El Dulwich Hamlet y la bofetada a los ricos

Aún siendo de la sexta división de Inglaterra, el Dulwich Hamlet es un equipo muy querido y respetado en todo el complejo ecosistema del balompié británico. Es seguido, porque además de la simpatía que despiertan ciertos clubes pequeños, también ha tenido un impacto social importante.

Es uno de los clubes más viejos de ese país, fundado en 1893, hace 128 años. Ha pasado toda su vida en divisiones pequeñas, salvo una temporada que llegó a la First Division (segunda) en los años 80.

Es un club simpático, de barrio del sur de Londres. Se ha vuelto famoso porque su afición apoya causas importantes, como la discriminación racial o a la homofobia. Se ha vuelto el equipo más querido de la “Non-League” (ligas no profesionales) y eso le ha permitido convertirse en un equipo popular, que promedia dos mil aficionados por partido.

La afición, apodada “los progres”, “los hipsters” y “la chusma (o proletariado)”. Han recibido apoyo de figuras importantes por su valentía y coraje a la hora de plantarse frente a injusticias. La afición y jugadores han apoyado a empleados explotados por ser inmigrantes ilegales y han manifestado en su barrio contra situaciones injustas. Una muy recordada fue exigir en un cine local mejor trato y sueldos a sus empleados.

La lucha contra el capitalismo de la forma más literal

Sin embargo, su mayor final no fue alguna de las cuatro FA Amateur que ganó entre 1920 y 1934. El mayor triunfo de este equipo fue haber derrotado un fondo de inversión norteamericano que pretendía desaparecerlos en todo sentido.

Meadow Partners, una empresa constructora americana pasó a ser la nueva propietaria de los terrenos del estadio del club, Champion Hill, y a dirigir sus finanzas en 2014. La situación económica del club fue realmente dura y se ganaron la aprobación de los aficionados con la promesa de construir un nuevo estadio y sanear la economía del equipo.

La idea era construir edificios para dar un total de 155 apartamentos. Pero, la zona donde se pretendía levantar, es una zona protegida por sensibilidad social en Londres (llamadas “Metropolitan Open Land”) en la que al menos, un 35% de las viviendas construidas deben tener renta o precios bajos para favorecer a familias desposeídas.

La situación tuvo un giro para la constructora. Entonces, (o quizás era el plan original) recurrieron a un recurso no contemplado: tomar los terrenos del estadio, Champion Hill, para levantar las viviendas que tenían contempladas. La zona del estadio, evidentemente, no tiene ninguna regulación.

El proyecto de viviendas que tenía originalmente Meadow tomaba toda la estructura deportiva del Hamlet

Solidaridad y regulación

En marzo de 2018 sin previo aviso, Meadow desalojó al Dulwich Hamlet sin previo aviso. Los desterró del estadio y colocaron los pocos trofeos y utilería en la calle. Se marcharon de lo que fue su casa por 75 años y en la que solo habían mudado su localía en los años 90 por las normas de seguridad impuestas por Margaret Tatcher tras la tragedia de Hillsbury.
El club, querido y reconocido por haber apoyado a tantas causas, empezó a recibir muestras de apoyo. La primera, de su archienemigo, el Tooting & Mitcham United F.C, que le ofreció desinteresadamente su estadio para que jugara de local.

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Mientras los aficionados se agrupaban y recibían la solidaridad del fútbol inglés, Meadow también se movía. De forma “extraña”, la deuda cuando tomaron el club ascendió de 150.000 libras esterlinas a 700.000, algo impagable en el mundo amateur. Y la peor puñalada, fue registrar los nombres de ‘Dulwich Hamlet FC’ y ‘The Hamlet’ y las iniciales ‘DHFC’.

Este momento oscuro, hizo reflexionar a todo el fútbol inglés sobre la dramática situación que viven estos clubes pequeños, pero con muchos años de historia y modelos ejemplares de pertenencia en sus comunidades, en momento el que los grandes clubes acaban con el arraigo.

Sin embargo, aparecieron muchas manos amigas para evitar el naufragio. Aparecieron figuras como el alcalde de Londres Sadiq Khan, el líder del Partido Laborista Jeremy Corbyn o el exfutbolista del Manchester United Rio Ferdinand. Este último es socio creador de la Fundación Legacy que posee junto a Mark Noble y Bobby Zamora, cuyo objetivo es construir viviendas asequibles para gente con bajos ingresos. Precisamente a través de esta sociedad realizaron una oferta a Meadow para comprar los terrenos por 10 millones de libras. “Tienes diez millones sobre la mesa, tu pagaste siete por el club. ¿Qué esperas para irte’” , dijo Duncan Hart, cabeza de la sociedad de aficionados que luchó por salvar el club, según recogió en su momento la web La Media Inglesa.

 

La presencia de Peter Crouch trajo la tranquilidad a la afición y novedades como la televisación de los juegos

Vuelta a casa

La situación fue llevada al parlamento. Meadows nunca aceptó la oferta de los 10 millones y el gobierno intervino. Designó negociadores neutrales para llevar el conflicto a feliz término.

Tras meses de negociaciones entre el Southwark Council (consejo municipal del sur de Londres), Dulwich Hamlet y Meadows, el acuerdo final se alcanzó luego de una reunión entre todas las partes, que fue presidida por la ministra de Deportes, Tracey Crouch, y a la que asistieron las parlamentarias locales Helen Hayes y Harriet Harman.

Acordaron que Dulwich debía volver a Champion Hill y acordaron cuotas de arrendamiento a Meadow. Sí, los norteamericanos siguen siendo dueños del terreno y el peligro está latente. Aunque, ahora tienen más ojos encima.

En diciembre de 2018 retornaron a casa. El promedio de asistencia se incrementó a 2000 personas por juego (antes los buenos juegos llegaban a mil) y la conciencia de que pagando entrada, el club se podría mantener en el tiempo y en su casa.

Lo hecho por Dulwich Hamlet empezó una reacción en cadena para proteger a los equipos con arraigo de ligas menores. Ahora, uno de sus principales directivos es el recordado Peter Crouch (quien militó una temporada en el equipo) y parece caminar solvente hacia un futuro más estable