Hay un ambiente raro, los amantes de los espectáculos deportivos televisados con grandes fanfarrias están decepcionados después del fraude del siglo, mientras que muchos (millones) ya tienen la cerveza en la hielera desde ahora.

No es una pelea de campeonato del mundo, y sin embargo el show previo que se hizo fue muy parecido e igual de exagerado; no son los mejores pugilistas que ha dado nuestro país pero uno genera millones de dólares en el ring donde se pare y el otro al ser el hijo del mejor mexicano que ha usado unos Cleto Reyes hace que sea suficiente para aumentar el morbo. La mitad de México tendrá prendido su televisor sumándose una buena parte de personas en Estados Unidos. El negocio es redondo y está bien, a eso se dedican quienes participan en esto.

Ahora bien, qué pasa con quienes siguen con la resaca de Money vs Pacman, una pelea que prometía una bacanal y terminó siendo como tomar alcohol adulterado y barato solo para pasar el rato, está bien que el Show Time sea eso, una especie de reality show que termina después de meses de alegato en 12 rounds o menos. Ahora mismo y desde hace tiempo nos deben un buen agarrón, los aficionados nacientes del deporte de la ciencia exacta merecen una pelea épica o crecerán viendo videos en YouTube de las peleas de Morales, Barrera, Marquez, Sánchez, Macías, Pintor, Olivares incluyendo pugilistas actuales como Salido y Cuadras.

Todos sabemos que el box es el arte de pegar sin dejar que te peguen, pero en México ésta regla no forma deidades, el aficionado mexicano gusta de peleas con pugilistas que sepan de estrategia pero que no rehuyan a fajarse a los golpes cuando es necesario y es por eso que Canelo Álvarez aun no llega a un punto de respeto entre las figuras mas allegadas al boxeo. Él mismo ha dicho que no tiene la culpa ya que sus rivales se han acomodado como anillo al dedo a su estilo de boxeo, que se basa en una disciplina marcial y golpes de alarido, pero que carece de improvisación en momentos de apremio. Como muestra, la pelea que lo hubiese llevado al siguiente nivel. Pasó lo que esperábamos y el tapatío fue un juguete más de Floyd que hizo lo que quiso con él, no hubo improvisación, ni garra, ni mucho menos quiso fajarse. Canelo necesita una batalla épica, como la tuvieron los grandes, sino nunca podrá echarse a la bolsa a sus detractores. Mayweather era su Meldrick Taylor pero el moreno estadounidense resultó ser un acertijo indescifrable y demasiada pieza para el de Guadalajara.

Si uno de los protagonistas del pleito tiene su punto débil en no tener opciones para improvisar durante la batalla, el otro lo tiene en su mente. El Hijo de la Leyenda no es mal boxeador, pero lleva una loza que persigue a muchos ya que siempre será comparado con su padre. Ahora mismo y pensando en cualquier deporte se me viene a la mente Layla Alí como alguien que si logró triunfar a pesar de su apellido. Julio Cesar Chavez Carrasco rompe de algún modo la transición del boxeador que comúnmente viene de barrios bajos y toma el deporte como una forma para escapar de su realidad, al mismo tiempo que suma billetes. El Junior nació en cuna de oro viendo como su padre se convertía en ídolo y viendo también de primera mano como sus adicciones y vicios terminaron con él. Como sea, el Hijo del César del boxeo logró hacerse de un nombre y ha sido el único campeón de peso medio que ha dado México lo cual no es poca cosa. Es irónico e increíble cuando recordamos que fumó mariguana cuando hizo su defensa contra Maravilla Martínez. Rebelde, indisciplinado, de carácter fuerte. Él sabe que es su última oportunidad para forjar su propia historia.

Ambos tienen sus razones para no ofrecer un fraude, o al menos eso se percibe. Canelo está ansioso de callar bocas, tiene su billetera llena pero millones de detractores que le tocan su orgullo y a su lado además tiene a Oscar de la Hoya quien retiró al mejor y ahora quiere a través de Álvarez mandar al hijo al olvido. Chávez Junior echó toda la carne al asador y sabe que no puede cometer los mismos errores del pasado, o será el fin. El de Sinaloa y el de Jalisco “se traen ganas” y están esperando la hora de la salida de la escuela para que empiece el agarrón después de tantos dimes y diretes. Lo único que se espera es que hagan la mínima parte de lo que hicieron Erik y Marco Antonio cuando fue su turno, dos guerreros que en verdad se odiaban cuando los rodeaban las cuerdas del ring. Sino pasa eso el Show Time de Las Vegas nunca jamás le enseñará  a los mas jóvenes que el box en realidad es apasionante. Es la última oportunidad para no quedar en el olvido, para ganar respeto y la última oportunidad para creer en éste deporte cuando se trata de adornar peleas con bombo y platillo.

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