Por Kique Guadarrama.

Una de las últimas traducciones de autores clásicos que nos ofreció el gran Poeta Rubén Bonifaz Nuño fue la de la Farsalia(UNAM, 2004). Es éste un vasto poema épico que se acerca en sus afanes a la Odisea, a la Ilíada y a la Eneida. Una particularidad, sin embargo, la distingue de estas grandes obras que la precedieron: en la Farsalia los dioses no intervienen en los asuntos de los hombres. Éstos, en manos de ellos mismos, obran sus actos, recogen sus consecuencias.

Hay en el lustroso trabajo realizado por don Rubén Bonifaz un apartado de singularidad notable, al menos para mí: la breve “Introducción” con que el Poeta presenta el texto traducido. En la misma, traza sus reflexiones sobre determinados asuntos de la obra, entre ellos el de ‘La acción heroica’. Llegado un momento en la batalla, nos dice, el bando que en inferioridad se encuentra, huye, despuebla el campo, “pero no todos; ésa es la circunstancia esperada por el héroe// En medio del temor y la fuga de sus compañeros, él decide quedarse y resistir. Y lo hace… consciente de su propia debilidad, solo y sin amparo, se opone así, por un deber que él mismo se impone, a poderes que sabe incontrastables.”

Qué mejores palabras que las de este inmenso Poeta (de quien aquí recomendamos amplísimamente la obra) para acercarnos con preclara inteligencia a los hechos realizados por la selección de Costa Rica.

Tres momentos:

1- Costa Rica llega al otrora llamado Campeonato Mundial de Futbol con un juego efectivo, sincero. El equipo no deja lugar a dudas, ha evolucionado su futbol al grado tal de dejar en la lona al eterno orgulloso México.

2- El sorteo para la Copa es del todo injusto, pleno de mala suerte para los centroamericanos que habrían de compartir grupo con excampeones del torneo: Uruguay, Inglaterra e Italia. Nada borrará de mi memoria aquella noche en que las redes sociales fueron burla y escarnio por el destino de Costa Rica. Nadie, quiero decir, ni los costarricenses ni nadie, no, nadie, veía una mínima luz entre las tinieblas por que tendría que adentrarse este seleccionado nacional.

¿Dije nadie? Falso. Un puñadito de hombres digirió por el resto de su gente la mofa y la conmiseración global. Charlaron, meditaron, se prepararon. Quisiera saber cómo fueron las noches de Keylor Navas o de Bryan Ruiz antes del silbatazo inicial del partido contra los uruguayos. ¿Cómo?
Antes de llegar al tercer momento quisiera volver a la Farsalia. Y más que al grande y arduo poema que es, quiero hablarles del muchacho que lo escribió. Lucano, originario de Corduba (actual Córdoba) en la Hispania Bética. Un muchacho que por deseo y órdenes de Nerón es puesto a componer una gran epopeya sobre la guerra civil ocurrida en los campos ematios. Una guerra que enfrentó a romano con romano, hermanos, padres, hijos. Este muchacho habría de escribir ese gran poema para el infame Nerón. Y lo que hizo fue llenarse de todo el conocimiento para crear la obra total que contara y cantara aquel álgido momento de la historia romana. A sus veintipoquísimos años Lucano acomete la empresa de un canto mayor y en el decurso de su escritura entiende que sobre todo ama la libertad y que su talento no puede quedarse al lado del tirano. Participa en la Conjura de Pisón que buscaba acabar con éste. La conspiración es descubierta. Marco Anneo Lucano es condenado por Nerón a suicidarse y elige, como estoico, abrirse las venas. Contaba 26 años y la muerte le llegaba lentamente al escapar su sangre el 30 de abril del año 65. Volvamos las palabras de Rubén Bonifaz Nuño: “Aquí está, pues, Lucano, desesperadamente ambicioso en la miseria de la juventud. Como aspira a apoderarse de la totalidad, ha aprendido a explorarlo todo. Nada hay, ahora, que le sea ignorado.”

Lee también   La MLS como trampolín definitivo a la crema europea

El poema, proyectado a doce cantos queda solamente en diez. Los esfuerzos de la mujer de Lucano, Pola Argentaria (a quien siglos después recordaría sor Juana es su Respuesta a sorFilotea), se centran en resguardar el poema y que pueda ver la luz en días más claros. Gracias a ella se conserva.
Regreso a nuestros días.

3- Aquí está Costa Rica, desesperadamente ambiciosa en la miseria de su circunstancia. Una nación que cabe en una mano de América permanece. Entiende y no huye. Una oncena de hombres comunes entra a una cancha, sale siendo un grupo de héroes que deberán ser cantados en versos llenos de lujo.

Uruguay y ahora Italia han sido víctimas de su propia soberbia y del arrebato del que se tenía por débil.

Aquí está Costa Rica.

Si algo tan poco noble como la pena ajena existe, haber debiera el orgullo ajeno por un país que además, es tan bueno, tan sin deudas ni temores, que ni ejército tiene. Ya los siguientes días escribirán los hexámetros de esta odisea centroamericana.

Hoy Costa Rica es insigne.

Aquí está, pues, nuestro orgullo de hermanos.

La admiración ante la valentía y el coraje.