Tercera Amarilla | El drama del Málaga y Al Thani

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Nunca he tenido la oportunidad de ir a Europa por diversos motivos. Cuando he tenido disponibilidad, no tengo dinero, y cuando poseo el billete para pagar el méndigo avión (pocas veces), me encuentro envuelto en proyectos aquí en México que me resultan más interesantes que visitar el viejo continente. Sin embargo, dentro de la recopilación de experiencias vividas de gente que conozco y ha ido o vivido allá, muchas convergen en un mismo punto: «Todos quieren ir a Europa, todos lo encuentran bonito, todo es nuevo, todas las mujeres y la comida son una maravilla pero… cuando tienes que pagar tus gastos, ya no es tan bonito. Con lo que en Europa sobrevives, en el plano local vives como Rey».

Luego, pienso en el Málaga CF.

La curva de Gauss es una herramienta tan útil y versátil que cuando logras entenderla a la perfección (algo que hasta un futbolista podría comprender), la relacionas con todo lo que sucede en tu alrededor, desde el proceso en el que defecas hasta tus proyectos de vida. Aplicado al club andaluz, el panorama es claro y no es mi intención mostrarles el qué sino el cómo sucedió esto: Fernando Sanz inicia, Al Thani catapulta el éxito posteriormente sólo para que él mismo vuelva a caer como Busquets en un superclásico.

Pregunta: ¿Cómo pasas de tener un presupuesto promedio de €1.500.000 cuyos fichajes bombas tienen nombres como Paulo César Wanchope, Diego Alonso (En Pumas, este fichaje fue TOP en sus mejores épocas), Albert Luque y Salva Ballesta a despilfarrar más de €80 palos en jugadores de clase mundial en tan sólo dos temporadas?

Respuesta: Mezclas a Carlos Slim, Steve Jobs y Mario Balotelli y… voilà! Aparece un silencioso, reservado y bebedor de agua mineral sin gas llamado Abdullah Bin Nasser Al Thani (y pensaban que por decir bien «Blaszczykowski» o «Papasthatopoulos» ya eran bien riatas) soltando billete en efectivo para comprar un club que hasta entonces había tenido más nombres que Rubén Albarrán cuyos logros más grandes fueron unos cuartos de final en una Copa UEFA, una -envidiable- Intertoto y el galardón más codiciado en España después de la Copa del Rey y la Liga: un trofeo Zamora.

¿Y qué hizo la gente del club? Pues lo mismo que hicieron todos ustedes cuando esperaban a Santa Claus el 24 en la noche.

Al Thani llegó, pagó sueldos y primas atrasadas a jugadores, deudas internas y externas del club, remodeló el césped, la sala de prensa, la megafonía, el acceso a minusválidos, las instalaciones donde entrenaba el Málaga, pagó salarios al contado y todavía se dio el lujo de pedir a Jesualdo Ferreira y darle una patada en el culo iniciando la temporada para traer a otro entrenador barato, novato y tímido: Pellegrini. ¡Feliz Navidad Málaga! (y Año Nuevo, Reyes, Día del Niño, etc.).

Don Jeque tenía (y tiene) billete de sobra pero no era tonto (o al menos eso quiero creer, de verdad). Para él, el Málaga CF siempre fue una cortina de humo para su verdadera intención, una muy simple: que todo el mundo hablase de Málaga en lugar de Marbella. El club era una pantalla donde invertía mucho dinero, claro está pero… ¿cuánto es mucho? Al parecer esa subjetividad se aclaró cuando los ostentosos y exhuberantes €100.000.000 que le había metido a la institución andaluza quedaron sepultados ante los €400.000.000 que estaba destinando para la construcción de un nuevo puerto. Esto, sumado a la milagrosa permanencia que logró Pellegrini en la 2010-11, hicieron que todo el Málaga CF se sientese como trabajador en quincena: «Dale un tarjetazo, qué importa… ¡el dinero no se acaba!».

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Peor que una novia parásito, la directiva se codeó en términos financieros con la Crème de la crème en toda Europa. Fernando Hierro como ‘Manager General’, Santiago Cazorla como el fichaje más caro en la historia del club (€20M) dejando a Luque y su €1.7M en el baúl del Atlético Malagueño, y otros caprichos como los jovencitos Van Nistelrooy, Joaquín y Toulalan.

Lo que le siguió ya todos lo conocen: una histórica temporada con la clasificación a la élite europea por primera vez en la historia, ya saben, de esos milagros que sólo Pellegrini hace y que únicamente en el Real Madrid no lo distinguen (opinión totalmente neutral sin que mi patriotismo influya). El Málaga estaba tan contento porque iba a ir a EUROPA. Todo iba a ser bonito, todo nuevo, una maravilla, bla, bla, bla. Hasta que se sentaron en una mesa para ver cuanto billete iban a necesitar y sorpresa: Al Thani se desaparece, se lleva sus siete coches y 160 caballos, y les manda a decir a todos con su mano derecha, Abdullah Ghubn, que ya no hay varo y que pues… ni modo.

Leyendo un artículo sobre la vida interesante de este señor, me encuentro con la siguiente frase que los directivos del Málaga comentaron con la llegada del «Jeque», como ellos le llaman por cariño: «Estos señores son serios, no como los anteriores árabes que venían, hacían su desorden económico y cuando la cosa pintaba mal, agarraban sus maletas y se largaban de vuelta al Golfo Pérsico con su cara de ‘Aquí no ha pasado nada'». Jajaja, qué sorpresas te da la vida y como te calla en ciertos momentos de un bofetón.

Lo que vino después también nos calló la boca a la mayoría. Tras sueldos no pagados, la marcha de la columna vertebral (Hierro, Cazorla, Rondón) y el casi abandono de Pellegrini y Toulalan, el Málaga sacó su verdadera esencia, aquella distante de los euros, las cámaras y los lujos. Pellegrini ha dejado claro que lo económico no lo aleja del club sino que la responsabilidad económica con sus jugadores pero que en momentos como estos, el corazón del equipo y afición mas las ganas de jugar y de trascender, son las que tienen al equipo en un peldaño digno de una película del heroísmo americano hollywoodense.

Al Thani no pisa La Rosaleda desde Mayo del 2012, cuando consiguieron el pase a la Champions. Cuando el Málaga vivía bien en el plano local y no sobrevivía como ahora en Europa. Al Thani se fue pero la historia y el hambre han reemplazado la cartera catarí.

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