero hay un trasfondo: ya la Conmebol ha perdido 30 millones de dólares, a cada asociación miembro le toca al menos cuatro millones de dólares (que ya algunas se han gastado) y de no realizarse, sufrirían una terrible crisis regional. Esto, por encima de la salud de los jugadores y todos los que hacen vida alredor del fútbol.

Jair Bolsonaro, particular presidente de Brasil, que parece gobernar de forma impositiva, encontró resistencia dentro del mismo Brasil, con un pico alto de casos, para realizar el evento. Fue una pelea de pocas horas, pero intensa contra los partidos que lo adversan.

Después de EE.UU.  e India,  Brasil es el país con más contagiados en esta pandemia con 16,5 millones de contagiados. Hasta hoy, se cuentan 500.000 muertos y hay cepas propias de ese país más virulentas y que elevan la velocidad de la transmisión.

Ayer se anunciaron las cuatro sedes para la Copa América: Brasilia, Cuiabá, Goianía y Río de Janeiro, este último con un asterisco.

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Se jugará, a excepción de Río, en ciudades que no son fuertes en lo futbolero.  Belo Horizonte, donde están los históricos Atlético Mineiro y Cruzeiro; Porto Alegre, donde cohabitan los titantes Gremio e Internacional; y nada más y nada menos que Sao Paulo, donde hacen vida el mítico Santos de Pelé, Sao Paulo, Palmeiras o Corinthians no aparecen en el mapa de esta Copa forzada.

La razón es simple: los gobernadores de esos estados son opositores a Bolsonaro y negaron la realización de este evento en sus ciudades. Algunos consideraron la medida sensata y otros, como un simple berrinche político para intentar socavar la ya debilitada popularidad del presidente.

Un estadio descafeinado como Sierra Dourada será sede de esta Copa

Fútbol sin glorias

Río de Janeiro, ciudad de Flamengo, Botafogo, Fluminense y Vasco da Gama, es la única que se mantiene en pie de las “futboleras”. Sin embargo, el Maracaná solo se guardará para la final y los partidos anteriores se jugarán en el “Engenhao”, el estadio de Botafogo.

Brasilia, la capital artificial de Brasil fundada apenas en 1960, tiene un imponente estadio, el Mané Garrincha, levantado para el Mundial 2014. Su mejor  inquilino es el Brasília Futebol Clube, un equipo que apenas juega en la tercera división nacional.

Cuiabá es una ciudad realmente pequeña de Brasil (600.000 habitantes) que está en el corazón de la selva amazónica y que tuvo un estadio para cuatro juegos del Mundial 2014, el Arena Pantanal.  Una ciudad sin tradición futbolistíca, su equipo más popular es el Mixto do Esportes que está en Serie D (cuarta categoría), aunque el Cuiabá Esporte Clube, recién fundado en 2001 consiguió el ascenso a Serie A esta temporada.

Por último, Goianía, es una ciudad de un millón y medio de habitantes, con muy poco peso futbolístico. Aunque fue fundado en 1948, es un equipo “ascensor” que suele bajar de Serie A a Serie B y luego subir. Ha tenido alguna participación menor en Sudamericana. Se jugará en el estadio Serra Dourada, una edificación que se levantó en 1971 y que solo ha tenido como gran evento la Copa América de 1989.

Así, sin público y con ambientes descafeinados, deben ir contra reloj para darle puntapié inicial a la Copa que arranca este domingo 13 de junio. No importa si es a las carreras, si es improvisado. Lo importante es que paguen su dinero los anunciantes y las televisoras.