Red Bull, la corporación que le dio alas al fútbol moderno

 

 

El fútbol moderno camina hacia lo empresarial y mercantilista. Es cierto, para que esto se sostenga como espectáculo tampoco hay que irse al extremo del romanticismo absoluto y es bueno tener directrices de marketing para que sea autosustentable, pero, que ya se vaya viendo como algo normal la existencia de multinacionales del fútbol,  es una muestra de lo depravado que se puede convertir el sistema.

Ya por acá se ha hablado del City Group un conglomerado de equipos en todos los continentes cuya cabeza principal es el Manchester City. Hoy toca examinar a los equipos Red Bull, que aún no tienen tantos equipos como los celestes, pero vaya que ahora andan haciendo ruido.

Por ahora solo son el New York Red Bulls (Estados Unidos), RasenBallsport Leipzig‎ (de Alemania, que conserva las siglas RB), el pionero Red Bull Salzburg y el  FC Liefering en primera y segunda de Austria, más su reciente adquisición, el Red Bull Bragantino, que gracias al empuje de millonario de la marca, ahora jugará la Serie A de Brasil. La franquicia pisa fuerte en el país que más jugadores exporta al mundo. Buen golpe.

La historia de la bebida energizante  a base de taurina es conocida. El dueño, Dietrich Mateschitz, era un simple enviado de una empresa de marketing  a Bangkok y descubrió una bebida que de repente le levantó el ánimo súbitamente. Al regresar a Austria, lugar de origen, la gasificó como los refrescos, añadió azúcar, algo de sabor y nació Red Bull. Algo poco original, pues la bebida que impactó al vendedor se llamaba  Krating Daeng (toros rojos, en tailandés).

El resto es historia. Como parte de su mundo de marketing, ha patrocinado y luego comprado equipos en actividades de alta adrenalina: fútbol freestyle, acrobacias en aviones, deportes extremos, Fórmula Uno…

Mateschitz, que siempre estuvo renuente a invertir en “aburridos” (como lo llamó un día en una entrevista) deportes tradicionales, un día se dio cuenta del poder del fútbol.

En 2005, acompañó en algunos actos y movimientos a un amigo, Franz Beckembauer. “El Kaiser”, era la cabeza del Comité Organizador del Mundial Alemania 2006. Ante sus ojos, vio como se hacían negocios, relaciones, influencias políticas… se abrían las puertas de un espacio que para la mayoría era inaccesible. Incluyendo millonarios.

Rapidamente, se montó en el asunto. Debía ingresar en el negocio del fútbol. Y el arranque marcaría un sello de fábrica: lo intempestivo de las acciones, el desconocimiento del pasado.

Compró al equipo del cual era hincha: el Austria Salzburgo. Cambió el nombre, cambió los colores, cambió el escudo. Aprovechó un tema económico para reescribir la historia. Los hinchas tradicionales protestaron. Pero ya era algo que no les pertenecía.

Y en 2006 quedarón subcampeones. Luego ganaron la liga. Y al año siguiente también. Un monstruo había nacido.

El Salzburg, que dejó de ser violeta, celebrando su sexta liga seguida

De hecho, cada adquisición ha llevado al desmantelamiento brutal y total de la identidad del club anterior. La siguiente agresión a la historia fue en Estados Unidos. MetroStars de Nueva York se convirtió en Red Bulls de Nueva York en marzo de 2006, para preocupación de muchos fanáticos. Inicialmente atrajo a grandes nombres como Thierry Henry y Tim Cahill, pero fue la destrucción de un icono de la MLS como MetroStrars. Pero no importa: traer a Shakira y Pelé para el primer partido y un espectáculo multitudinario, acallaría las voces de los puristas.

Hay toros en Nueva York

Para Red Bull, el objetivo principal siempre estuvo presente en Alemania y, más específicamente, en la Bundesliga. Los planes iniciales para comprar un club en Leipzig fueron vetados por la DFB (Federación Alemana de Fútbol) en 2006, mientras que los movimientos para  adquirir clubes más prominentes como St Pauli y Dusseldorf fracasaron.

Finalmente, la organización se decidió por el SSV Markranstadt de quinto nivel, ubicado a 13 km al oeste de Leipzig. Red Bull no estaba interesado en el club, sino en su licencia de operación para la liga. Una vez más, el antiguo equipo fue desmantelado y se construyó una identidad completamente nueva, oficialmente «fundada» el 19 de mayo de 2009. Como suelen prohibirse nombres de marcas en los equipos y para evitar algún tema de conflicto de intereses con UEFA, el equipo se convirtió en RasenBallsport Leipzig, resguardando el RB inicial (se popularizó el RB Leipzig) y la traducción es algo sin sentido como “El deporte de la pelota en césped”. Todo para conservar el RB.

