La voz del Azteca

Entramos mi papá, mi hermano y yo por uno de los oscuros y largos túneles que llevan a platea baja, cuando eres niño todo parece más grande, al fondo de ese interminable pasaje, una luz multicolor.

Es sábado, lo primero que veo al atravesar ese brillante cuadro al final del túnel son los rayos de sol que se dibujan en la cancha con la forma de los huecos de la parte superior del estadio.

Los murmullos de los aficionados se van haciendo más fuertes, pero es aquella voz la que me hace apresurar el paso para encontrar mi asiento: “Alineaciones para el partido de hoy, por las águilas del América. Con el número uno Adrián Chávez… “. Aquella frase erizaba cada infantil poro de mi piel, dibujaba una gran sonrisa en mi (la misma que tengo ahora mismo que escribo estas líneas).

Esa voz pausada que sonaba en las enormes bocinas que colgaban en el centro del estadio, cuándo de verdad el Coloso de Santa Úrsula tenía un sonido 360 grados, fuerte y claro, no como ahora que a veces ni se logra entender lo anunciado.

 

La magia de cualquier partido iniciaba con la voz de Don Melquiades Sánchez Orozco, el hombre que vio más partidos que nadie en el Estadio Azteca, desde el más infumable hasta los más épicos, poco más de medio siglo de encuentros.

Los partidos en vivo tenían una narrativa especial, con cada tanto que caía en el campo de juego se escuchaba el clásico: “Gol… anotado por…”.

“Al niño Emilio Azcarraga lo espera su familia en el túnel número 30”, a falta de goles siempre había algún niño perdido.

En aquellas épocas sin internet, sin celulares, Melquiades se convertía en un actor dramático, su voz profunda y cadenciosa le imprimía emoción cuando en los partidos decisivos se escuchaba: “Marcador en Guadalajara; Chivas uno… Leones Negros… cero”, entonces el aficionado azulcrema gritaba encolerizado.

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Ocho minutos más tarde de nuevo: “Marcador en Guadalajara; Chivas dos…(todos los fanáticos americanistas comentando, “carajo uno más”)… Leones Negros… ¡Tres!”, las cervezas volaban, como si hubiera caído el mejor de los goles de Antonio Carlos Santos. Sánchez Orozco era portador de noticias tan fatales para el local como de las más espléndidas.

Don Melquiades era un excelente pintor
Don Melquiades era un excelente pintor

Don Melquiades llegó sin querer al Estadio Azteca, vino de vacaciones a la Ciudad de México 8 días desde Guadalajara, allá por 1956, con un dinerito que juntó exponiendo y vendiendo alguno de los cuadros que pintaba.

Le invitaron unos amigos como locutor en la radio defeña y en lugar de sus vacaciones por 8 días, se quedó a vivir en la capital del país. No siempre tuvo trabajo en la radio en esos tiempos, se dedicó a la pintura entonces, dónde no le iba mal con la venta de sus cuadros.

Después Emilio Azcarraga Milmo abrió Radiopolis y entró como locutor, hacía algunas menciones y anuncios. Entonces el Estadio Azteca vio la luz y necesitaba una voz. ‘El Tigre’ Azcarraga pidió a los funcionarios de su emisora un locutor, “Mándame al Pintor, así le decían sus conocidos en aquellos días. Fue así como en 1966 se convirtió en la voz de aquella mole de cemento.

Muchos de nosotros crecimos con su voz. Lo escuchabamos en el Azteca, en el Canal 5 (Al servicio de la comunidad), anunciando caricaturas y sin duda los anuncios de SITATYR no serán lo mismo sin él.

A partir de hoy Don Melquiades anunciará los ingresos en el cielo y tendrá su palco en lo más alto. Descanse en paz la voz de nuestro histórico Estadio Azteca.