TERCERA AMARILLA | Salve Rey Panenka
TERCERA AMARILLA | Larga vida al pequeño

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«Los prodigios inútiles son fantásticos».- Juan Villoro

Bendigo el primer contacto que tuve con el fútbol, que si mal no recuerdo fue una invitación de mi padre a ver un partido del Audax Italiano en el Municipal de La Florida. Sin embargo, reprocho la forma en que la redonda me lleva al clímax.

Pertenezco a esa minoría vista como «bichos raros» por el futbolero normal y la culpa creo que la tiene Otto Rehhagel. Inmune a las hazañas históricas dentro del campo, jamás he gritado por Messi, Cristiano, la España del triplete, el Niupi, los petrodólares, el Lyon heptacampeón y demás monopolios futbolísticos. Quizá por eso uno de mis videojuegos favoritos sea Shadow of the Colossus. [Adelántenle al 5:00 para que empiecen a ver la sensualidad de este juego de antaño]

¿Es normal disfrutar tanto un prodigio inútil? Ni Maris Verpakovskis le dio una pizca de ilusión a Letonia para clasificar a los cuartos de final en Portugal 2004 como tampoco el caño a Yepes hizo de Riquelme el semidiós xeneize sucesor de Maradona. Esos «bichos raros», disfrutamos a Özil cuando jugaba a la sombra de Frings y Pizarro, a Robben en el PSV, a Yaya Touré en el Mónaco y a Ronaldinho en el PSG porque en el momento que pasaban al lado de la mayoría, la chispa de la inquietud y admiración terca, desaparece.

Esa es la verdadera hazaña en el rectángulo. Lo impensable y espontáneo. El Liverpool de Estambul y el Correcaminos del Chelís. La Grecia del 2004 y la Grecia del 2012. El gol de chilena y el caño. Es la búsqueda de un placer pasajero y puntual, como buen animal, sin pensar en algo constante sólo con la esperanza de que vendrá otro placer semejante a la brevedad.

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Pero soy sincero, aquel placer no sería lo mismo de no convivir con la contraparte: el fútbol de mierda. Emulando al antagonista de la película, no podemos vivir sin nuestro némesis en cambio él sí. Necesitamos al Barcelona, al Real Madrid, a Falcao, a los dramas del Chicharito, a Messi y sus récords, a Cristiano y sus peinados, porque ese es el fútbol de mierda que nos hace ver que sobre la mayoría y lo obvio, hay una chispa irrelevante pero única que genera más placer, inexplicable pero satisfactoria.

Haz campeón a Newell’s, mete la mano en el Soccer City para evitar un gol al ‘120, tira un caño en la mitad de la cancha o gana un trofeo cuando nadie lo piense posible y verás todo lo comentado anteriormente. Porque de lo contrario, la seguridad de que los «Visca Barça» postrijkaard, «Echte Liebe BVB» postklopp y «YNWA!» postbenítez no encuentren el amor al fútbol genuino e inocente, será tan grande como que la BBC jamás hará un documental sobre «El Día que Irlanda marcó después de dar 25 toques».

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