¿Qué tal durmió?
Señor Osorio, ¿Qué tal durmió?

‘Ustedes disculpen’, fue lo que Juan Carlos Osorio, en pocas palabras, mencionó en la rueda de prensa después de ser eliminado de la Copa América. Algunos analistas y jugadores dicen que hay que dejar que se enfríen las cosas para hacer un mejor análisis de lo que sucedió. El colombiano siempre muestra mesura y una desesperante calma al dar declaraciones. Los defensores de Juan Carlos Osorio dirán que fue solo un accidente, como él mismo ya lo hizo, que es solo una mala noche. ¡No señoras y señores! la pesadilla que vimos anoche, va más allá de un mal partido, es un semáforo en rojo Chernóbil. Y no, no es que seamos el número 16 del mundo, ni mucho menos el 9 como FIFA nos puso hace unos días, pero tampoco somos el 100, con todo respeto a Omán.

Ayer retrocedimos tanto, dimos muchos pasos para atrás, un resultado digno de los inicios del seleccionado mexicano en torneos oficiales, como aquel 7-1 frente a España en los Juegos Olímpicos de 1928 en Ámsterdam.

Ni siquiera cantaletas como, “perdimos como siempre”, ni el, “ya merito”, caben esta vez. Porque aunque acostumbrados a ser solamente buenos animadores de Mundiales y Copas América, también nos habíamos ya acostumbrado a perder dando partidos, jugando a un nivel que ponía en predicamentos a los representativos más respetados del mundo. Hasta para perder existen formas.

Ayer, la parsimonia con la que habla y dirige Osorio, fue reflejada en cada uno de los futbolistas, ayer quedó comprobado que las rotaciones en cada partido le vienen bien a equipos como el de mi sobrino de 9 años, para que todos los papás estén contentos de ver a sus chilpayates jugar aunque sea 5 minutos y desquiten el pago de los uniformes. Pero no un representativo nacional que, con trabajo, tiene un cuadro de 11 titulares y 4 o 5 jugadores medianos de banca.

Ningún futbolista con las suficientes cualidades para ser parte de un cuadro titular, está contento si juega un partido como titular y al otro descansa por cuestión ‘táctica’. O si se es de los 5 que pertenecen a una base, pero el compañero de línea es hoy Rafael Márquez y mañana Yasser Corona. Hasta entre los perros hay razas.

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Sumemos a esa falta de continuidad, la desconexión que se ve a todas luces entre el cuerpo técnico y los jugadores. La falta de garra, esos mentados huevos que técnicos como Miguel Herrera o el Vasco Aguirre imprimían cuando la técnica no alcanzaba, esa vergüenza profesional que hay que tener en cualquier oficio o trabajo que se desempeñe, ayer se perdió todo.

No sé ustedes, pero después del 4-0 pasó por mi mente aquello de “le están haciendo la cama al señor Osorio”, pero no, un 7-0 va más allá de la mejor King Size que sea haya fabricado, porque el prestigio como jugador (sí, ese poco que se han ganado varios de ellos en las canchas europeas), se ensucia, te convierte en una especie de mentira develada a la luz de todo un continente y más allá, en tan solo 90 minutos.

Uruguay nos perdonó, Jamaica también y no se diga Venezuela, pero Chile no, Chile supo ganar bien, nos arrancó los pies, las manos y fue por la cabeza sin necesitarlo, sin piedad, así como se respeta a un rival, sin florituras ni trucos baratos, buscando una goleada que dejará bien claro la superioridad. Logrando que hasta el público más leal y noble, como lo son paisanos que radican en Estados Unidos, se voltearan en contra del Tri. Comenzando con los olés ante el baile chileno y terminando con un karmático “¡Eeeeeh putoo!” en contra del guardameta mexicano y de todo el seleccionado.

Espero que hoy, mañana o pasado mañana, cuando sea que Osorio digiera esta derrota, pero que sea antes del Hexagonal, el Director Técnico ponga su renuncia sobre la mesa. México no será campeón del mundo con su salida, pero tampoco el colombiano va a cambiar su manera de entrenar, ni los jugadores su preferencia por un cuerpo técnico más estable y con el que exista una auténtica comunión.  Es momento de buscar un motivador que crea más en un once ideal y deje los experimentos al IPN.

Recordando al grandísimo maestro Germán Dehesa: Señor Osorio, Juan Carlos, no el otro, ¿qué tal durmió?