“Tal vez en un par de años mire hacia atrás y entienda la dimensión de lo que he logrado, por ahora puedo decir que me siento orgulloso de poderles contar a mis hijos que hice historia” Miroslav Klose.

Todos desarrollamos una afición hacia alguna selección además de la propia para seguir en el mundial. Ya sea por el color del uniforme, otros por el futbol que despliegan sus jugadores, algunos hasta por inventarse ascendencia, etc.

Mi caso con Alemania, tiene que ver con la primera vez que vi jugar a Miroslav Klose en el mundial de Corea-Japón 2002. Vi el remate de cabeza hecho como un relámpago y el narrador pronunció su nombre seguido del grito de gol. Parecía una máquina, un robot, que sabía dónde estaba la portería. Poco contacto con la pelota, sólo el tiempo necesario para anotar. Eficacia alemana.

En un mundial lleno de delanteros letales, como Ronaldo (quien a la postre se convertiría en bota de oro del Corea Japón 2002), Tomasson, Raúl, Morientes, Rivaldo, Recoba, Vieri y alguno más que olvide por el momento. Me llamó la atención este discreto pero letal atacante. El Fenómeno, quien rompió el récord de Gerd Muller en 2006, eclipsó  la buena actuación de Klose e hizo que Brasil se coronara.

El delantero alemán tendría otra oportunidad cuatro años después, ahora como locales. Con todo a su favor vendría a ser Bota de Oro. Premio que pareciera servir de poco, pues quedaron en semifinales. No obstante esos goles lo acercaron hacia el récord, una leyenda crecía sin mucho ruido.

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Semejantes actuaciones le valieron para salir del Werder Bremen y migrar al Bayern Munich. 52 goles en 3 temporadas no le sirvieron para obtener continuidad y fue “desterrado” a la Lazio en Italia, equipo que Klose consideró “una segunda familia”

Con la Lazio no sólo destacó por sus goles sino por sus actos de “fair play”; queda grabada la frase “los árbitros tienen de por sí un trabajo difícil, tenemos que ser honestos para hacerlo más fácil” después de que anularan el gol que anotó.

Sin los reflectores que traían otros jugadores, Klose llegó a Brasil, a sus 36 años empató a Ronaldo en goles en un Mundial y dio el empate ante Ghana. Después en semifinales puso un clavo más sobre la terrible noche en Mineirao y batió el récord del Fenómeno.

Después de tanto tiempo y tantos goles, el anuncio de su retiro da la sensación de que un mito comienza y la sensación de envejecer aumenta. Con disciplina, perseverancia y dedicación se puede llegar a caminar a la par de los gigantes y retar a la misma ley de gravedad con una acrobacia.

Klose  se va de las canchas, pero nos deja muchas lecciones para aplicar dentro y fuera de la campo.