Desde la sentencia Bosman hasta nuestros días cada vez más globalizados, los clubes arman sus planteles con jugadores de procedencia variopinta que, aparte de aportar un singular mestizaje cultural, en la mayoría de las ocasiones ayudan a mejorar el desempeño de la tropa.

Ante esta moneda corriente, hay equipos que se aferran a su tradición y muestra eso como motivo de orgullo, incluso con más jactancia que los propios títulos. En estos días, Athletic Bilbao, Chivas de Guadalajara, El Nacional (Ecuador), Malaván (Irán), entre otros, se cuentan como raras avis que con vehemencia defienden una filosofía “criollista” cada vez más en desuso.

Sin embargo, no escapan a la globalización de las masas y sociedades, ni a las migraciones. Por ejemplo, Athletic en sus filas ha contado jugadores que han sido convocados por Francia y hasta por Venezuela. Y en otra muestra, se vio disonante el pabellón de Estados Unidos al lado de una lista casi unánime de banderas mexicanas en la nómina de Chivas para el Mundial de clubes, a pesar de que Alejandro Zendejas tiene ambas nacionalidades.

Las normativas tienen acomodo para no romperse y de alguna manera, mantener la tradición. Pero, en el caso de El Nacional de Ecuador, hubo una ruptura en más de medio siglo de historia y fue gracias a un engaño que para nada sentó bien en su afición y dejó servido a sus detractores un sinfín de burlas.

Ocurrió el año pasado, por estos días de diciembre. Tras muchos rumores, la Federación Ecuatoriana de Fútbol, de la mano de la fiscalía local comprueba que el ciudadano Rinson López no era nativo de Quito y en realidad, era colombiano de nacimiento.

López venía levantando sospechas

El Club Deportivo El Nacional ha visto a finales del 2017 cómo su admirable tradición ha sido arruinada, una tradición poco usual en el mundo del fútbol y que al club de “Los Puros Criollos” de Ecuador le ha durado 57 largos años. Rinson López pasará a la historia de Ecuador y de El Nacional como aquel futbolista de buenas condiciones que recorrió el país mostrando su talento, pero que al mentir sobre su nacionalidad rompió la esencia de un club”, escribió un dolido columnista ecuatoriano sobre el caso.

No fue el único sumario del procedimiento:  Junto a él cayeron tres futbolistas más del país vecino y una semana después, once más entraron bajo investigación.

Para dimensionar el tamaño de la afrenta, hay que reseñar brevemente la tradición de El Nacional: Fue fundado en 1960 bajo el nombre de “Club Mariscal Sucre”, pero no fue sino hasta 1964 que debutó en la Serie A de Ecuador con el nombre con el que se le conoce actualmente. Desde entonces El Nacional, que juega en Quito, adoptó la regla de contratar únicamente a jugadores exclusivamente ecuatorianos. Esta condición se debe tal vez al patriotismo vivo de sus socios mayoritarios: las Fuerzas Armadas del Ecuador, que aparte, suelen financiar con patrocinios onerosos a este particular equipo de fútbol. Dicha tradición se arraigó al club desde su fundación y perduró por más de 50 años, pero a finales del 2017, de forma rocambolesca, tuvo final.

El periodista Reinaldo Romero reveló el documento en el que el gobierno de Colombia confirma el lugar de nacimiento de López

López, al ser el centro del escándalo en este país, apenas atinó unas cortas palabras a horas de ser descubierto el desagravio: “Quiero pedirle disculpas a todo el Ecuador y a El Nacional porque desde los 17 años vine a Ecuador a trabajar. Habían personas que me querían ayudar pero me ayudaron de la manera incorrecta, me sacaron ese documento y ahora me doy cuenta que podía nacionalizarme tranquilamente”, afirmó López.

La vida dura de Rinson

A este lateral derecho le perdonaron la vida en la FEF al confesar su falta. Solo seis meses de suspensión en Ecuador. El defensa, que jugó 46 partidos con El Nacional en sus dos años con el cuadro castrense, tuvo su mejor época en 2017, cuando disputó 29 partidos como titular más otros dos como abridor en (nada más y nada menos) la Copa Libertadores. Su desempeño hizo despertar el cariño del público.

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Pero ¿Quién es Rinson López? ¿Realmente se llama así? ¿Tendrá la edad adulterada? Cuando mientes una vez, todas tus palabras quedan en duda.

López, realmente nacido en Cali el 22 de octubre de 1987, tiempo después confesó que “solo me falsifiqué la nacionalidad. Mi edad y mi nombre se mantuvieron igual”.

Lo que llevó a esto, tiene una dura historia de trasfondo. Esos a los que decía en la disculpa pública que “Habían personas que me querían ayudar pero me ayudaron de la manera incorrecta”, capaz no eran los más honestos. De hecho, falsificaron la nacionalidad a un grupo de colombianos ilegales en Quito, cambiándoles el lugar de procedencia. “Fue a un grupo de personas que nos cobraron una buena cantidad de dinero para darnos los papeles”, reveló.

Y seguimos hacia atrás. ¿Qué hace un jugador de fútbol, con nivel de Libertadores, vagando por la capital de otro país como ilegal?

Entramos a lo espinoso de su historia. López, hijo de un drogadicto que respondió poco por él y cuya madre se desplazó a Panamá para procurar una vida mejor para los suyos, siempre quiso ser futbolista. Probó con Cali y con América, equipos de su ciudad, sin éxito. Llegó a probar con Millonarios, pero un incidente en el que se le acusó de robar unos zapatos, le truncó el avance.

Se resignó con 16 años en jugar con el “Real Madrid de Cali”, un equipo de barrio, como su nombre puede sugerir. Un “vendedor de espejitos” les llevó a él y a otros 34 jugadores a Ecuador con la promesa de que serían fichados y en el peor de los casos, evaluados por grandes clubes.

La mentira se palpó cuando llegaron a la capital de la mitad del mundo. En realidad fueron llevados para reforzar equipos de barrio y la mayoría se regresó. “Solo quedamos cuatro jugadores. Yo dije, ‘¿pa´qué me devuelvo a Cali?’. Tenía que rebuscármela, porque les tenía que enviar dinero a mi esposa y mi hija, que estaba recién nacida. Entonces, me puse a vender periódico”, contó en una entrevista  a AS Colombia.

Rinson regaló varios momentos de alegría a El Nacional

Con trabajo duro, logró reunir 1500 dólares para pagar la falsificación de papeles que le permitiría “estar seguro”. Con ello, a punto de renunciar a su sueño de futbolista, probó con la Sociedad Deportiva Aucas. Allí inició carrera en el fútbol. Luego pasó al Macará, al Espoli. Después a un par de equipos de segunda y  en el 2016 llegó a El Nacional tras recomendación de un observador. Fueron ocho años como futbolista “ecuatoriano”.

En el tramo final antes de la caída, López confesó que ya le costaba disimular: “Cuando me pegaban, no podía decir las palabras usuales en los colombianos. Fue duro estar durante tantos años siendo quien no soy. A veces me tocaba fingir el acento ecuatoriano, pero la mayor parte del tiempo, procuraba hablar poco”.

Hoy, este desafortunado timador ha vuelto a jugar en Ecuador. Es ficha del Deportivo América de la segunda de ese país e intenta hablar lo menos posible del tema. Mientras, al sol de hoy, la gente de El Nacional no sabe cómo ubicar esta anécdota en su estricta historia, o bien, utilizar el infeliz incidente para tomar nuevas políticas de fichaje.