Apurados por llegar a tiempo al estadio, se estresan. Saben que falta poco para que comience el partido y no quieren perderse el primer gol, el famoso primer gol. Y es que su equipo ha cobrado relevancia en las últimas jornadas del campeonato debido a que suele anotar antes de que se cumpla el minuto de juego. Por si eso no fuera suficiente, el equipo también se ha distinguido por anotar un minuto antes del silbatazo final; dos goles seguros. Si logra marcar uno más ya es ganancia, pero los dos goles son marca registrada.

Hay quienes dicen que es cuestión de suerte, que así es el futbol. Algunos consideran que se trata de táctica y estrategia perfectamente diseñadas. De igual forma están aquellos que creen en la intromisión de una poderosa mano negra para que eso ocurra. Los que apelan a la suerte se basan en que no siempre consigue la victoria, y los que apelan a mano negra es porque siempre gana el volado para quedarse con el saque inicial.

-Otra vez llegaremos tarde por tu culpa.

-A mí no me culpes. Yo te dije que nos fuéramos por el otro lado y mira cuánto pinche coche.

-Daba lo mismo, el tránsito es igual en todos lados.

-Van tres partidos que no vemos el primer gol. ¡Tres!

Mientras ellos continúan con la discusión e intercambio de culpas, permítame contarlo, usted y yo sabemos que no llegarán al primer gol. A la par de un ligero choque que desencadenará en golpes con otros conductores, nosotros tendremos la certeza de que fue anotado al segundo 35. El saque inicial derivó en siete toques; uno de ellos el centro al área para el cabezazo que perforó la red.

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Tampoco sabrán el marcador final debido a que estarán ocupados en el ministerio público rindiendo declaración. Aparte no les interesará del todo el resultado, pues su obsesión es el primer gol.

-Muévete, ¡carajo!

-No, definitivamente no vamos a llegar.

-¡Tres partidos! ¡Tres! Muévete, chingada madre.

¿Lo ven? (¿lo leen?). Siguen alterados, ya falta nada para la riña. Como usted y yo sabemos lo que viene, dejémoslos con sus broncas. Bien pudieron buscar otras opciones para no padecer el infortunio, por ejemplo viajar en transporte público, salir una hora antes o verlo por televisión.

A diferencia de ellos, usted y yo, salvo que opine lo contrario, no somos aficionados a su equipo. Imagínese lo apático que debe ser un primer gol asegurado, un primer gol ya escrito y condicionado a un tiempo ya establecido.

Ellos sufren porque cae el primer gol y no lo ven. Nosotros porque en ocasiones no llega, pero lo aguardamos con la ilusión de la pasión que nos mueve, con la ilusión sostenida en aquella primera vez que esperamos y gritamos uno.

-No, ya estuvo que no llegamos. Vamos a partirle su madre…