El día que Quilmes fue sentenciado a sufrir por la maldición de una bruja

El poder sobrenatural es una llave cuyo funcionamiento aún está en dudas en las altas esferas del deporte mundial. La mayoría siente que es un recurso impropio de un atleta de alto rendimiento, o de un club profesional.

En esta era de la información, los secretos cada vez son menos, y la exposición es tan alta, que cuesta un montón poder darle vida a lo espiritual cuando lo más resaltante e inmediato es la razón.

El día que Quilmes fue sentenciado a sufrir por la maldición de una bruja
El día que Quilmes fue sentenciado a sufrir por la maldición de una bruja

Esta historia no tiene como fin plasmar una apología a lo sobrenatural, al contrario, es la pura demostración de los misterios que yacen escondidos en las rendijas de los capítulos escritos en los libros sagrados del fútbol.

Los fantasmas. Las fuerzas oscuras. El terror, y la angustia de las derrotas rodearon a Quilmes luego de atreverse a encarar y pretender engañar a Dora. La bruja que con una sola profecía bastó para estremecer a una ciudad entera.

Fue a finales de mayo de 1994 que el torneo de ascenso del fútbol argentino ardía a pesar de los vientos fríos del invierno que se acercaba. Gimnasia y Esgrima de Jujuy tenía un duelo a muerte con Quilmes por el primer puesto de la tabla.

Quien obtuviese el campeonato alcanzaría el ascenso a primera división sin tener que sufrir la crudeza del torneo reducido. Una especie de liguilla donde clasificaban desde el segundo hasta el noveno en la tabla. Formato de eliminatoria directa para conseguir el último boleto del ascenso.

Quilmes en el partido contra Deportivo Morón

Restaban cuatro fechas, ninguno de los dos equipos punteros cedía. El miedo de quedarse sin el premio de toda una ardua temporada comenzaba a susurrarle al oído a quienes lideraban el equipo.

Ché, y por qué no vamos con esa tal Dora, que dicen es buenísima en estos casos’, dijo uno de los dirigentes. ‘La verdad es que me da miedo esas cosas, viste. Si querés andá vos, pero yo me quedo acá’ – respondió otro integrante de la junta. ‘Yo iré, y ya está. Ni es ilegal, ni tampoco caro, llámate a Juan que venga conmigo, y vos prepará el juego del finde’.

Al final fueron cuatro – o quizás más –  los dirigentes que se trasladaron 100 kilómetros desde la provincia de Buenos Aires, hacia el encuentro con la hechicera Dora. Que por cierto, tenía fama de enojadiza pero recta y efectiva. Más parecida a las brujas de los cuentos de niños, imposible.

El predio de Dora se situaba en Chascomús. Una pequeña ciudad que en ese entonces apenas tenía catorce mil habitantes. Clima más frío de lo que el calendario anticipaba. Silencioso y con una sensación – plenamente espiritual – distinta a lo que la metrópolis ofrece.

Calles de la ciudad donde una vez vivió ‘La bruja Dora’

‘Me darán 4000 pesos – en ese tiempo eran unos 3000 mil dólares – 2000 en este momento, y 2000 después el partido contra Morón’ dijo Dora sin inmutarse. ‘Como usted mande, Doña Dora – respondió el dirigente – aquí le traje unas remeras, un escudo, las fotos del equipo rival para que usted haga su cuestión’.

‘Como veo que algunos dudan de mí – comentó Dora – les daré esta profecía, Gimnasia perderá 3-0, luego que ocurra podrán estar tranquilos, pero solo les digo una cosa, cumplan con lo que hoy prometieron’. La incredulidad seguía en el rostro de los dirigentes, y era hasta entendible porque Gimnasia jugaba un partido que en teoría era sencillo.

Desde luego, Douglas Haig un equipo pequeño que en ese torneo apenas alcanzó el decimocuarto puesto, goleó 3-0 al puntero Gimnasia y ponía en bandeja de plata el ascenso a Quilmes, que se enfrentaba a Deportivo Morón en el viejo estadio de Guido y Sarmiento.

Equipo de Douglas Haig que compitó en la 93-94

Todo iba a la perfección. 2-1 ganaba Quilmes. Dominaba el partido, Morón no se acercaba al arco cervecero hasta que la desgracia en forma de petardo alcanzó a Enrique Cuenca Zaldívar, defensor del Deportivo Morón, que cayó desplomado. Se suspendió el partido y el futuro del torneo quedó en el aire.

Como también quedó en el aire la segunda mitad del pago que iba a recibir Dora. Los dirigentes – tacaños como siempre – usaron de excusa que el partido no había culminado, por ende, el trabajo de la bruja estaba incompleto.

Dora, que había viajado desde el remoto Chascomús hasta las oficinas de Quilmes se enojó. Pero no esos arranques iracundos que destruyen mesas y presiones arteriales. Tomó aire, y mirando a los ojos de los dirigentes soltó: ‘No van a ascender y tendrán una maldición que los perseguirá por muchos años’.

