El candidato polémico.

Dejemos por un momento volar nuestra imaginación. Pensemos en un país, llamémoslo La Republica de la Infamia, para no crear malos entendidos con ninguna nación. En esta república hay partidos de derecha que no saben gobernar, partidos de izquierda que gobiernan cómo los de derecha, personas honradas y nobles que día a día estiran su salario para que les alcance para comer bien, personas que trabajan 10 horas al día para ganar menos de lo indispensable. Cómo no puede faltar en una república con tales falencias, también hay delincuentes que sólo buscan quitarle al prójimo lo que consigue con su esfuerzo… Los llaman congresistas.

Cómo buen país, hay un deporte nacional, elijamos el futbol por probabilística y por que la charrería no la conoce nadie. Este país vive, respira y desea futbol, millones de “Infames” se pasan el día hablando de futbol, pensando en futbol y jugando futbol. Ahora digamos que en este país viven 100 millones de personas, por decir algo, una gran cantidad de personas que gustan del futbol. Si sólo nos enfocamos en lo que dicen las probabilidades, encontrar cada 4 años 20 tipos que sepan jugar futbol lo suficientemente bien para estar entre los cuatro mejores equipos del mundo debe considerarse un hecho, ¿no?

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Pero supongamos que contra toda lógica en esta república no ocurren así las cosas, que los jugadores de futbol pelean cada cuatro años por jugar tantos partidos como dedos tiene un hombre normal en su mano derecha. Lo primero que hay que pensar es que algo se hace mal en este deporte, que se trunca en algún momento a los talentosos, que los que deben enseñar el juego están viciados, que el salto entre promesas juveniles y realidades profesionales se ve interferido por algo. Cómo suele ser en muchas naciones, digamos que el problema es el maldito dinero, la maldita corrupción que prefiere los billetes en la mesa a los dribles en la cancha. Los de arriba prefieren generar dinero con tranzas en lugar de hacer un mejor producto, más rentable y efectivo. Un error común.

Pero para efectos de este ejercicio imaginativo, no podemos ser tan simplistas, no todos pueden ser buenos, pero no todos pueden ser malos. Alguien, en algún momento debe apoyar a la juventud, alguien debe ser un buen maestro, alguien debe preferir el buen juego al buen salario. Obviamente algunos jugadores sin dinero lograrán saltar vayas y llegar a ser profesionales. Pero recordemos que al principio vimos una sociedad con muchos errores y carencias, donde el pan cuesta y las oportunidades escasean. Si a un chavo de repente le das mucho dinero por hacer algo que le divierte, no le pones restricciones y lo llenas de fama, el chavo perderá el piso muy fácil si no tiene una familia que lo ayude a encontrar el camino, si no hay a su alrededor un ambiente que le demuestre la importancia del trabajo, el esfuerzo y el superarse día a día. No sólo en esta república ficticia de la infamia ocurre eso, hasta en primer mundo perder el piso es muy fácil.

Entonces los ídolos futboleros de tal nación no pueden presumir gran cosa, supongamos que algunas copillas locales regadas, unos cuantos días de gloria en un mejor futbol que el local y algunas actuaciones destacadas en la selección. Un país falto de ídolos tiende a idealizar cosas, a bajar los pedestales para poder colocar más fácil a los héroes. Los problemas con esta situación son muchos. Entre ellos está el permitir a nuestros ídolos hacer cualquier cosa, a final de cuentas, es un ídolo, es lo máximo, es grande y puede hacer lo que quiere.

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Digamos que a república, siguiendo la tradición occidental, cree en la democracia, y cree en que todos tienen derecho a votar y ser votados. Cómo no todos podemos postularnos para el mismo puesto al mismo tiempo, existirán partidos políticos que deberán representar los ideales de las personas. Supongamos que hay izquierda, derecha y ultra derecha. Pero ya dijimos que hay demasiada corrupción en esta república, entonces hacer partidos políticos es una manera de quedarse con mucho dinero de manera rápida. Por lo tanto no es raro suponer que va a haber varios partidos políticos creados al vapor con la intención de tener algunos pesos extra. Y en contadísimas ocasiones, con la intención de ayudar al país.

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Entonces la constitución de la República de la Infamia y su código de procesos electorales, tratando de ser más justo y de lograr que los partidos políticos sí representen a alguien, piden a cada partido recién creado que tenga un porcentaje mínimo de votación total. Un dos por ciento de la votación total les parece suficiente (votación total, ni siquiera el 2% de los votantes en general) para comprobar que hay un sector de la población que compagina con lo que representa este partido o aquel.
Entonces los partidos políticos nuevos se ven en la necesidad de conseguir votos de inmediato cómo sea. Algunos indican que son el cambio, otros demuestran que son el cambio, y otros ocupan ídolos. Hay ídolos de todo tipo, pero vamos a encontrar que la gran mayoría se identifica con el futbol, entonces un partido nuevo busca a un ídolo del futbol para que lo represente. No importa si no es residente recurrente de la localidad.

Entonces en La República de la Infamia encontraríamos a personas poco preparadas para el puesto aspirando a ser gobernadores, congresistas, alcalde, presidentes, sólo por que destacaron en algún otro ámbito (lo cual es completamente apreciable y admirable), pero que no tienen una verdadera idea de cómo administrar los recursos públicos para la mejoría del Pueblo. Estas personas estarían compitiendo contra candidatos independientes, preparados, con años de experiencia y que no se alían a ningún partido por que conoce las mafias que se manejan. Personas que en un mes tienen que conseguir 5,000 firmas para aspirar a mejorar su distrito, personas que toda su vida esperaron que los candidatos independientes llegaran a su localidad.

No sólo competirían, su gran cartel les dejaría ganar. Personas famosas, ídolos de bronce que se llevarían los votos y gozarían de los beneficios impunes de ser un congresista. La gente preferiría votar por Águilas caídas, deportistas en el ocaso de su carrera, y así partidos que no le hacen bien o mal al país prevalecerían. Al pueblo migajas y circo.

Pero creo que me excedí, este ejercicio imaginativo se me fue de las manos, lo siento, ¿Qué clase de país permitiría eso? ¿Acaso vivimos en Estados Unidos para hacer gobernadores a actores? Tendrían que pasar muchas cosas para ver que de repente un futbolista, digamos Cuauhtémoc Blanco, aspirara a ser gobernador de algo. ¿Verdad?

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