Hoy cumple Sadio Mané, el crack que no olvida que vino de la pobreza

Si usted vive en una ciudad grande, ¿aceptaría a un niño, extraño y que le ofrece poco dinero para quedarse a vivir solo porque en su aldea no puede desarrollarse como futbolista profesional?

Creo que la mayoría diría que no. Pero, Sadio Mané, el cumpleañero de hoy, tuvo la fortuna de ser acogido por una familia desconocida en Dakar, capital de Senegal.

¿Y cómo llegó a ese punto la estrella del Liverpool, que alcanza los 29 años? Pues es una dura historia de pobreza e incomprensión, pero con un objetivo muy, muy firme: alcanzar  la selección de Senegal y llegar a la Premier League.

Nació en Sedhiou, pero se crío en una aldea, el pueblito de Bambali, al sur de Senegal y apenas 24 mil habitantes. Mientras más lejos de las capitales, las necesidades van siendo mayores.

Vivía con un tío, pues sus padres tuvieron muchos hijos y no podían mantenerlos a todos.   Eso no le eximió de pasar hambre. La mayoría de los días comía solo una vez y Sadio recuerda en varias entrevistas que recuerda a su tío vendiendo cosas de su casa para comer solo por una noche.

Pero, el objeto más preciado era el televisor. Ese, donde vío a su Senegal en 2002 eliminar en el Mundial de Corea y Japón a la vigente campeona, Francia. Y ese aparato, donde veía la Premier inglesa, lo que se convirtió en su principal obsesión.

Jugaba en la calle, descalzo, alzando polvaredas en la tierra en cada disparo. Era como ocupaba su tiempo, ya que no fue a la escuela porque sus padres no tenían dinero. En la pequeña aldea, todos decían que tenía potencial. Pero un día, un técnico de un pueblo vecino dijo: “Si quieren  que este chico crezca (en lo futbolístico) debe irse a otro lado”.

Había un problema: su familia quería un camino religioso para él. Todos musulmanes, querían que se enrolara en el camino de la fe. Ahí, apareció la primera traba para el sueño de Sadio.

Todo un pueblo detrás de él

Pero no desistió. Y el Mundial de 2002 sirvió para muchos niños inspirarse y jugar en serio. Los padres de esos niños también vieron oportunidad de que hicieran dinero. Sané logró convencer a sus padres y familia para que lo enviaran a Dakar, donde sí habían escuelas de fútbol. Sus padres, sus tíos y muchos vecinos vendieron sus productos para la agricultura y así Sadio obtuvo dinero para continuar su sueño.

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Con tantas voluntades puestas sobre él, no podía parar. Y eso que era una segunda oportunidad: Sadio ya había intentado escaparse, sus hermanos fueron golpeados para que dijera donde estaba y tuvo que regresar a la aldea, para estudiar aunque sea un año de escuela. Después de eso, sí podía volver a irse.

Me fui a las afueras de Dakar, con todo lo que tenía. Fui donde una familia que no conocía, les dije que tenía algo de dinero, que solo quería ser futbolistas. Me recibieron y fueron de mucha ayuda”, recuerda Sadio.

Mané inició su carrera como futbolista en la Academia «Génération Foot», muy popular en ese entonces. “Nunca voy a olvidar el primer día, cuando me vieron con cierto desprecio porque tenía los peores zapatos y unos pantaloncillos viejos y deshilados”.

Pero, su fortuna fueron los scouts franceses que estaban ahí. Resulta que el jugador más pobre era el más talentoso. Un milagro de Dios. En sus dos primeras temporadas, marcó 130 goles.

El camino es conocido: de ahí se fue a Metz y apenas avisó a sus padres. Luego a Red Bull Salzburg, Southampton y Liverpool, donde logró la gloria y la anhelada Champions.

Una de las escuelas que Sadio ha levantado para el pueblo africano

Sin olvidar sus orígenes

Fueron famosas sus frases: “No necesito autos de lujo, prefiero ayudar a la gente”. Dice que el Play Station es pérdida de tiempo y que los futbolistas deberían aprovechar su dinero para ayudar a los demás.

Para qué querría diez Ferraris, veinte relojes de diamantes o dos aviones? ¿Qué harán esas cosas por mí y por el mundo? No necesito autos de lujo, casas de lujo, viajes ni mucho menos aviones. Prefiero que los míos reciban un poco de lo que la vida me ha dado”, agregó.

Mané entregó 300.000 euros para levantar una escuela, proyecta la construcción de un hospital y entrega mensualmente 70 euros a cada una de las familias de su barrio para «ayudar a la economía familiar”. Tampoco le gusta jugar PlayStation, una afición habitual entre los futbolistas, porque dice que le parece una pérdida de tiempo y no lo ayuda a ser un mejor profesional. Tampoco asiste a fiestas. «Yo pasé hambre, trabajé en el campo, jugué descalzo y no fui al colegio. Hoy puedo ayudar a la gente. Prefiero construir escuelas y dar comida o ropa a la gente pobre”, explicó.

Un gran jugador y una gran persona.