Naturalmente no le creyeron y la dejaron ir. Pasaron los días hasta que se reanudó el partido contra Morón. Y como si fuese parte de un guion escrito por Lars Von Trier, Quilmes no ganó más. Morón le dio vuelta a ese partido, y se lo llevó 3-2. Laferre triunfó 2-1. Instituto le empató 2-2 y en la última fecha, Atlético de Rafaela condenó a Quilmes con un 1-1 al torneo reducido.

¿Por qué temer ante las palabras de una vieja molesta? pensaron. Aún quedaba una bala. Una oportunidad que no se podía escapar. Superaron la primera eliminatoria 2-1 contra Chacarita, y los temores se disipaban. Pero Instituto de Córdoba los devolvió a la cruda realidad. 3-0 en el de ida, 6-3 en el global, y adiós ascenso de Quilmes.

Los siguientes cinco años fueron de desierto total. Ni siquiera optaron por la opción de jugar otra final. Nada de nada. La leyenda de la maldición se extendía por toda la Argentina. Quilmes estaba sentenciado a sufrir.

En el torneo 99-00, finalmente soñaban de nuevo con el ascenso. Concatenando una plantilla novel e importante. Jugadores como Chapu Braña, Chori Domínguez, y Máquina Giampietri llevaron al equipo a quedar a un solo punto de Huracán en la tabla de clasificación.

Chapu Braña con Quilmes

Se jugó el cuadrangular de ascenso donde Quilmes buscaba romper la maldición contra Atlético de Rafaela, San Martín y Huracán. Los cerveceros vencieron a Rafaela 2-0 en el global, y solo restaba un escaño para triturar la maldición de la bruja, Huracán. Y por supuesto, no pudieron, cayeron 2-1.

Tendrían otra oportunidad, siendo favoritos frente a Los Andes. Tampoco lo consiguieron, cediendo el segundo puesto de ascenso con un 3-1 en contra en la eliminatoria. La maldición era genuina y rodeaba a todo el club.

Al año siguiente, una vez más, llegaron hasta la final y cayeron 6-3 en la eliminatoria contra Banfield. En la segunda opción para el ascenso, Nueva Chicago los derrotaría 1-0 en el global.

La televisora nacional se interesó en la historia sorprendente de Quilmes. Al punto de ser transmitida la angustia de los hinchas a través del canal Infinito, señal argentina que creaba solo eventos paranormales en esa época.

Señal argentina ‘Infinito’

Llegó el nuevo milenio y con él, el Torneo 2002-2003. Los fantasmas cada vez eran más reales, e imposibles de ocultar, y las esperanzas yacían en una plantilla que veía como las finales y los momentos cruciales se les escurrían de las manos.

Un día perdíamos 2-0 con Almagro. Lo dimos vuelta 3-2 a los 89, pero a los 90 nos empataron 3-3. ‘Será posible que no podemos salir campeón’ , me dije (¿les suena cruzazulinos?)Me tenía loco lo que decían de la bruja Dora. El domingo siguiente le comenté a mi señora: «Me voy al cementerio de Chascomús a ver si encuentro la tumba de la doña esta» comentó el vicepresidente del club por esos días, Julio García.

La opción de devolverle el dinero a Dora no era factible. Ya no pertenecía al mundo de los vivos, y como quién ve llegar un pequeño rayito de luz luego de varios días lluviosos y grisáceos, al hincha Rodolfo Acosta se le ocurrió la solución.

Viajó los 100 kilómetros, se puso la camisa de Quilmes, y sentándose con las piernas entrecruzadas frente a la tumba de la bruja Dora, le dijo: ‘Dora, perdónanos, no fue nuestra culpa. Ya no están quienes te incumplieron, y si nos ayudas a salir de esta maldición, vendré yo mismo y te adornaré tu sepulcro con los colores del equipo’.

Rodolfo Acosta visitando el sepulcro de Dora

Después de ese encuentro – que para muchos sería un poco perturbador – los cielos se abrieron para Quilmes. Ganaron seis de los últimos diez partidos. Solo perdieron uno y empataron tres, lo que les permitió alcanzar la sexta final en tres años. El rival fue Argentinos Juniors. Era matar o morir.

28 de junio del 2003. El Centenario a reventar, y Quilmes con el temor de las angustias previas, salía a la cancha. Nada ocurrió en el primer tiempo, y a los doce minutos del segundo periodo, un cabezazo certero de Agustín Alayes adelantó con lo que finalmente sería el gol que acabó con una década de maldición.

Quilmes eliminó a Argentinos Juniors, al sufrimiento profetizado por Dora, y cortó el cordón espiritual que los tenía atados al fracaso. Finalmente jugarían en la primera división de Argentina en el torneo 2003-2004.

Así quedó para siempre la tumba de ‘La bruja Dora’.

Luego de las celebraciones, Rodolfo Acosta, no quiso tentar más el poderío espiritual y corrió a cumplir con su promesa. Dora descansaría en paz, y los hinchas de Quilmes, lograron sonreír y un año después estarían jugando la Copa Libertadores.

 

 

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