Son duros los momentos que vive Venezuela. Un país ahogado por la hiperinflación y una severa crisis política, ha mermado su calidad de vida con recientes apagones nacionales que repercuten en la distribución del agua y alimentos.

No se puede creer que en pleno siglo XXI existan ciudades que solo tengan cuatro horas de electricidad al día y que un país entero haya quedado sin energía por 24 horas consecutivas. La crisis eléctrica derivó en catastróficas cifras de afectados, incluyendo fallecidos por falta de atención médica en los ya precarios y colapsados centros hospitalarios que no tenían manera de paliar el blackout.

Cada día es más caótico vivir en un país con una inflación calculada a 10 millones por ciento anual. Cifra astronómica que solo se puede traducir en hambre y sufrimiento.

Y el fútbol, lamentablemente se ve salpicado. Eso sí, se ha evitado al extremo suspender la actividad porque, para muchos dueños de equipos vinculados a la dictadura de Nicolás Maduro el show debe continuar. Sí o sí.

Los venezolanos padecen mucho en el día a día

Antes del estallido de la crisis eléctrica, los equipos, al igual que el país experimentaban un éxodo en desbandada. Un juvenil pudiera cobrar 85 dólares mensuales y algún jugador con experiencia promedio, con algo de suerte, 500 dólares. En países normales, no alcanza para vivir dignamente y mucho menos, tener una vida de “rockstar”, a la cual suele estar asociada la figura del futbolista.

En las canteras, no son pocos los cuadros que han visto partir a jóvenes promesas a otros países, para terminar, por necesidad, desempeñando otros oficios. Aunque algunos viven en alguna burbuja por las características de los clubes, el tema alimentario para el seno familiar se hace cuesta arriba por lo difícil de hallar y pagar la comida. Tampoco es extraño ver a futbolistas consagrados partir a ligas de menor monta, como República Dominicana, donde al garantizarle un sueldo de 1000 o 1500 dólares, ya dan un salto de calidad de vida importante.

Año fatídico

Arrancando 2019, no son pocos los equipos que arrastran deudas con sus jugadores. Hay clubes que están muy mal estructurados y no se explica cómo forman de una categoría profesional. Por ejemplo, en marzo, el DT de Trujillanos, Nabor Gavidia, denunció que no habían cobrado sueldo en todo el año y lo peor, es que tenía a un jugador lesionado del cual no se sabía el alcance de la molestia.

La razón: el club decía no tener dinero para pagar una resonancia magnética. Tampoco pudo pagar hospitalización a un futbolista con hepatitis, así que le mandó a su casa “hasta que se recupera”. Por último, Gavidia también denunció que en la cena antes de un partido, ocho futbolistas fueron baja por intoxicación al consumir alimentos en muy mala calidad.

El resultado: Trujillanos despidió a Gavidia. Este equipo, de la ciudad de Valera está fuertemente vinculado al gobierno regional que es adepto al madurismo.

No solo este equipo se ha visto afectado en cuanto a concentraciones pre-partido. Varios equipos optan por no hacerlo y otros tanto, omiten algunos elementos importantes de la alimentación.

En los desplazamientos, al verse disminuida la oferta de vuelos, los viajes son por las peligrosas carreteras venezolanas, que ofrecen dos principales peligros: Las vías, repletas de huecos y baches, y la delincuencia.

En los últimos años, al menos cinco buses de equipos han sido atacados por bandas armadas para ser despojados de sus pertenencias. El descaro en la ausencia policial es tal, que en grandes arterias viales nacionales, los pillos atraviesan troncos para luego, pistola en mano, vaciar las unidades de transporte.

Lee también   2 años de la muerte de Tito Vilanova

 

El grupo de Trujillanos luego de ser despojado de sus pertenencias en la vía

 

El fútbol, al no ser el deporte más popular en Venezuela, no genera dividendos en cuanto a ingresos publicitarios. La mayoría de los equipos, al estar vinculados a gobernaciones o empresarios chavistas, tienen cierto margen de maniobra, pero pocos ven el retorno de inversión. Caracas FC puede ser una honrosa excepción, ya que con publicidad, venta de jugadores y participaciones internacionales, tiene una economía sana. Pero no muchos más.

Esto es un tema grave, pues en lo mercadotécnico, al padecer una gran crisis económica, la gente se lo piensa mucho para ir al estadio. Para muchas familias es comer o ver a su equipo. Y las gradas se han vuelto desérticas, a pesar que el precio de las entradas ronda entre 1 y 2 dólares a nivel nacional . A esto, sumar la falta de transporte público. Venezuela se ha convertido en un cementerio de buses por falta de repuestos. O lo inaccesible de los mismos para un ciudadano común.

Aparte, otro tema que es importante para los ingresos de los equipos (en países normales) son los derechos de televisión. La internacional Gol TV, dueña de los derechos televisivos tiene una fuerte deuda con los clubes, y eso que solo se remite a 150.000 dólares por temporada por institución. Tampoco ha honrado deudas con la productora que levanta la señal en Venezuela y a la fecha, se cuentan ocho jornadas sin transmisión de juegos en directo. Algunos equipos han resuelto transmitir sus juegos vía You Tube, pero sin llegar al nivel de una emisión profesional de TV.

 

Y la luz se perdió

Y llegó el caos eléctrico. Esto potenció las carencias y dañó gravemente el espectáculo. Ya la cosa trascendió a nivel internacional. Por ejemplo, Lara tuvo problemas en sus tres primeros juegos de Copa Libertadores: en dos de local, se fue la electricidad y en el que debía visitar a Cruzeiro, no pudo salir su vuelo y hubo que reprogramar la fecha.

El Lara-Emelec tuvo que jugarse al día siguiente de lo pautado en la mañana para aprovechar la luz solar

A Caracas como visitante le ha tocado otros casos icónicos de esta crisis. Hace una semana, no encontró electricidad en el camerino del Anzoátegui, así que los jugadores debieron cambiarse a oscuras y el local no tuvo mejor idea que colocar baldes de agua para que los futbolistas se bañaran luego del partido.

Le dio la vuelta al mundo como protestaron simbólicamente Zulia y Caracas, en el primer “mega apagón”. En Maracaibo, sede del primero, se sumaban 65 horas sin electricidad y no había hielo ni como atender ciertos parámetros profesionales. Los futbolistas se pararon en la cancha y dejaron que transcurriera el tiempo. Hoy, es 0-0 que la Federación investiga y se plantean sanciones para ambos equipos.

Zulia y Caracas cumplieron con estar de pie en el Pachencho Romero durante los 90 minutos

Por esos también fue curioso que el Trujillanos-Estudiantes de Mérida se desconociera el resultado hasta tres días después, debido que no había ni señal de celular. Como si fuera fútbol del siglo XIX.

En fin, el show debe continuar, a pesar de todo.

 

En una próxima entrega, hablaremos de la crisis venezolana y sus selecciones nacionales.