Messi: un héroe entregado por su país, rescatado por quienes inspiró

En julio de 2007, un joven Lionel Messi, que a sus 20 años ya se mostraba como uno de los mejores del mundo, amén de su compañero de equipo, Ronaldinho, despertaba furor en toda la tierra.

El del Barcelona era parte de un maravilloso equipo argentino que tenía a Javier Zanetti, Hernán Crespo, Gabriel y Diego Milito, Estaban Cambiasso, Palo Aimar, Javier Mascherano, Juan Sebastián Verón, Juan Román Riquel y Carlos Tévez.

Ese equipazo llegó a la final de la Copa América de Venezuela en 2007 de forma arrolladora y contundente, era el gran favorito para ganar la final a un Brasil cuyas estrellas principales (Dida, Cafú, Kaká, Ronaldinho, Juninho, Lucio, Roberto Carlos…) declinaron participar y salvo Robinho, sensación del momento, más un naciente Dani Alves, eran futbolistass tipo Vagner Love, Julio Baptista o Mineiro. Un Brasil B.

En Maracaibo, ocurrió la sorpresa. Ese Brasil alternativo venció, apaleó, 3-0 a esa super poderosa Argentina. El aura que se respiró en ese momento es que Argentina pasaría muchos años sin ganar. Esta era la ocasión y no se pudo, no habrá otras.

En ese momento, los que el sábado lograron ganar la Copa América 28 años después para su país, eran simples fans de Messi. Ejemplo:  El sicalíptico arquero Emiliano Martínez tenía quince y era fan de Messi.  Los defensas Gonzalo Montiel y Cristian Romero, con 10 y 9 años cada uno, jugaban a ser Lio en el PlayStation 2. Gio Lo Celso, con 11 tenía un cartel de Messi pegado en su cuarto, al igual que un Lautaro Martínez, con 10 años.

Paredes y De Paul le tenían como referencia, a sus 13 años. Verlo a él les definió y aupó seguir en el mundo profesional.

Esta camada, vio como Lio lo intentó con la selección y sencillamente, no salía. Llegó a tres finales más: en Brasil 2014, y las Copas América de 2015 y 2016. Se tuvo que conformar con ver de lejos el trofeo.

Su generación iba saliendo y estos chicos, con la admiración en la boca, se iban insertando. Todas sus primeras fotos en su estreno con la selección eran con Messi, su ídolo. El tipo que tenías pegado en la pared del cuarto y el que encarnabas en una cascarita en la calle. Él, era tu compañero.

Te puede pasar como Gonzalo Montiel, que te tomas una foto con Messi y luego juegas con él (con rima incluida)

Soldados de Leo

Messi también creció. Como capitán, como líder, como persona. Aguantó lo indecible: que no era argentino, sino catalán. Que era mejor que renunciara definitivamente y las odiosas comparaciones: Con Maradona en la línea de la historia y con Cristiano Ronaldo, en el presente continuo, a quien si se le dio celebrar con Portugal.

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Pero, estos niños, no podían dejar morir a su ídolo. No se podía ir del fútbol sin ganar nada con Argentina. Ese héroe, el que todos tenemos… ellos tenían la oportunidad de ayudarlo.

El gran líder hizo su mejor Copa de la historia: cuatro goles, cinco asistencias y participación en todos los goles de Argentina (12) excepto uno: el de la final. Una celebridad se suele crecer cuando lo rodean sus admiradores

Lio hizo de todo, se echó el equipo al hombro en toda la Copa: lideró en pases, asistencias, jugó todos los putos minutos. Fue el que más jugadas de gol creo, el que más disparó al arco

Pero en la final, el referenciado, el  estudiado por Brasil fue él. No apareció casi. Un mano a mano que tuvo con el meta brasileño lo falló de forma infantil. Ese no es Lio. Es Messi con los isquiotibiales jodidos. El héroe, no estaba.

Pero sí los chicos, los que soñaron con ser él o estar con él. Ahí salió un viejo amigo, Ángel Di María, para marcar un gol inolvidable. Ahí estaba De Paul, para soltar un pase gol precioso, inolvidable. Estaban todos, empujando contra un Brasil titánico, grande, que los apretó al final, pero que no pudo ganar.

¡Qué ofrenda! Le devolvieron, en esa final, en el Maracaná y ante el odiado rival, Brasil, todo lo que entregó Messi, lo que inspiró. Su legado de perseverancia, de jugar, caer y volver a jugar se selló con la mejor lección: al final todo tiene recompensa.

No pensaron en ellos. Todo para Lio, el MVP en la Copa. Faltaba el empujoncito en las malditas finales. No se preocupe capitán, que hoy tiramos del barco. No es ni de cerca la generación más brillante de la historia. Pero fue con esta, que se rompió la maldición argentina de 28 años sin ganar nada.

“Es el mejor del mundo y le dimos la Copa”, dijo, Emiliano Martínez, sincero, sonriente. Messi no solo le devolvió la alegría a un pueblo hambriento de triunfos. También inspiró a una generación que le llevó a la gloria en agradecimiento. Lio se corona con su país siendo totalmente amado.