El deber, siempre el deber. En la cancha y en cualquier trabajo, siempre abordan los dilemas éticos y solo los grandes hombres dejan de lado sentimentalismos y hacen honor a lo correcto.

Ayer, en Venezuela, Giancarlo Maldonado tuvo posiblemente el momento más amargo de su carrera. Con una potente diana, eliminó al equipo de su padre, Carlos Maldonado de la liguilla del Torneo Apertura 2019 de la Liga Futve vinotinto.

Se cuenta rápido, pero tiene un trasfondo que le da tintes narrativos interesantes. Maldonado, recordado por su paso por Atlante  (con quien ganó el Apertura 2007 y la Concachampions del 2009), hoy continúa su carrera en su querido Deportivo Táchira. El “Bota de Oro” de América, que compartió la distinción de “Don Balón” en 2007 con Martín Palermo al marcar 26 goles en el año, aún a sus 36 años, sigue sacudiendo redes.

Giancarlo, cargando el trofeo del Apertura 07, en uno de sus momentos felices con el Atlante

El contexto es el siguiente: Táchira, uno de los grandes de Venezuela, necesitaba triunfar en la cancha de Academia Puerto Cabello, que también buscaba la clasificación. El conjunto aurinegro, que estaba dentro del grupo de ocho (de 20) que avanzan a los play offs, debía ganar en la costa venezolana pues otro resultado le dejaba expuesto en la tabla. Academia, décimo, si ganaba, se metía el grupo de los clasificados.

El equipo porteño, con la llegada de Carlos Maldonado en febrero, padre de “El Capo” e ídolo del Táchira (al punto que tiene una estatua en San Cristóbal, sede del aurinegro) abandonó los últimos puestos de la tabla y evolucionó positivamente al extremo de dejar de ser un equipo que peleaba por no descender a un rival serio para los play offs. Apenas pisó “La Bombonerita”, se puso fin a una racha de 13 juegos sin ganar.

Carlos Maldonado, uno de los técnicos más ganadores de Venezuela

Y de hecho, Academia empezó venciendo el duelo contra los atigrados con un gol de Ronaldo Chacón, también ex Táchira. Antes de acabar el primer tiempo, empató para la visita Carlos Cermeño y de nuevo, Chacón, subió el triunfo parcial en el marcador.

En el complemento, no cambió mucho la tónica. Todo apuntaba para otra vergüenza de los andinos, que en los últimos cuatro torneos cortos, en tres no se clasificó a la liguilla. Pero, Giancarlo, que venía saliendo de una terrible lesión que le apartó casi todo el semestre, ingresó para ver si podía inflar las redes.

Cuando acababa todo, apareció “El Capo”, el mismo definidor letal de “Los Potros de Hierro”. Desde fuera del área, sacó un remate violento que se coló en las redes. Empate a dos y esperanza para Táchira en el 90+2, cuando faltaban tres minutos de los cinco que agregó el juez.


Pero no celebró. Rompió a llorar. E incluso, se descolocó. De alguna manera no podía dejar de pensar en su padre, que el año pasado estuvo alejado del banquillo para tratarse del cáncer de piel. Que apenas superó sus males, no dudó en aceptar una oferta que lo devolviera al fútbol. Que regresó a Venezuela, país que ama con locura aún con la grave crisis social y económica que se vive, para levantar a un equipo de la nada y que un misilazo suyo derrumbaba los cimientos de un cuento que podía ser épico, del equipo humilde que se coló entre los grandes.

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El deber llamaba. Táchira debía ganar y ese gol debía encaminar una remontada exprés, que no llegó. El empate dejaba expuesto al “aurinegro” y en las otras plazas se daban los resultados que no meterían a los andinos a la liguilla. Celebraban en Maracaibo, con el Zulia que avanzó. En Barinas, con su Zamora. Y la gente de Atlético Venezuela, que es un alma errante entre Caracas y Puerto La Cruz. Pero en Puerto Cabello, nadie.

El llanto de Gian se agudizó. Su gol no le sirvió a su equipo para clasificar y eliminó el avance del equipo de su padre. Sin dotes de adivino, debía disparar a gol y ayudar a su equipo. No existió una fórmula salvadora.

La imagen televisiva que recorrió al país

Simplemente practicó con su deber, con el honor del futbolista. Gian y su padre han celebrado juntos, no solo con Táchira, también con otros equipos, como los extintos Unión Atlético Maracaibo o Nacional de Táchira, en los que ganaron ligas. Hoy estuvieron en aceras distintas. Y ninguno ganó.

Maldonado padre no pudo hablar con su hijo después del juego. Se fue desconsolado a su camerino y luego al bus. Pero sí dejó algo claro a los medios: “Me siento más que nunca orgulloso del hijo que tengo. En un país donde se perdieron los valores, Giancarlo demostró lealtad hacia los colores que representa y respeto al fútbol. Nuestro apellido quedó en alto”.

Padre e hijo, llorando pero de alegría en uno de los títulos que compartieron en el pasado