La coronación de Andrés. El Principito que por fin sabe lo que es ser Rey.

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Cuando yo tenía 14 años, vi en una pantalla de televisión bastante vieja un partido entre un tal Pachuca y un tal Atlas, en este partido vi un magnífico jugador joven entrar a la cancha de cambio. Se llamaba Andrés Guardado, y representaba las esperanzas futuras de la selección nacional.

Cuando hablé a los mayores sobre este jugador tan novedoso, veloz y aparentemente talentoso, todos me dijeron que no me ilusionara, que parecía que hablaba yo de Ramoncito Morales, y que él no había conseguido nada. Me dijeron que dejara de ver partidos de futbol y que me dedicara a poner más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Y así lo hice. De esta manera, a la edad de 14 años, abandoné una magnífica carrera como descubridor de talentos en el futbol.

Aprendí sobre el error de paralaje y cómo calcular la presión hidrostática en base a densidad, presión atmosférica y altura. Pero, a veces pensaba que encontraba a algunos seres lúcidos que veían más que las personas mayores, y les mostraba el hallazgo de jugador que hice aquel día. Pero la mayoría lo demeritaban y le concedían una carrera más efímera que la del Venado Medina.

Imaginarán mi sorpresa cuando un día, durante la presentación de la lista oficial mundialista, Ricardo Antonio Lavolpe dijo que Andrés Guardado estaba en el corte final de la selección que iría al mundial de Alemania.

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Poco a poco fui conociendo más del planeta del futbol en el que se desarrollaba este jugadorcito. En el mundial lo vi entrar en el último partido y poner a temblar a la defensa contraria con su juego, con sus remates, con sus fintas, con su velocidad. Los mayores no entendían la sagacidad de sus llegadas ni su voluntad para tirar de larga distancia. A ellos sólo le importaban cosas cómo los goles y los campeonatos y decían que eso era lo serio, ¿Qué utilidad tiene en el juego un hombre que sólo corre, dribla, se sacrifica y pasa? Pero hace millones de años que las personas somos maravilladas por las virtudes y también hace millones de años que el futbol es un evento que nos maravilla. ¿No es acaso más serio crear un espectáculo genial que el resultado en sí? ¿Es que no es importante maravillar y hacer gozar al espectador?

Poco después Andrés salió de su planeta para llegar a otras latitudes, rechazó y abandonó la rosa efímera y hermosa que representa la comodidad de ser un ídolo en el club que te vio nacer. Se fue con una sonrisa en el corazón y lágrimas en los ojos, las separaciones son difíciles y él abandonaba al equipo que amó y que lo cuidó, y al que cuidó. Se fue para trascender y arriesgarse, algo que las personas mayores, tan sumidas en su zona de confort, no han entendido nunca.

Andrés primero llegó a un equipo que se dedicaba a trabajar día y noche, sin darse siquiera descanso a la hora de encender y apagar el farol de las esperanzas. Cada partido cambiaban de brillantes a oscuros, de lo bello a lo sublime. Quisieron ser vanidosos, gastando en el mexicano 10 millones de euros, esperaban que todos les aplaudieran, que todos los admiraran, que les dijeran que eran los más efectivos, los más listos y los más agradables. Pero Andrés se aburría de jugar, se lesionaba, bajaba su nivel, volvía a jugar bien y se volvía a lesionar.

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Al final este equipo llegó al mundo de segunda división, un planeta lleno de borrachos que pierden para olvidar la vergüenza que les representa perder. Ahí Andrés tuvo una corta estadía, se levantó y le dio a ese equipo un regreso glorioso a primera división, siendo el mejor de los mejores.

Andrés también visitó otro Mundial, este en Sudáfrica, en es mundial estuvo a las órdenes de un rey que tenía la necesidad de ordenar y reinar sobre alguien. El Rey ordenaba, el rey bajaba la mirada, el rey hacía su santa voluntad, embriagado por el poder que le confería ser el tuerto en una tierra de ciegos. Sus pocos súbditos se le revelaron y acabaron por llevarlo a la ruina. Andrés se dio cuenta de que los hombres mayores son muy extraños, y de un día para otro, cuando tienen un poco de poder, pierden completamente el suelo y olvidan todos sus discursos sobre el bien y el mal.

