«El Ángel Caido», crónica de la carrera de Ángel Reyna.

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Algunos hombres, la mayoría cegados por la luz que irradiaba su camiseta, dicen que vieron a un Ángel hace poco tiempo y que lo vieron caer. Un Ángel que reinó en el futbol mexicano y que llenaba de esperanza a quienes lo veían. Un ente celestial que tocó el cielo, pero cuya vanidad lo llevó a lo más bajo del inframundo futbolístico del país.

El camino de este Ángel comenzó en el América, hace ya muchos años, el 10 de Octubre de 2004 ante el Necaxa, el equipo de Zeus vio dar sus primeros pasos al “Ángel Exterminador”. Pronto comenzó a causar estragos en el futbol mexicano.

El América lo botó pronto, regalando sus milagros a su hermano menor, entonces el Ángel hizo mancuerna con un santo, un tal San Luis. De la mano tiñeron de gris la Liga y llegaron hasta la mismísima final ante el Pachuca. Los tuzos fueron los únicos que se negaron a creer en el milagro de San Luis y les ganaron una de las finales más aburridas de la historia.

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Luego fue intercambiando sus milagros entre Necaxa y la de San Luis, quemándose y siendo idolatrado por miles de fanáticos que veían en él la reencarnación del buen futbol. Regresó a su amado América en 2009, tras pasar por el padecimiento por el que debe pasar cualquier ser bíblico para ser considerado importante.

De regreso en el cielo americanista, prestó sus alas de Ángel para que el Águila volara, pero éstas no fueron suficientes para llegar alto. El América de esa época adolecía de talento y de dirección técnica, Salvador Cabañas recibió un balazo en la cabeza y salió vivo, pero el América se murió. Sólo Ángel Reyna se atrevía a jugar y a hacer jugadas en ese equipo, era el único que metía garra y talento, lo que sin duda encantó a la afición urgida de ídolos. En tierra de ciegos el tuerto es Rey.

En 2011 llegó a su punto máximo, campeón de la Copa Oro con México y alzando el título de goleo individual en la Liga, el último mexicano en lograrlo. 13 fue el número de goles que ocupó. 13, uno de los números más temidos y demoniacos que existen, el Ángel retó a su creador poniendo sobre la mesa un número tan ominoso, y la respuesta fue tremenda.

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Sus 13 goles sirvieron para ganarse una eliminación a manos del Monarcas. Pero lo bueno vendría al siguiente torneo. Ángel dejó que la vanidad se apoderara de él, se sintió más grande que su club y comenzó con las declaraciones. Las 10 últimas palabras que cortaron sus alas fueron claras: “Tenemos un capitán de agua y una defensa de plástico”. Chivas derrotó 3-1 al América y no encontró mejor forma de soltar su frustración que con esa frase.

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El Ángel que se creyó mejor que los dioses del América fue castigado con el exilio y lo mandaron al árido desierto que hay al norte, donde la temperatura y la inseguridad hacen creer a uno que está en el infierno. Ahí, con el Monterrey, consiguió su único título de clubes, con una Liga de campeones de la Concacaf. Jugó 1260 minutos, anotó siete goles y en el camino se dio el lujo de vengarse del América, los despidió en semifinales, para luego perder él la final ante Santos. Los Santos le negaron el cielo al Ángel, ellos sí padecieron para conseguir su condición divina, mientras que él aprovechaba su nacimiento como tal, sin buscar esforzarse.

Luego llegó al Pachuca, equipo que le quitó su primer final, donde lució algunas cosas inhumanas y otras muy humanas. Jugadas descomunales inhumanas con goles maestros, junto a la humanidad de la soberbia y la desidia. Gabriel Caballero, héroe infinito del Pachuca, señaló que era un jugador diferente y único, que sería el mejor si se dedicara plenamente al futbol, pero a Reyna le gustaba más hacer pleitos, arrojar botellas y pelear con sus compañeros.

Luego cayó en Veracruz, un equipo que llegó a la primera gracias a varias mañas, el Ángel se estaba enviciando. Logró sacar adelante al equipo, convirtió en las primeras tres jornadas del Apertura 2013 siete goles, parecía que había regresado, que iluminaría el camino del Tiburón hasta lo más alto… Y luego desapareció. Un ángel concede milagros y se va, Ángel Reyna concedió tres triunfos seguidos y se dio el lujo de irse. Hay de milagros a milagros.

Cuando ya había estafado y decepcionado a todos los que creyeron en él, encontró la manera de seguir molestando a los aficionados, fichando por el peor enemigo del América. Para el Apertura 2014 llegó a Chivas, un equipo que peleaba por el descenso. Era la última oportunidad de Ángel para ascender y convertirse en el exterminador que convirtiera goles y llenara el alma de los feligreses. Y nos quedamos esperando sentados, mientras que los milagros los hizo el Cubo, él sólo se dedicó a recibir dinero.

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Cuando creíamos que el Ángel no podía caer más bajo, nos maravilló a la mala, encontrando la manera de caer. Ahora está en el verdadero inframundo futbolístico, engrosando las filas del Chivas San Rafael de tercera división, y puede que incluso ahí se quede en la banca.

Ángel Reyna comenzó su carrera como Ángel, muchos creyeron que sería el redentor que el futbol mexicano esperaba desde Cuauhtémoc Blanco, pero ahora engalana el inframundo de jugadores que se quedaron en promesa y vive en el infierno de la infamia que le causaron sus pleitos y berrinches. Al final sólo le quedó de Ángel el nombre.