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[Canción para acompañar: «Reflektor» – Arcade Fire]

Es complicado tomar lado hoy en día. La neutralidad no es bien vista, hecho que poco a poco nos va volviendo extremistas. Claro, arriesgar no es estar con un pie en cada lado, sino que con los dos en uno. Sin embargo, el volverse partidario de algo, o alguien, se ha convertido en estar conmigo o estar en contra mío. Habiendo tomado postura viene lo peor: la discusión; una oda a la terquedad.

¿Quién es el mejor? ¿Qué es ser el mejor? O mejor aún, ¿cómo se puede ser el mejor? La pregunta del millón. Si hubiese una respuesta absoluta, nadie tendría problemas en esta vida. Pero la respuesta es subjetiva. Y de lo subjetivo viene la discusión porque nuestra palabra vale más que nuestra propia vida en sí. ¿Por qué? Porque hablar es más fácil que actuar. Y los que hablan, generalmente hablan de los que actúan.

El estadístico dice que el mejor jugador debería ser quien sume más goles/asistencias/porterías imbatidas a lo largo del año. Quien busca el éxito dirá que el mejor es quien haya conseguido más títulos con su equipo. El compasivo apuesta por el equilibrio, buscando otra alternativa y refrescando el premio de quien siempre lo gana. El conspirativo elige a un candidato esperando demostrar la transparencia en el organismo juez. Volvemos al inicio y encontramos que cada quien tiene su opinión. Y aun así, intentamos imponer la nuestra ignorando que al otro no le interesa. Y peor aún, ignoramos que el otro hace lo mismo. Sería algo así como cuando escuchamos a alguien pero en realidad no lo hacemos, sino que estamos esperando que acabe para que podamos hablar.

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Caer en este círculo bobo viene de no saber disfrutar un espectáculo. De olvidar que un espectáculo entretiene y no cambia vidas. Viene de creer que todo debe ser comparado y medido. Y, sobre todo en el fútbol, de adoptar algo irrelevante, como lo es la vida de un deportista ajeno a nuestra vida, como pilar de una opinión propia. Asimismo, vivimos con la idea de una vida piramidal en la que a fuerzas debe de haber una punta absoluta, así como un ganador y un perdedor.

Quienes dicen que Ronaldo no ha ganado nada con el Madrid, son los mismos que postulan a Ribéry por haber ganado el triplete con el Bayern. Quienes cuestionan la falta de personalidad del francés, están pendientes de las celebraciones polémicas de Cristiano. ¿Cómo medimos esa incoherencia? ¿Por qué habríamos de medirla? Sin darnos cuenta perdemos la lógica al querer mezclar aceite con agua. Uno es mejor que los demás en algún aspecto específico. Y en los demás aspectos, siempre habrá alguien mejor que uno.

Albert Einstein decía que todos son genios. Pero que si uno juzga a un pez por su habilidad de trepar un árbol, dicho pez pasará toda su vida pensando que es estúpido.

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