Parte de mi infancia futbolera esta ligada a los Tigres de la U.A. de N.L., mi primer partido al que asistí al Estadio Azteca fue un Atlante vs Tigres, no era un juego cualquiera, era la final de la liga mexicana, aquella de los torneos de verdad, los largos.

Tigres | Quisiera ser grande

Un tío que era más amante de la cerveza que del futbol nos llevó al estadio a mí y a mi hermano por primera vez. Él no le iba a ninguno de los dos equipos, solo iba por pasarla bien con sus cuates de la universidad y de paso divertir a los sobrinos. Recuerdo su mostacho setentero lleno de espuma de la Carta Blanca que se estafa refinando y festejaba todo lo que pasaba en la cancha como buen villamelón.

Entre cosas raras que gritaba mi tío como ‘álbitro pinchiulero’, me contaba que viera en la cancha jugar a un Tomás Boy, Batocletti (y su peluca), ‘Patrulla’ Barbadillo y en la portería Mateo Bravo.

Tigres campeón del torneo 1981-1982

Al final los Tigres resultaron campeones en tanda de penaltis, era la primera vez que veía que un portero tiraba una pena máxima, La Volpe fue de los pocos que anotó su tiro desde los once pasos por el Atlante. Mientras Mateo había tenido una actuación casi perfecta durante todo el encuentro. No se me olvida que un gordo con una toalla en la mano, se metió a discutir con todo mundo en la cancha de la nada. ¿Quién es ese señor tío? pregunté. “Es Miloc, el entrenador de Tigres, es bien peleonero”. Ya más grande y muchos años después me enteré que él aceptó haberse metido al campo de juego deliberadamente para perder tiempo pues jugaban con 10 hombres y Atlante anotó el empate dentro de los últimos diez minutos del partido y estaban con el animo a tope los azulgrana, entonces el “Tanque” decidió hacer la maña de bajar los ánimos de los Potros y buscar los penaltis.

Carlos Miloc campeón con sus amados Tigres

Recuerdo a un amigo de mi tío decir de camino a la salida que, este equipo de Tigres era de época y ganaría muchos títulos, que pronto sería como las Chivas. “Miraste cómo estaba el estadio de lleno, este equipo está para cosas grandes”, su familia era del Norte y las cervezas hacían mayor su euforia.

Lee también   Chicharear

Jamás volví a ver a aquellos briagos amigos de mi tío, pero cada tanto que lo veo y con los últimos campeonatos de los universitarios, recordamos aquella ida al estadio y discutimos sobre la ‘grandeza’ de Tigres y en general, de un club.

Ayer los Tigres me recordaron porqué no pueden aún ser llamados un equipo grande. Un club armado con gran presupuesto económico, que juega en una liga con mayor exigencia que la MLS, que en los últimos años pide ser reconocido como ‘grande’, que su afición incluso afirma estar por encima de clubes como Cruz Azul, América, Chivas y Pumas, los 4 grandes… no Tigres, ayer demostraste que no eres grande. Quieres serlo y tal vez estés en el camino, como aquel borracho me dijo en el túnel de salida del Azteca en la final de 1982 y que estabas en camino desde entonces. Pero sigues sin graduarte, sin dar ese salto.

Mientras tengas un portero que no está a la altura de su club, que tiene poca tolerancia a la frustración cuando pierde y muestra de las peores maneras el no saber perder. Un portero que también cuando gana muestra soberbia, golpea rivales, se burla de ellos y se convierte en un autentico payaso.

 

Mientras su poderosa delantera siga haciendo menos a los rivales en partidos cruciales y piensen que todo lo resolverán en los partidos dentro de su casa y de visita se vean mezquinos. Mientras su delantera haga menos a los rivales y se dedique a jugar por lapsos de tiempo y aprieten solo por pequeños lapsos de juego. Como decía el DT español Manolo Preciado: “No hay mejor manera de respetar al rival que meterle el máximo número de goles que puedas”.

Mientras no ganes un campeonato a nivel internacional que te ponga en el mapa fuera de México, mientras no vayas por todas las Copas y campeonatos que disputes con seriedad, no Tigres no eres grande.