La Copa América está a la vuelta de la esquina. Una copa llena de colorido y en la que no sólo nos une el futbol, además nos une a casi todos una misma lengua. La lengua en la que Gabriel García Márquez escribió una prosa que nunca jamás, por los siglos de los siglos, habría de volver a repetirse.

Como el futbol es un fenómeno social, no está exento a ninguna característica de la sociedad, por lo tanto, el mismo lenguaje se nutre del futbol. Ahora analizaremos la forma en el que se nutren y complementan futbol y lengua. Presentamos “El futbolario”, dónde hablaremos de palabras futboleras, cómo surgen, cual es su moticvación. Y quizá algún día sigamos creando palabras. Que lo disfruten.

futbolario

¿Se dice hinchada o barra? ¿Por qué unos los llaman botines, otros tacos y otros tachones? ¿Cuál es la diferencia entre camiseta y franela? ¿Se han preguntado por qué palabras tan diferentes se relacionan? El mundo del futbol está lleno de palabras y definiciones para cada cosa. En una lengua tan hablada y esparcida como el español es común ver infinidad de expresiones para referirnos a la misma cosa o evento. Y no es que en la Ciudad de México se hable otro idioma que en Buenos Aires, sólo se habla otro dialecto.

Es un error bastante común considerar dialecto a una lengua no oficial que se habla por minorías en algún país, como podría ser el uso del náhuatl o el otomí en México, o el uso del quéchua en Perú. Pero eso es una completa mentira.

Un dialecto es una forma específica de hablar el mismo idioma en una región y cultura específica, cada dialecto tiene sus propias palabras, sus propias entonaciones, sus propios sonidos, palabras y contextos. Para que se den una idea, sólo piensen en un chileno hablando, un argentino hablando, un mexicano hablando y un cubano hablando. Notarán que todos tienen diferentes formas de hacerlo, cada uno con sus propios fonemas (sonidos), morfemas (palabras) y sememas (contexto). Esos son dialectos (dialecto mexicano, dialecto argentino, etcétera), y existen en casi cualquier lengua viva.

Las disciplinas que se encargan de este interesante fenómeno son la dialectología y la geografía lingüística, esta última se encarga de la investigación territorial y la elaboración de Atlas Lingüísticos, mientras que la primera estudia el por qué de los cambios tan radicales de una misma lengua. Estudia el motivo de las variaciones lingüísticas.

La principal motivación para la variación entre dialectos es la Polisemia. Este fenómeno ocurre cuando a una palabra se le da algún otro significado aparte del que ya tiene, lo que le da ahora dos o más significados que pueden o no tener relación entre sí (un ejemplo es la palabra “madre” y todas las cosas que representa). Esto se da por que la lengua es una convención social, y la sociedad está en permanente cambio. Como lo dijo Edward Sapir: Toda palabra, todo elemento gramatical, toda locución, todo sonido y acento es una configuración lentamente cambiante, moldeada por el curso invisible e impersonal que es la vida de la lengua.”

Una de las fuentes de la polisemia (son cuatro principales internas del lenguaje, sin meter la influencia de lenguas extranjeras) es el lenguaje figurado, a través de metáforas, metonimias y comparaciones.

Para efectos de esta columna pensemos en palabras que significan una cosa en el uso corriente, pero que la sociedad futbolera de ciertos países significa algo completamente diferente.

Uno de los ejemplos más claros y conocidos es el de la palabra “hincha”, la cual, sin dejar de ser la conjugación en tercera persona  singular del presente subjuntivo de hinchar, se refiere a un hombre que apoya a su equipo. Esta palabra surgió gracias a Miguel Reyes, Talabartero uruguayo, quien era el que inflaba (hinchaba) los balones durante los partidos del Nacional. A las personas que trabajaban en lo mismo que Miguel, mediante una metonimia básica (nombrar el todo por la parte), se les daba el nombre de “hinchas”. Su pasión por el equipo capitalino era tan obvia, desmesurada y contagiosa, que hizo que hinchar dejara de ser inflar balones y se convirtiera en lo que hacía Miguel para apoyar al equipo. El hincha dejó de ser un utilero con una buena bomba de aire para convertirse en un aguerrido seguidor del equipo que entrega la vida por él. Una palabra con tres significados, dos otorgados por el futbol.

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La palabra “Pijama” también sufre de una polisemia cuando vamos a Paraguay y hablamos con aficionados del Olimpia. La palabra que sirve para hablar de una prenda que usamos al dormir también sirve para referirse a todos los demás equipos de la Liga paraguaya, en especial el Cerro Porteño. Una Pijama se usa en casa, y si sales de casa con ella haces el ridículo. Una comparación con el futbol paraguayo es todo aquel equipo que al salir de esta tierra hace el ridículo. Olimpia es el único equipo paraguayo que ha ganado algún torneo oficial de Conmebol incluso hasta el año pasado eran los únicos que habían llegado a la final de Libertadores en todo el país. Es fácil deducir que todos los equipos paraguayos que no son el Olimpia hacen el ridículo fuera de casa. Equipos Pijama, bonita manera de reírse de los rivales, sobre todo de Cerro Porteño, que ni a final de Sudamericana puede llegar.

En Venezuela existe el término “Pasteleros” y no sólo para los reposteros, también aplica para los Villamelones. ¿Cómo es esto posible? Fácil, se hace una metonimia y una comparación. La metonimia es nombrar pastelero a alguien que va de fiesta en fiesta comiéndose algo de pastel, lo nombramos por lo que come, que es pastel. Ahora comparamos a esta persona, que se dedica a saltar de casa en casa buscando saborear sólo lo dulce nunca lo amargo, alguien que salta de un lado al otro en busca de placer rápido y efímero como el que da un pastel que no es tuyo. Un Villamelón es alguien que salta de equipo en equipo quedándose siempre con el que está ganando, siempre con los campeonatos y momentos dulces, nunca en los amargos. Un vil “pastelero” más.

A todo esto, ¿Se habían preguntado de donde viene la palabra Villamelón? Pues es una construcción española (que no responde a una polisemia, es un neologismo) de hace más de 100 años. Resulta que en España le comenzaron a decir melones a los tontos, a los que no se enteran de nada, y entonces de repente se les ocurrió pensar qué pasaría si los juntaras a todos es una villa, pues sería una villa que no se entere de nada y tendría que tener por nombre Villamelón. Entonces, cuando alguien externaba opiniones de poca sapiencia, que dejaban en claro que no sabía del tema, de inmediato se decía: “Este viene de Villamelón”.

El primer léxico especializado en aceptar esta palabra fue el de la tauromaquia, donde una revista especializada, llamada “La Lidia” dedicó un artículo, escrito por D. Jerónimo, a ciertos aficionados que no sabían apreciar el arte del toreo y gritaban “Ole” cuando no era, aplaudían a los picadores hasta cuando no picaban y se aburrían ante bellezas como la porta gayola.

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Esta acepción fue muy bien recibida en México, país lejano a los pasteles venezolanos y cercano más que ninguno a la Patria española, aceptamos que Villamelón era el residente del pueblo homónimo y desde ahí llamamos así a cualquiera que no sepa del deporte, o que se pase de barco a barco, porque, podrá saber de deporte, pero entonces no sabe de arraigo y amor al club… y eso es peor.

Los invitamos a dejarnos las expresiones que conozcan o que deseen conocer y nos vemos pronto. Agradezco al usuario Wally y a Gabriel Pinto por el apoyo brindado.

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