DE PRIMERA INTENCIÓN | Villa, ya desquita
DE PRIMERA INTENCIÓN | Villa, ya desquita

Uno de los equipos que cambió radicalmente su manera trabajar entre el torneo anterior y este fue Pumas.

Después de años de no adquirir refuerzos y confiar (quizá en exceso) en la producción de su cantera, el equipo universitario cambió de directiva y decidió adquirir a varios jugadores de los llamados “caros”.

Uno de ellos es Emmanuel Villa. El Tito venía de una desgastada relación con el Cruz Azul y llegó a Pumas con la misión de brindar contundencia a un ataque felino que, recientemente, había sido inoperante.

Hoy, después de cuatro partidos entre Liga y Copa, Villa no ha metido ni un gol y las veloces críticas de la tribuna y los comentaristas no se han hecho esperar.

Cierto, no carecen de fundamento, a Villa lo trajeron con el objetivo primario de ponerle números al marcador (por cierto, ¿quién se robó el marcador del Estadio Olímpico?) pero, ojo, ese es su objetivo primario más no el único.

En el futbol, como en todos los deportes de equipo, el valor de un elemento no se mide únicamente por los logros individuales, sino por lo que pueda aportar para que sus compañeros mejoren, si no pregúntenle a Héctor Mancilla por qué, a pesar de ser un delantero temible, no ha logrado quedarse en ningún equipo.

Veamos a Martín Bravo, compañero de delantera del Tito y autor de tres de los cuatro goles que Pumas acumula hasta ahora. En el torneo pasado se perdió en inútiles y desesperados intentos por conducir la pelota desde la media cancha hasta el área, donde frecuentemente llegaba a centrarle a… nadie; o bien trataba de encarar a tres defensas que podían darse el lujo de marcarlo solo a él, con lo que acababa fundido al medio tiempo y con muy pocos resultados que presumir.

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En el partido del domingo contra Querétaro pudimos observar exactamente cuánto vale Villa para Pumas. Al minuto 15 el Tito recibió el balón en el área y, usando su físico, aguantó la carga para poner el pase a Martín Bravo que definió para el 2-0 que, prácticamente, resolvía el partido.

Ya en el segundo tiempo fue una vez más Villa quien roba el balón y lo conduce hasta el área donde su tiro es detenido por el portero Juan Castillo, que lo escupe para que Eduardo Herrera, muy bien colocado, empuje ante un marco vacío.

Es decir que, en dos de los tres goles, la intervención de Villa es crucial, sin mencionar el hecho de que Bravo ya puede moverse con más libertad por el campo porque Tito jala marcadores que, de otro modo, estarían pegados a él.

No me malinterpreten, Villa tiene que empezar a anotar pronto, para eso está, pero, en mi opinión, ya ha comenzado a desquitar lo que se pagó por él.

¿O cómo ven?