No es lo mismo Londres 2012 que 4 años después. México no gana medallas en Rio de Janeiro. Posiblemente ninguna de las que ganó en Londres.

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En 2012 todo era diversión y alegría para el deporte mexicano. Todos los sueños se estaban haciendo realidad y la palabra México subía en el medallero de manera constante. Cada tercer día teníamos un motivo de festejo y diario había algún mexicano haciendo ruido en alguna competencia. La cúspide de la alegría llegó con una medalla de oro en futbol, el deporte más seguido daba el éxito más grande en Londres 2012. 7 medallas en 4 deportes diferentes, nunca fuera de casa nos colgamos tantas al cuello, y sin la intromisión de la marcha y el boxeo, deportes para lo cual somos ideológica y físicamente aptos. El cielo era el límite, la generación del “Sí se puede”, la del cambio de mentalidad, había puesto la primera piedra para construir un imperio olímpico capaz de rivalizar con Cuba o Brasil. 4 años después, cerca de casa, en los Juegos de Latinoamérica, haríamos historia, Río de Janeiro sería testigo de las hazañas mexicanas más heroicas y se vería la madurez de los atletas que nos maravillaron en Londres.

Pero en 4 años pasan muchas cosas. Todos hemos conocido a cientos de personas y la tecnología nos ha conectado aún más con el resto del mundo. Las noticias vuelan a una velocidad sorprendente, Los Juegos Olímpicos no están con Azteca ni con Televisa y Orvañanos volvió a narrar un partido de la selección. Hace 4 años éramos los gallardos reyes del mundo y todo parecía posible, hoy nos salió panza y se nos cayó el cabello, nos da miedo nuestra sombra y el pesimismo se posó sobre nuestros hombros.

Hace 4 años Aída Román era un ejemplo para la juventud mexicana, su confianza y gallardía eran lo que nos hacía falta para avanzar, tenía una plata en tiro con arco y su sonrisa curaba el cáncer. Hoy es la más mujer más pedante del universo, nos debe todo a todos, su pinche cinco nos arruinó la vida, nos alegramos con su fracaso y su sonrisa da coraje de tan cínica.

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Hace 4 años éramos los mejores en el mundo de los clavados. Duva y Pollo tenían una plata y se sincronizaban como si hubieran sido paridos por la misma madre, Paola y Ale también tenían la plata y eran dos copos de nieve  que hasta sacaban la misma cantidad de agua de la alberca, hasta Laura Sánchez tuvo su bronce para un final de cuento de hadas en su historia digna de ocurrir en Macondo. Hoy se le deben 15 millones de dólares a la FINA y no sabemos quién es más mamón, si Duva o Pollo. Paola ya está vieja para tirar clavados tan malos y Ale no ha crecido. Rommel no para de robar y a Jahir Ocampo está tan mal que hasta las luces le hacen daño. Tan mal estamos en clavados que extrañamos a Laura Sánchez y al fin nos damos cuenta de todo lo que construyeron Capilla, Gaxiola y Botella. Antes un 7 para todo el mundo era un 8 de México. Hoy un 8 para todos es un 6.5 de México.

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Si bien en Taekwondo todavía no perdemos nada, pero ya tememos que Espinoza sufra la misma suerte que Espinosa.

Hace 4 años el país explotó de alegría ante el logro más grande en la historia del deporte más popular de nuestra tierra, éramos campeones de futbol, ganándole a Brasil en Wembley. Oribe, Corona, Salcido, HH, Giovani y Marco Fabián le cambiaron la cara al país y nos llevaron a dónde ni en sueño hubiéramos llegado. Pero a la hora de revalidar el triunfo, algo se perdió en el camino. Hace 4 años ganamos oro sin la necesidad de Chicharito, Vela y Jona, hoy estuvimos necesitados de que Carlos Fierro, delantero del Querétaro, se acordara de que sabe meter goles.

Hace 4 años Raúl Gutiérrez era alabado por su excelente tacto con los chicos y se hablaba de él como el mentor ideal de la selección olímpica que iría por el doblete. Hasta se exaltó con orgullo su vocación magisterial. Hoy la palabra magisterio nos da dolor de cabeza y al Potro le quedó grande la yegua sin Oribe.

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Hace 4 años Salcido hizo una selección sólida con su presencia y Corona evitaba goles en mano a mano de Neymar. Hoy Torres Nilo pierde la marca y nos cuesta el empate contra Alemania y a Talavera le mete gol un fiyiano (sí, UN FIYIANO) de cabeza desde fuera del área. Hoy los olímpicos son una pesadilla y ya no tenemos el boxeo o la caminata para que nos salven el changarro.

Y es ahora, 4 años después, cuando la euforia del inusitado éxito de Londres 2012 está pasando a una velocidad hipersónica, que nos comenzamos a cuestionar.