En 2012 Andrés llegó a un equipo valenciano que siempre presumía de ser bastante serio y que trabajaba sin cesar y sin cesar, contando cada euro, cada naranja y cada estrella en el firmamento. El club se centraba sólo en buscar a la próxima estrella sudamericana, en gastar su dinero en espejitos, en llorar por la falta de presupuesto para competirle a los grandes. Tanto se preocupaba y tanto se enfocaba en ser tercerones, que no se daban cuenta de los verdaderos talentos que tenían entre sus filas, no se daban cuenta de que sí se le podía competir a los dos mounstruos españoles, no se deban cuenta que había métodos para competir en Europa y en España. Se enfocaban tanto en contar con estrellas futuras que dejaron ir a estrellas presentes, entre técnicos malos, buenos y regulares. Obligaron al Zorro plateado a retrasar su posición, luego a adelantarla y al final, Guardado salió, pensando en lo mal que estaba aquel equipo, tan pendiente de trabajar para ser tercero que no notaba que podían ser campeones como el Atlético de Madrid.

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Pasó un tiempo muy corto en un equipo alemán que se vanagloriaba de haber recibido uno de los mejores goles de la historia y que también recibió 5 goles de Messi. Un equipo que estaba listo para escribir con letras de oro su gloriosa historia, pero que no se atrevía a explorar y a hacer algo por conocer la gloria. En ese planeta creí que lo había perdido para siempre, pensé que nunca volvería a ver a ese muchacho de cabello rizado que me hizo creer en algo más en el futbol.

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Y entonces Andrés Guardado cayó en un equipo nuevo, en el PSV Eindhoven al que debió recalar justo después de salir de su país. O tal vez no, ya que conocer otros mundos, otros equipos, le permitió conocer a más personas mayores y saber lo que nunca debía hacer. Ahí aprendió lo importante de domesticar y ser domesticado. Él podría ser un jugador entre millones iguales en el mundo, así como el PSV sería un club igual a cientos de miles alrededor del mundo. Pero se aprendieron a amar, a querer y a necesitar. Andrés entregó todo su ser, se dejó domesticar por el club, reconvirtió su posición, aprendió a jugar nuevos roles y se hizo indispensable para el equipo. La afición fue domesticada por Andrés, aprendió sus cánticos, imitó su bandera y hasta creó una cerveza con su nombre. Aprendieron a ser un segundo hogar y se convirtieron en indispensables para Andrés.

Y así, tomados de la mano, conocieron el mundo y conquistaron la tierra de los tulipanes, flores mucho más bellas que las rosas, aunque El Principito podría decir que no. Andrés Guardado se hizo responsable de su equipo y lo guió hasta un campeonato que les fue esquivo por cuatro años. De paso él, bautizado hace mucho como “principito”, por fin logró dar el siguiente paso y ser el rey, coronando diez años enteros de esfuerzo con el primer campeonato que gana en su carrera profesional. La corona no fue ostentosa, pero sí hermosa: hombres coreando su nombre, holandeses entonando el cielito lindo, baños de champaña y un sombrero más grande que un niño. Las personas mayores creen que una corona te hace rey, pero el verdadero Rey es el que convence al pueblo de seguirlo y amarlo.

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Al final, las personas mayores y los resultadistas podrán ver su currículum y decir que no ha ganado nada, que sus campeonatos son escasos y sus goles nulos. Pero las cosas esenciales en el futbol son invisibles ante la estadística y ante los ojos. El sacrificio, el renacer después de estar en el hoyo, la humildad con la que regresó a la cima, los pases correctos, la velocidad con la que rebasa, la marca que jala, el ánimo que infunde en sus compañeros, el liderazgo con el que guía el mediocampo no se pueden cuantificar con un termómetro, con un escalímetro o con un barómetro.

Si algún día encienden un televisor y lo sintonizan en algún partido del PSV, no le cambien, no se apresuren a cambiarle, se los ruego, deténganse un poco. Si un hombre de cabello rizado aparece ante ustedes, si este hombre dribla y toca, si dispara desde fuera del área cómo primera opción, adivinarán en seguida quién es. ¡No lo revienten y vean de lo que es capaz! Yo sé que ha regresado ¡Eso me hace feliz!

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