Ronaldo, el fenómeno del gol
Tanto en Madrid como en Barcelona obtuvo buenos dividendos.

 

«El gol tiene el poder de adelgazar. Por lo menos, en lo que a mí respecta», declaró Ronaldo Nazario durante la Copa del Mundo de Alemania 2006. Durante 17 años de carrera futbolística, el ‘Fenómeno’ se caracterizó por su franqueza. Ídolo en cuatro grandes europeos, entendió que toda rivalidad se diluye con pasión dentro del campo. La obesidad, su peor pesadilla; el éxito deportivo, su más grande sueño.

Nació el 22 de septiembre de 1976 y desde entonces parecía tener una misión por cumplir. Criado en un barrio humilde como muchos otros grandes del futbol, Ronaldo emprendió una aventura deportiva que le alejaría de la pobreza. Primero con el Saö Cristovao de su país y luego en el Cruzeiro, deslumbró a todo Brasil. Su talento, descubierto por el mítico Jairzinho, no tardó en seducir a las más exigentes pupilas.

A un año de su debut en el máximo circuito carioca, Ronaldo firmó con el PSV Eindhoven de Holanda; durante su primera experiencia en Europa anotó 42 goles en 46 partidos de liga. El ‘Fenómeno’ no tardó en llamar la atención de las potencias futbolísticas en el viejo continente. En 1996, y a dos años de haber abandonado su natal Brasil, el goleador implacable firmó con el FC Barcelona. Jugó solo una temporada en el cuadro culé, pero se despidió del Camp Nou con 47 anotaciones.

Su facilidad para marcar le abrió todas las puertas del futbol; su instinto goleador le llevó a una liga de alta exigencia física. Para 1997 firmó con el Inter de Milán. Su suerte parecía la ideal y en su primer campaña liguera marcó 25 goles; luego llegaría la tragedia a su vida. En abril del 2000, y luego de sufrir lesiones de mediana gravedad, enmudeció al Olímpico de Roma con un gesto de dolor inolvidable para el espectador. El tendón rotuliano de la rodilla derecha dejó de responder y lo mandó al césped. La consecuencia: Más de un año sin actividad.

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Su regreso a las canchas se dio meses antes de la máxima competición a nivel selecciones. Una tremenda participación en la Copa Mundial del 2002 le valió su fichaje por el Real Madrid; en un principio, la crítica no cesó en contra de Florentino Pérez. Los principales medios españoles dudaron por un momento del potencial de un regordete atacante con un peligroso historial de lesiones.

Durante sus primeros partidos, fue pitado por el Santiago Bernabéu. Su poco sacrificio defensivo le valió mil veces la rechifla de la hinchada merengue. «La afición del Madrid es como una mujer, que la tienes que tener contenta todos los días», atinó a decir en su momento. Quizá sin flores ni piedras preciosas, pero a la larga, Ronaldo supo conquistar al graderío por medio de goles en momentos clave.

A pesar de ser acusado de poco solidario, Ronaldo jugaba al futbol con inteligencia. Sus condiciones físicas nunca le permitieron ser aclamado en el trabajo de recuperación, más bien, ocupaba sus energías en infundir temor a las defensas rivales. Explosivo en espacios cortos, supo convertir cada contragolpe en una aproximación con peligro.  Jugó para el Madrid durante cinco temporadas y luego vino el declive.

Pasó sus últimos días en el Real sintiéndose perseguido. «Cuando marco goles, soy grande. Cuando no, gordo», declaró en 2006 respecto a sus problemas de sobrepeso. Ya sin la misma exquisitez de sus primeros días, pasó por el Milán y luego llegó a Corinthians; sin el brillo de su mejor época, se despidió de la redonda. Su carrera se extinguió en la comodidad de su natal Brasil; dijo adiós con la magia casi en extinción, pero lo hizo con la sonrisa de gozo que durante toda una carrera le acompañó.