Hay expectativa: la ilusión, la polémica e incluso, algunos tintes de rechazo con la llegada de Juan Carlos Osorio a la selección de Paraguay, que busca reencontrarse con “el Mundial perdido”, renovar la piel de una selección que ha dejado momentos de orgullo a su país, pero, posiblemente, cambiando preceptos históricos del fútbol guaraní.

Repasemos su pasado inmediato: En 1998, Paraguay encontró una generación que sin traumas fue mudando su piel y participó en cuatro mundiales consecutivos. La albirroja regresaba a un Mundial tras su participación en México 1986 y antes de eso, contaba su última cita global en 1958.

En esas cuatro participaciones (1998, 2002, 2006 y 2010) en dos pasó la fase de grupos  (1998 y 2002, hasta octavos) y en 2010, alcanzó unos históricos cuartos de final. Sólo en Alemania se quedó en la fase de grupos.

Esta última generación, que combinaba mucha experiencia y talento emergente, también fue finalista de la Copa América 2011, sumando un período inolvidable con Gerardo “Tata” Martino. Pero, tanto jugadores, como el periodismo y la afición, sabían que la camada tenía fecha de vencimiento.

A la siguiente eliminatoria, camino a Brasil 2014 se esperaba una transición sin problemas. Fue elr el premundial para Conmebol con más opciones de los últimos tiempos, pues con Brasil clasificado por ser anfitrión, eran nueve equipos disputándose 4 cupos y un repechaje (que suele ganar siempre Conmebol), por lo que más de la mitad de los países participantes debían entrar a la cita ecuménica.

Paraguay cerró última esa eliminatoria, un golpe fuerte justo después de una generación maravillosa en el ciclo mundial pasado. Para el siguiente, probando jugadores, técnicos e ideas, quedó séptimo (de diez) a dos puntos de Perú, que con 26 unidades fue a repechaje. En Copa América, en 2015 llegó a semifinales, pero fue “despedida” por Argentina tras un humillante 6-1 y en la Copa América Centenario 2016, no pasó de la fase de grupos.

Santa Cruz en su despedida de la selección. Ícono de una era, ganó todo con Bayern Múnich

Ante estos descalabros, seguidos la federación paraguaya se vio obligada a replantearse muchas cosas. Primero, por fin admitir que hay que asumir un recambio generacional. Los nombres Haedo Valdez, Roque Santa Cruz, Carlos Gamarra, Justo Villar o Paulo da Silva y mucho más atrás, José Luis Chilavert, sonaron por años en los campos sudamericanos, mientras el resto iba refrescándose los rostros con muchachos ascendentes.

Por temas obvios de edad y sin ninguno de esos nombres que tanto aportaron al fútbol paraguayo, toca empezar casi de cero. Y con ello, posiblemente, venga un cambio de estilo.

Juan Carlos Osorio, que aún no ha sido recibido con los brazos totalmente abiertos por la afición guaraní por tener una cláusula “oculta” en su contrato, que en caso de que Colombia lo llame para la selección puede quedar libre, es el indicado para reconducir a un país futbolero.

El estratega de México, que fuera de ese país despertó elogios y admiración, mientras que adentro era cuestionado a más no poder, ha sido seleccionado para recalcular la ruta al mundial con una generación de jugadores de buen pie, quizá sin la potencia y el brío físico de la generación del arranque de siglo, pero que, por la globalización, se ha fijado en el fútbol europeo y ha adoptado el toque, la tenencia y otros elementos tácticos que parecían ajenos a una Paraguay reciente.

Paraguay fue siempre férreo en la defensa. En los cuatro ciclos mundialistas, en una línea de cuatro zagueros, tres eran centrales y un solo lateral se proyectaba. Hoy, parece más posible jugar con dos laterales de ida y vuelta. Si recordamos a Roque Santa Cruz, figura referencial de este equipo al ataque, tendremos en la memora un espigado atacante de 1,91 metros que buscaba espacio en el área tras el esmerado esfuerzo de sus compañeros de lanzar centros para sacar provecho a una letal y muy efectiva fuerza aérea. Así, vertical, defensivo y de potencia con altura, más la garra natural del paraguayo, era la receta de un grupo que alegró muchísimo a su gente.

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Aunque a muchos no les parezca, Paraguay tiene una infraestructura muy buena para su selección. Es algo aparte a la realidad del país y de los clubes. Eso le da herramientas al proceso de Osorio, que de entrada ha hecho un buen trabajo de “scouteo” por la geografía paraguaya.

Lo acompañará “para arriba y para abajo” un portero, que tiene muchos quilates y es muy querido por Paraguay.  Justo Villar, que en junio se despidió como jugador en un amistoso a sus 41 años, será un gerente de selecciones y le ayudará mucho a sobrellevar avatares propios de la idiosincrasia guaraní. Si en México llevó palos con Hugo Sánchez, en Paraguay, dependiendo de su humor, es posible que sea criticado amargamente por José Luis Chilavert, también cuidapalos y bastante cercano a ser una deidad en el mundo albirrojo.

Aún lejos de México, la prensa azteca no deja de darle palos a Osorio. Recientemente hubo escozor entre el periodismo mexicano y el guaraní, pues en un programa de TV se cuestionó la realidad de Paraguay, sosteniendo que Osorio se iba a  esa selección “por no tener más ofertas”, aparte que se calificó a la albirroja “una selección un escalón más abajo que la mexicana” y que “no tenía jugadores Clase A”.

Cuando arrancó el ciclo exitoso de Paraguay a finales del siglo pasado, para el mundo solamente era conocido José Luis Chilavert. Pero en el proceso, se “parieron” jugadores como Roque Santa Cruz, que ganó cinco Bundesligas, una Champions y una Intercontinental en papel protagónico con el Bayern Múnich.

Y esto es lo que puede ocurrir en el camino. Los periodistas paraguayos comentan que este “bajón” de dos Mundiales de ausencia, les recuerda el período de 1986 a 1998, en el cual se recompuso la selección, precisamente en ocho años.

Fabián Balbuena, central afianzado en el West Ham, garantiza la continuidad histórica de zagueros fieros

Hoy, es cierto, no hay jugadores en equipos élite. Pero para futbolistas de países “clase media” de la zona Conmebol, es importante para sus saltos profesionales  hacer buenos papeles con su selección. Hacerles grandes partidos a gigantes como Brasil o Argentina, con sus Messi y Neymar, revaloriza, sin duda.

Este puede ser un once (4-2-3-1) que utilizaría Osorio. En su mayoría, jugadores por debajo de 25 años y algunos experimentados

Se asoman como referentes futuros e inmediatos Miguel Almirón, alma del Atlanta United (del “Tata” Martino, por cierto), Fabián Balbuena, genial central de buen paso por Corinthians, hoy fijo en el West Ham, Hernán Pérez, con presente en España u Óscar Romero, del fútbol chino. Para potenciar, tiene a Arnaldo Sanabria, con tres temporadas en el Betis español y que tiene 22 años, un atacante bien moldeable. Osorio, no contará con jugadores consagrados, como lo tuvo con México y eso le añade más a su reto, de aupar una selección en reconstrucción y que posiblemente, cambie muchas señas de su ADN.