El precioso estadio que fue un capricho del presidente de Hungría

Poco se habla del Pancho Arena, uno de los estadios más lindos de Europa. Lleno de detalles, de formas, pequeño, pero espectacular.

“Pancho” debe su nombre al apodo que recibió Ferenc Puskas cuando militó en el Real Madrid. Es clase 2 de UEFA, es decir, puede recibir partidos internacionales y apenas puede albergar a 4.000 personas.

Hasta acá todo bonito. Cuando preguntamos dónde queda, empiezan a surgir las dudas. Está ubicado en Felcsút, un pueblo de apenas 1.500 habitantes.

¿Y por qué hacer un estadio ahí? Pues fue la localidad donde se crío el polémico Viktor Orbán, el primer ministro de Hungría, un notable ultraderechista, homófobo  y megalómano.

Aunque es considerado como uno de los estadios más bonitos del mundo, el Pancho Arena nunca ha registrado un lleno hasta la fecha, y los partidos que el modesto Felcsut  y posteriormente la Puskas Akademia (en primera división, hoy segundo de la liga) disputa en este coliseo con categoría internacional no suelen estar muy concurridos, a pesar de que cada fin de semana se fletan autobuses gratuitos desde seis pueblos cercanos. Orbán, que fue jugador de fútbol semiprofesional y que llegó a aparecer en el videojuego “Football Manager”, cultiva una pasión por este deporte que le lleva a ver, cuando puede, hasta seis partidos al día por televisión, según publicó ‘The Guardian’.

Hasta la entrada principal es surreal

Futbolista frustrado

Orbán, fue delantero del Felcsut durante su juventud, pero ni él llegó a categorías profesionales ni el hoy mandatario llegó a ser futbolista de élite.

Cuando el anterior alcalde de Felcsut se opuso a la construcción del Pancho, una inspección fiscal sorpresa le hizo dimitir y dejar paso a István Mészáros, que no solo aceptó ceder terrenos para el estadio sino que además se convirtió en presidente del club y de la Puskas Akademia, manejando muchos millones de euros.

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El costo del estadio fue valorado en 15 millones de euros, y tuvo muchas protestas alrededor en 2014, momento de su inauguración,  porque se estaba invirtiendo más en deporte que en hospitales o escuelas. Los opositores manifestantes fueron brutalmente reprimidos.

Hoy, como se dijo, al estadio no le va mucha gente, salvo cuando la selección húngara asoma sus narices. Sin embargo, el faraónico Orbán está muy feliz con su juguete futbolístico.