navid

Escribo esto bajo un ambiente de celebración, en una noche de paz y de amor, donde la ilusión alegra los corazones y aviva la esperanza de un futuro mejor. Mis deseos de navidad son muchos y muy variados, pero el egoísmo se queda a un lado y, al menos en esta ocasión, velo por el bien común.

Lo que más deseo en esta vida es el buen futbol, y sobre todo grandes sorpresas en el campeonato mexicano; el balompié azteca parece cada vez más a la baja y no hay ‘figura’ capaz de sacar la nave a flote. Apelo a la incierta bondad de los muchos directivos en busca de un juego mejor. Ya no quiero «sentir mi liga» y creo que el «juego limpio» es solo un mito; deseo que la afición ya no sea solo un cliente potencial y que los muchos futbolistas desquiten el sueldo partido a partido.

Deseo que el Estadio Omnilife registre más de un lleno por temporada, y que la cerveza ya no sea rebajada con agua en el Azul. Espero con ansias el regreso de Ronaldinho al Querétaro y que Pavone nunca vuelva al Cruz Azul. Ojalá que el América al fin brinde espectáculo y Guillermo Ochoa se divorcie de la banca. En verdad espero que el Piojo traiga buenos resultados y que Pulido se descuelgue el cartel de diva.

Esta noche pediré por la carrera eterna de Cuauhtémoc Blanco y el pronto descubrimiento de un digno heredero para el 10 encorvado; que México entre en el Top 10 de la FIFA y ‘Marquito’ Fabián demuestre su verdadera capacidad. Me uno también a las plegarias de Vergara para que no se ‘infle’ el mercado nacional, y deseo de corazón que alguien rescate al Cruz Azul de las garras de Hurtado.

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Un buen deseo navideño sería deshacernos de los ‘Iniesta’s bolivianos’, ‘Pelé’s blancos’ y muchos otros productos de la fantasía. Pediré también por la coordinación de ‘Maranhao’, y donde quiera que esté, espero no se fracture el otro brazo con un regate descomunal. Sueño también con el descenso de Chivas, no tengo nada contra la causa rojiblanca, pero creo que le brindaría una pizca de credibilidad a la Liga Mx.

Mi deseo más descabellado es que algún día se reconozca para bien el trabajo de los árbitros; en épocas de paz y amor creo que también se merece un abrazo. Quizá sea también tiempo de perdonar a Lucas Castromán, Éverton Cardoso y Édixon Perea por tantos momentos de amargura. Justo por ello, deseo que el futbol nos alivie en los momentos de tensión, que sea ese consuelo emocional en los días más difíciles. Lo último que pido es que la pelota siga rodando, porque es el el pretexto ideal para reunir a miles de locos, como este que les escribe, en un día de alegría y felicidad.