Sant´Ambroues también es Milán. La historia del singular equipo de refugiados

Debería ser “Sant´ Ambrogio” (San Ambrosio), pero es Sant´Ambroues, como se le dice al santo patrono en el más puro dialecto milanés.

Escogieron ese nombre porque quieren decirle al mundo que son milaneses. Vienen de distintas partes del mundo, pero se sienten de Milán y aman el gentilicio. Y a la sombra del Derbi de la Madoninna, que enfrentó el fin de semana pasado al Inter y al Milan, este equipo de la tercera división regional tuvo notoriedad en Italia gracias a un reportaje, que con propósito del Clásico, son sacó el diario La Gazzetta dello Sport.

Son cerca de 40 jovenes, todos inmigrantes que vinieron de distintos lugares, especialmente África buscando una vida mejor. Ese el segundo equipo en toda Italia registrado en la “Federazione” compuesto exclusivamente por migrantes, luego de que en 2008 se inscribiera en Roma el “Liberi Nantes”, que juega con los colores de la ONU, en señal de globalidad.

Diez años después, en la región lombarda, se inscribe este club con el mismo propósito: reunir en torno a una causa social a inmigrantes que bien pudieran ser marginados por la sociedad y a su vez, integrarse a la misma a través de una actividad tan enraizada en Italia como el fútbol.

Fue precisamente de un “derbi” milanés que nació este equipo. Black Panthers de Milán y Corelli Boys, equipos de africanos en Milán a nivel aficionado tenían una amistosa rivalidad. En 2017, ambas escuadras decidieron fusionarse para llevar esto a un paso más arriba: ser reconocidos por la Federazione Italiana di Gioco di Calcio y jugar la tercera división regional.

 

 

 

Luchar y no dejarse vencer

El objetivo fue logrado, pero no entraron todos. Varios debían esperar sentencias de asilo. Muchos son perseguidos religiosos y políticos en sus países de origen y registrarlos, ha sido un problema por no tener la nacionalidad italiana en regla.

“En total somos más de 60 jóvenes”, dice uno de los directivos del club, el italiano Gian Marco Duina, quien pertenece a la organización Altro Pallone, para difundir valores a través del fútbol en África. “Seleccionar una escuadra se volvió difícil, pero eso nos dio una idea: hagamos el proyecto más amplio, incluyamos educación a quienes pueden y quienes no pueden jugar”.

El camino, por supuesto, fue difícil. Se necesitaba dinero , tanto para la inscripción (unos 2 mil euros) como para el alquiler de una cancha (dos entrenamientos a la semana, más el partido el fin de semana): “Hicimos una campaña de crowfounding que salió muy bien, con más de 150 donantes”, revela Duina. «Fue promovido por Banca Etica (un banco local): si cobraban al menos el 75% de la suma, ponían el resto «. Así fue, pero luego estaba el escollo de la burocracia vinculada a la afiliación: «Te piden un permiso de residencia válido, o una cita para renovar», nos explican en la sede de la FIGC , más la identidad tarjeta que en algunos centros no tienen, además de , código fiscal alfanumérico y la residencia . Documentos lo suficientemente complicados para sacar”.

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La alegría de ser parte de algo

No importó, todos siguieron adelante. De igual manera, en el camino fueron víctimas de racismo: “nos decían los mismos dirigentes de fútbol que por qué mejor no hacíamos un equipo de waterpolo (por aquello que los africanos llegan en balsa a Italia), algo totalmente inhumano. Pero seguimos adelante y aquí estamos”.

En el equipo hay 14 nacionalidades diferentes, de distintos continentes. Y claro, tres italianos “que son los que mejor saben reclamar al árbitro”, bromea el técnico, el peruano Luis Alberto.

El estratega sudamericano comentó que “siento la alegría de los muchachos, vivir en refugios, carpas, es difícil. Todos pueden entrenar, pero lamentablemente solo puedo escoger veinte porque son los que pueden jugar. Y ha sido difícil. En un partido necesitaba dos cambios y solo tenía en el banco al segundo y tercer portero. Tuvieron que jugar de mediocampistas, pero que ganas le echaron. Sacamos un buen empate”.

Podemos habler de Youssef , un marroquí de diecisiete años que se divide entre la escuela y el fútbol soñando con Mbappé. Luego Kalilou , carpintero en Gambia y ahora jugador-presidente del club , el único africano en Italia en ocupar este puesto. Y el bombardero Kecouta , conocido como Papis , que con un hat- trick contribuyó a la conquista de la primera victoria histórica . Para ellos, como para muchos otros, St. Ambroues FC representa el trampolín para una nueva vida: «Es un punto de partida», dicen los directivos. “El proyecto mira hacia el futuro, es por eso que nunca les pedimos a los niños que nos cuenten su pasado. Muchos llegaron por mar, huyendo de la prisión de Libia, sufriendo traumas psicológicos y físicos”, dijo Luis Alberto.

El mayor temor de todos son los entusiastas de leyes de repatriación de inmigrantes que fragmentarían familias y amistades y que el gobierno italiano estudia seriamente implementar. Pero mientras tanto, sigue la alegría de hablar el idioma universal del balón.

Con información de Vanity Fair Italia y Gazzetta Dello Sport