Uno de los mas grandes ha dicho adiós a las canchas

Entre la titánica tarea de no perder la esperanza de apoyar al equipo que tantas tristezas me daba temporada tras temporada, y entre crecer a partir del Capi Ramirez Perales y Luis García Postigo, olvidé que el AC Milán de Arrigo Sacchi no era la única escuadra que irradiaba pasión del país de la bota hacia el resto del mundo. Recuerdo como si fuera ayer, cual preparatoriano somnoliento pero preparado para ver los partidos del mundial del lejano oriente a horas inaporopiadas para los americanos, como saliste a la cancha para comandar aquella legión hacia la conquista del imperio azteca, los nuestros.

Ahí estabas portando el número 10 de la playera más hermosa en la historia del futbol. Gallardo, con técnica inmejorable, haciendo las funciones de mariscal de campo en un equipo que ya tenía el soporte de un toro (Vieri) y de Paolo y Gianluigi en la retaguardia. A partir de ahí, y tal vez por una mezcla de desinterés y de poca exposición del futbol italiano en la provincia mexicana descubri que Roma no se hizo en un día, de hecho llevaba muchos años con un Gladiador comandando su destino.

Ya no había pretexto para dejar en el olvido al capitán del equipo granate de la capital italiana. La capital del mundo para los antiguos romanos se había convertido en epicentro de la monogamia futbolística que pensé que existía solo en un par de ejemplos más, ya que recientemente había visto con rabia como Braulio Luna pasaba a ser parte del América y como inexplicablemente Ramon Ramírez había dejado Guadalajara para mudarse a la Ciudad de México. Ni hablemos del rompimiento con los catalanes que tuvo Luis Figo.

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Tu siempre fuiste fiel al equipo licántropo, aquel que cargaste en las buenas y en las malas haciéndolo ganador y mordiendo el polvo en muchas más ocasiones, amando tu lugar de nacimiento y alimentando de ilusión tal cual aquella loba lo hizo con Rómulo y Remo a media ciudad, pero al mismo tiempo haciendo que la otra mitad que viste azul celeste te respetara de una forma asombrosa.

Los estetas Roberto, Alessandro y Andrea ya guardan tu lugar al lado de Júpiter que estará muy bien resguardado por toda la defensa italiana de la que fuiste el fiel de la balanza durante generaciones. Lo tienes todo, Francesco, incluyendo una Copa del Mundo y lo lograste solamente saliendo de tu nicho para vestir de azzurro en el país donde cada equipo tiene un nombre especial. Es imposible nombrar a la Loba sin antes poner el apellido Totti de por medio. Gracias Francesco por hacer que un adolescente que jugaba mal al futbol dejara de festejar un instante el gol de Borgetti solo para saber quién era aquel 10 italiano, aquel que osaba retar con audacia a los feudos de Lombardía y Piamonte. Aquella madrugada los centuriones que comandaste no pudieron contra los caballeros águila y jaguar que se presentaron valientes en el lejano oriente, pero gracias a eso muchos pudimos voltear hacia la ciudad de las Siete Colinas. Valió la pena.