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Su ascenso fue meteórico y al pisar la Bundesliga en 2016, se convirtió en el equipo más odiado de Alemania por ser excesivamente comercial.  Es el único club de fútbol en Alemania donde los miembros no tienen derecho a voto directo (los 17 son empleados de Red Bull) y se burla de la ley del 50+1 que le da cierta protección al sistema de aficionados socios, algo cada día en desuso en el mundo del fútbol moderno.

Los hinchas del Dresden arrojaron una cabeza de toro en un juego contra el Leipzig

Sin embargo, RB Leipzig no es el único club que posee un fuerte interés comercial, ya que Bayer Leverkusen pertenece en su totalidad al gigante farmacéutico Bayer y Wolfsburg, vinculados indisolublemente con el fabricante de automóviles Volkswagen. La diferencia: tienen grandes nexos con la comunidad y aportan a la misma. Los fans tienen decisión de voto. En RB es un mandamiento vertical.

El último golpe de RB es en Brasil. Y posiblemente el más ambicioso.  En marzo del año pasado se hicieron cargo del Bragantino de Sao Paulo, un club ahogado en deudas y al cual se le inyectaron 45 millones de dólares. En el año de la adquisición, ascendieron y se prometió una inversión de 200 millones de dólares para competir en el Brasileirao. Ya hubo un intento fallido en Brasil, con el Red Bull Brazil, siendo el único fracaso junto al Red Bull Ghana, que al final se fusionó con la filial del Feyenoord.

La nueva etapa de Red Bull: Brasil

Las posibilidades son  infinitas, en un país donde el talento brota de la tierra y la mayoría de las veces es mal canalizado. Con un mandamiento lineal, un estilo de juego impuesto desde Europa, el proyecto avanza bien. Aquí le ganaron al City, que no ha podido penetrar ni el fútbol argentino ni el brasileño.

Ragnick, el cerebro en el mundo Red Bull

¿Y qué busca el Toro?

Para Red Bull, su imperio futbolístico no se basa únicamente en el dinero, sino también en la inteligencia deportiva de clase mundial.

A diferencia del City, no hay fichajes galácticos, sino en una extensa red de academias globales y un sistema de exploración para atraer a los jugadores jóvenes a su configuración y cultivarlos en el lado apropiado de Red Bull. No es por casualidad que RB Leipzig posee el XI inicial más joven de la Bundesliga desde 2016.

La misión es detectar y sembrar para vender. No en vano,  Red Bull Salzburg también ganó la Liga Juvenil de la UEFA 2016-17

Gran parte del ascenso de Red Bull a nivel mundial se debe al veterano entrenador alemán Ralph Rangnick, quien se unió como director deportivo en 2012 y disfrutó de dos períodos como entrenador  de Leipzig.

Ahora supervisa el desarrollo deportivo y de fútbol para todos los clubes involucrados en el grupo Red Bull. Es el gerente global de la marca.

El club, aparte de la difusión de la marca, ha recibido dinero por los buenos fichajes detectados a tiempo: Sadio Mané, Nadio Keita, Joshua Kimmich, Timo Werner,  Takumi Minamino y recientemente Erling Haaland, son ejemplos de que el modelo es rentable. Y es de los equipos que menos gasta en la Bundesliga. Hay retorno de inversión.

Si en algo ficha duro Red Bull es en personal gerencial.  Paul Mitchell, jefe de reclutamiento y desarrollo de de la división global de fútbol de Red Bull, hizo nombre en Southampton y luego Tottenham. Y rechazó ofertas del Manchester United, Chelsea y Arsenal para continuar su trabajo con la compañía de bebidas a la que se unió en enero de 2018.

El ojo puesto en Brasil posiblemente eleve al máximo este desarrollo y este modelo que no es t derrochador.

Para que el éxito sea rotundo, la línea de trabajo, que viene de Rangnick, el gran ideólogo de este Red Bull, debe ser uniforme: juego de transiciones rápidas, buena ocupación de espacios.  Los equipos de Red Bull se centran en el fútbol de alta presión. Si se pierde la pelota, la oposición se encontrará enjambrada. En ataque, el escuadrón piensa como una manada, ejecuta carreras inteligentes y abre espacios para avanzar. En transición, son agudos.

Naggelsmann, Tuchel, Rose… son nombres que ya pasan por esta filosofía de marca, entrenadores talentosos que la propagan. Y que, de hecho, forman parte de la tendencia con la que termina la década de 2010 y arranca la del 2020. Red Bull le dio alas al descorazonado fútbol moderno.