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Una de las primeras cosas que aprendí en el ámbito de la lingüística, en el que de cierto me muevo con cautela, es que los medios de comunicación, gracias a su penetración y alcance, actúan como modelo de formas del habla, imponiéndolas a medida en que se vuelven repetitivas y familiares; por lo tanto, el nivel lingüístico exhibido determinará la calidad de su influencia. Así, no es difícil inferir qué tipo de expresión la costumbre arraigará si constantemente se acude a programas como los que la televisión pública designa para sus horarios matutinos, o los talk shows que tarde a tarde lucran con gente del nivel más raso social y educativo. El habla de un infante que activa o pasivamente recibe esta influencia se verá reducida en sus posibilidades, no digamos ya la del espectador voluntario.

Menciono esto tras una noche en vela, en parte por mi reciente paternidad, en parte culpa de Oswaldo Sánchez, a quien tras el partido de la Selección contra Trinidad y Tobago le escuché decir que Jiménez o algún otro jugador “no recepcionó como debía”. Ahí se prendieron las alarmas. “Recepcionó”, reflexioné, vendría a ser la conjugación en tercera persona del pretérito perfecto del verbo “recepcionar”. Yo recepcioné, tú recepcionaste, él recepcionó. Sin duda, me dije, el nivel lingüístico de Oswaldo Sánchez es el de un hablante medio y para abajo, y lo que debió decir fue “no recibió como debía”, pues el verbo “recepcionar” no existe, es una deformación innecesaria del verbo “recibir”. Esto no es lo criticable, lo es el que se nos imponga como modelo por el hecho de tener un alcance de nivel nacional, lo es que quien ahí lo puso no se haya preocupado por proveerle una capacitación básica en terrenos de expresión verbal necesarios para su nuevo trabajo lejos de los tres palos; quizá Javier Alarcón no es capaz de entrever la influencia que él y su grupo tienen en los miles de espectadores que los siguen. Me resulta increíble que el área de deportes de Televisa, en cuyo equipo se encuentra alguien de la altura de Francisco Javier González, opte por un tipo, de cuyo nombre no quiero acordarme, que queriéndose hacer el gracioso dice cosas como “me paro de pie”. A la luz de lo anterior dicho, lo que de inicio parece una mera tontería se convierte en una bufonada de mal gusto y consecuencias funestas. Pero claro, exhibir y casi presumir la ignorancia no resulta difícil en un país con un presidente ignorante.

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Con tristeza debo admitir que el caso de Jorge Campos no está muy lejos y que tampoco esta situación es exclusiva de Televisa. Un ejemplo de ello es ciertas palabrejas que le da por decir a Luis García que, si bien no podemos tachar de incorrectas, sí calificar de exageradas y sobrepuestas en busca de un fingido prestigio lingüístico como decir que un jugador está muy “eléctrico”… Y por ahí sigue la lista. Con lo anterior no pretendo erigirme como dueño de una verdad ni mucho menos en un censor, pero nuestro idioma bien hablado es tan vasto, con tantas posibilidades. Lo sabe quien ha leído a García Márquez o a Alfonso Reyes. Y también quien ha escuchado a José Ramón Fernández, que de memoria recita a García Lorca. El tesoro de nuestra lengua nos es propiedad de unos cuantos.

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Quizá debiera colocar un anexo al final de mi texto quincenal en que se pueda exhibir a quienes tanto afean la buena lengua nuestra usando como medio el deporte que con tanta pasión seguimos. Quizá…

Hasta donde me quedé, en el mundo nos contábamos 500 millones de hispanohablantes y un tanto más. Esto es 500 millones de personas con que nos podemos contar la soledad, el amor, la alegría, la nada cotidiana. Por supuesto que cada región tiene sus características, pero la norma estándar del español, que todos debiéramos ser capaces de hablar y aun lo hacemos inconscientemente, es el vínculo que nos hermana. En fin…

 Simón Bolívar resumía en una hermosa frase todo su pensamiento: “para nosotros la patria es América”. Solo en el aprendizaje óptimo de nuestro idioma empezaremos a ser dueños cabales de nuestro destino, me dijo alguna vez el poeta Rubén Bonifaz Nuño. Bonifaz Nuño escribió una serie de poemas en honor de Bolívar. Si yo les juntara y lo que de ellos acabo de mencionar, bien podría resumir a 500 millones de personas y un tanto más, que precisamos una educación loable de la lengua que mamamos, en otra frase: “para nosotros la patria es la lengua”.

Vale