“Se murió el fútbol argentino”

Horacio Pagani es un periodista histriónico, pero de muchos quilates. Fue un reconocido periodista de impresos, cubrió mundiales y sus últimos años los ha dedicado a ser un analista cascarrabias en la televisión argentina.

El día en el que murió “El Diego”, Diego Armando Maradona, obviamente su palabra fue requerida. Anécdotas, historias, notas… pero hubo una frase que rompió el discurso, que hizo que se le quebrara la voz y que soltara una expresión que quizá solo será valorada en el tiempo: “Hoy ha muerto el fútbol argentino”.

De la figura de Maradona se ha hablado bastante. De su vida, de su sol y de sus sombras. De sus últimos días de soledad, de disputas mezquinas.

¿Qué viene después de Maradona?

Se preguntan los argentinos. Inconscientemente, porque el dolor y la sensación de orfandad es tan grande que en loop se repite una y mil veces el gol de Diego ante los ingleses en la cabeza de los albicelestes.

Argentina, una gran nación, hoy está severamente golpeada en lo económico. Hay una crisis social, sumada a la pandemia, que hace que la salud de la autoestima colectiva no esté nada bien. Y de paso, se muere un ícono de la argentinidad.

Argentina, de nuevo, es un país con un potencial enorme. Pero, como muchos de nuestro continente, pesimamente manejado. Y eso llega hasta el fútbol, que fue junto a la música, el principal producto de exportación cultural.

El fútbol argentino marcó la región latina de habla hispana: modismos, formas tácticas, estructuras periodísticas, barras bravas… La identidad latina del fútbol en español se forjo en la fragua de la tradición porteña. Cada país, con sus matices propios, con su raigambre local. Pero de que influyó, influyó.

Brasil, pentacampeón del Mundo, con una liga bien estructurada y siendo el principal exportador de futbolistas del planeta ni remotamente tiene la influencia cultural que su némesis sudamericano.

La gloria, cada vez más lejana

La pelota, ha llenado de orgullo a Argentina, pero hoy no está su máximo exponente, Maradona. La albiceleste, con dos títulos mundiales, no tendría la resonancia global si no hubiese existido Maradona.

Aparte, Maradona, ídolo cercano, genio que hablaba igual que el pueblo, se puso sin querer la bandera de la revancha cuando humilló futbolísticamente a Inglaterra, aún con la herida abierta, con la memoria fresca de unos británicos que habían masacrado jóvenes argentinos en una guerra sin sentido.

Con eso, fue más que suficiente para ganarse el título de héroe nacional. Sus jugadas, su verbo incendiario, solo fueron elementos que complementaron su grandeza.

Pero su cénit fue hace 34 años. Desde,Argentina 1986 no gana un Mundial y desde 1993, hace 27 años, no gana un título. Esa vez, fue la Copa América de Ecuador, en la que Diego no estuvo, por dar positivo por doping estando en Napoli.

Amén, que desde 2002 un equipo americano no gana una Copa del Mundo y Brasil es el único de la región que se esfuerza por al manos hacer guerra a los europeos, quienes prometen un largo monopolio.

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Según el CIES de la FIFA, Francia ha desplazado a Argentina en el segundo lugar de los países que exportan jugadores a ligas de nivel. Brasil, sigue en el primer puesto.

Y es que en los noventa, era fácil recitar el once de Argentina: Batistuta, Caniggia, Goycoechea, Caniggia, Ruggieri, Simeone…

Ya entradito el siglo XXI, también se podían citar varios reconocidos: Hernán Crespo, Juan Pablo Sorín, Ariel “Burrito” Ortega, Verón, Marcelo Gallardo, Claudio “Piojo” López, Javier Saviola…

Hoy, el que no es muy futbolero atinará a decir: Lionel Messi, Lautaro Martínez y Dybala.

Decadencia del fútbol argentino

El combinado argentino cada vez tiene menos estrellas y menos jugadores en equipos top. Hay una devaluación progresiva del producto del fútbol. Y la selección es reflejo de ellos.

Una estructura federativa que quedó agrietada después de la muerte del presidente de la AFA, Julio Grondona. No se entiende, como con técnico como Gareca, Pochettino, Berizzo, Simeone, Gallardo y otros argentinos no consideren atractivo dirigir a su país. Tuvo que tomar el mando un DT que nunca había dirigido ni siquiera en segunda división: Lionel Scaloni.

Hablando de Gallardo, el exitoso técnico de River Plate, lanzó una sentencia dura un par de días antes de la muerte de El Diego: ““En un fútbol argentino donde hay mucha rosca política, donde todos juegan a ver de dónde sacan ventajas, tenemos que cambiar eso, ser serios, no solo parecer y ahí es donde dejamos muchas dudas. Me da pena por el fútbol argentino”.

Previo a un duelo de Copa Libertadores, prosiguió: “En plena pandemia, cuando el fútbol estaba interrumpido, dije que el fútbol iba a entrar en decadencia y se está viendo en un fútbol chato en el que no se juega por nada y eso afecta. Se ven partidos feos”.

ES que la liga argentina, está lejos de ser ese torneo que inspiró a todo un continente. Han ampliado los participantes (hoy 24, esperan que sean 30), el talento está más distribuido y los equipos élite, cada vez lo son menos.

La política ha metido su mano. Para ascensos, para descensos. En los contratos de televisión. Y todas estas noticias terminan minando el autoestima del hincha argentino que ve cada vez más lejos las glorias conquistadas.

Un recorrido periodista, Fernando Niembro, reflexionaba sobre algo que le generaba inquietud. Veía, en las calles principales de Argentina más camisetas de equipos extranjeros que los propios. El producto, se ha devaluado.

Entre esas camisetas está las de Messi, con Barcelona. Le han colocado la investidura de redentor de una Argentina alicaída. Pero, es un ídolo lejano. Su gloria va más con el mundo catalán. “De argentino, nada”, murmuran en Buenos Aires.

Por eso, cuando Diego se va, la orfandad se hace profunda. Lo que hizo, es irrepetible. Pero el vacío que deja, parece imposible, al menos hoy, de llenar.