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[Canción para acompañar: «Goin’ Home» – Dan Auerbach]

«Mi abuelo era mi mejor amigo, vivió toda su vida siguiendo al mismo club, él murió y no pudo ver a su equipo campeón. Es por eso que quiero darle esta estrella a O’Higgins, porque siempre veo a mi abuelo en la cara de algún viejo hincha de este club».- Eduardo Berizzo

Uno de esos viejos hinchas era mi abuelo. Nadie lo entendía. Seguía al que nadie seguía y con resignación afrontaba los cierres de torneo, esperanzado de que algún día tuviese la dicha, como muchos otros viejos hinchas, de ver a su equipo campeón. No lo logró. Se quedó a cuatro años de hacerlo. Y como él, muchos otros no lo lograron tampoco. Pero esa es la belleza y crueldad del fútbol, su incertidumbre y la sorpresa. Si supiéramos cuando vamos a reir o llorar con exactitud, pocas pasiones se levantarían, el espectáculo nos abandonaría y la pelota se volvería tan gris, como muchas otras cosas predecibles en nuestra vida.

El pasado fin de semana el dramatismo futbolístico tuvo su epicentro en las ciudades de Talca y La Calera. El título del fútbol chileno se definía en dos lugares al mismo tiempo. La Universidad Católica llegaba con la losa de ser el eterno segundón, un reconocimiento que destroza por dentro al aficionado. A dos minutos del final el equipo santiaguino acariciaba el trofeo con una cómoda victoria en casa, mientras que O’Higgins, su rival en la punta, empataba a tres goles en Talca ante Rangers. El guionista de esta película tenía talento y dejó a las 8,000 almas que hicieron el viaje a Talca con una de las experiencias más bonitas que hayan vivido. En las últimas patadas del partido, Pablo Calandria consiguió un penal, lo cambió por gol, O’Higgins empataría en puntos a la Católica y el título debería ser disputado en un partido único entre estos dos equipos. Dicho encuentro fue el pasado martes en un Estadio Nacional de Santiago teñido de celeste con 20,000 rancagüinos que viajaron poco más de 100 kilómetros para ver lo que mi abuelo no: el primer título en la historia de O’Higgins. El artífice de esta épica hazaña en el fútbol chileno fue una semilla de Marcelo Bielsa, Eduardo Berizzo.

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Los viejos en las gradas dejaron correr las lágrimas más justificadas que ellos recuerden. Tras ver esas lágrimas de historia, los jóvenes entendieron y se unieron al llanto. El Bielsismo, que tanto le ha dado al pueblo chileno, escribió otra página de oro en la historia del fútbol.

Para muchos, incluyéndome, Marcelo Bielsa representa un antes y después en los historiales personales relacionados al fútbol. La manera de como uno ve este deporte cambia drásticamente cuando uno conoce personas como el Loco. Es a través de este tipo de personajes, que uno llega a identificar, observar, analizar y disfrutar el lado humano que posee este deporte. Es a través de este tipo de personajes, que el fútbol deja de ser un deporte y se transforma en un escudo. Lo que más emociona del Bielsismo es que las caídas están permitidas y generan un aprendizaje único en la vida. Asimismo, el umbral del gozo se extiende pues la adversidad le da sabor al triunfo. Mientras más nos esforcemos por seguir estándares, menos tiempo y capacidad tenemos para disfrutar lo que pasa frente a nuestros ojos. Seguir el instinto, así como las creencias y gustos personales, tarde o temprano, con una o más caídas en el camino, nos premiará con irnos satisfechos a dormir cada día. Pasa en el fútbol, pasa en la vida.

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NOTA: Un gigantesco agradecimiento a todos los lectores de FutbolSapiens por su constante retroalimentación a mi trabajo. Gracias a sus comentarios he mejorado mucho este último año y medio, al menos eso creo. Son un nutrido y exquisito grupo de lectores. Esta será mi última columna. ¡Nos vemos pronto!