Goles fantasmas, amistades y el VAR

Hay caminos en la vida que sorprenden. De personas que pudieron estar enemistadas, o simplemente alejadas por situaciones cargadas de rivalidad, que demostraron poder ser amigos y dar ejemplos a toda la humanidad.

Geoffrey Hurst y Hans Tilkowski, podrían ser perfectamente personas enemistadas. Pero, el lunes de esta semana, el primero lloró de dolor por el fallecimiento del segundo.

Tilkowski fue una leyena del fútbol alemán, con un gran recorrido en el fútbol continental con un Borussia Dortmund inolvidable de los 60. Sin embargo, la historia lo recuerda como el portero que recibió el gol fantasma de la final del Mundial de 1966.

La vida también ha sido injusta con el histórico delantero Hurst, quien en esa final marcó un Hat Trick, pero se le recuerda por ser el autor del disparo que se estrelló en el travesaño y cayó unos quince centímetros delante de la línea. El que mira los hechos de lejos, etiqueta a “Geoff” como un tramposo.

Los vídeos dejan testimonio de la consulta del árbitro principal, el suizo Gottfried Dienst  al juez de línea, Tofiq Behramov. Y el banderilla soviético (originario de Azerbayán) dijo con histriónico enfásis que sí, que la bola era gol.

En un hecho tan polémico, pues tras ir 2-2 en toda la final, ese gol fantasma cayó para desempatar en la prórroga al 101 (luego marcó uno más al 120 para el 4-2 definitivo) un final con mucho morbo, pues Alemania e Inglaterra, dos décadas después, aún tenían a piel viva los resquemores de la Segunda Guerra Mundial.

El destino los había cruzado sin querer meses antes: en mayo, en las Semifinales de la Recopa de 1966, West Ham quedó eliminado por el Borussia Dortmund. Hurst no pudo marcarle ningún gol a Tilkowski y los alemanes se proclamaron campeones luego de ganar en la final al Liverpool.

En 2011, tanto Geoff como Hans le hicieron un homenaje postumo al línea Bahramov en su natal Bakú (Azerbayán)

Fueron días especiales para Tilkowski, pues camino al Mundial se lució en un amistoso ante el Brasil de Pelé y compañía en Río de Janeiro, haciendo muchas atrapadas espectaculares y dejando el arco el cero.

Y en el camino a la final, vio cara a cara a Lev Yashin, la famosa “Araña Negra” de la URSS y en el mismo careo de definición a Gordon Banks, leyenda de los palos ingleses.

Pero el destino quiso que la valla de Hans fuera batida sin serlo. Que subiera un gol injusto. Y un gol que muchos alemanes asumieron con drama. Menos él.

Siempre lo vio parte del juego. A pesar de coincidir en varios espacios con Hurst, el acercamiento llega porque, la multinacional McDonalds, en sus tantos programas de promoción de buenos valores los junto una y otra vez desde los años noventa. De hecho, Sir Hurst llegó a ser director general de proyectos de la hamburguesera en Reino Unido.

Como embajadores, se hartaron de las mismas preguntas siempre. Qué si el gol fue fantasma, que si no se odiaban… tantos lugares comunes que terminaron de hermanarlos.

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También influyó que Hurst siempre lo reconoció en público: ese balón no entró. De hecho, en su biografía publicada en 1996 (a propósito de los 30 años de la hazaña) dijo textualmente: “Cualquiera puede entender la frustración de los alemanes. Por décadas, han dicho que la pelota no cruzó la línea y posiblemente tengan razón Después de ver muchas repeticiones, a lo largo del tiempo he de admitir que creo que la pelota no entró“.

Antes de juntarse, en los 70 y los 80, siempre hacían declaraciones para bajar tensiones entre ingleses y alemanes por lo sucedido en aquel partido. Luego de estrechar su amistad, hasta se atrevieron en el año 2000, subastar el espacio del césped en Wembley donde rebotó aquella pelota para causas benéficas.

 

Los años no perdonan y ambos fueron envejeciendo. Siempre con buen humor a flor de piel. Tilkowski dijo a Bild luego de la publicación del libro de Hurst : “Mi amigo Geoff solo confirmó lo que siempre dije: su disparo rebotó en el travesaño y luego en la línea, pero no detrás de ella. Esto demuestra su gran deportividad. Espero que no lo ridiculicen en Inglaterra por eso. De lo contrario, ¡podría tener que buscar asilo en Alemania! No tengo problema de que se quede unos días en casa”.

El meta, cuando empezó a florecer el tema del VAR, era una voz obligada a consultar. Claro, si fue una de las mayores injusticias de la historia. Sin embargo, Tilkowski, valoró más todo lo que vino después de ese “gol fantasma”, la historia que generó y la amistad que se cosechó:

“Estoy en contra porque se perderá el atractivo del fútbol y las discusiones que se salen de él. ¿Quién seguirá hablando sobre una portería de palos, de madera como la de Wembley por el resto de los años?“.

Hace cuatro años de esa cita. El lunes 4 de enero, empezandito el año 2020, Hans colgó los guantes para siempre. Sabiendo de la cercanía, su familia se encargó de notificar a Geoff primero que a la mayoría de allegados.

“Muy triste de recibir una llamada muy temprano hoy para avisarme que el portero de Alemania del Mundial del 66, Hans Tilkowski, ha muerto. Excelente jugador para su club, Borussia Dortmund, y país y un hombre muy bueno, disfruté mucho el tiempo que pasamos juntos a lo largo de los años”

 

Fue lo que publicó Sir Hurst en Twitter. Una mitad de una de las anécdotas más importantes del fútbol se ha ido. Pero la amistad se hizo eterna.