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[Canción para acompañar: «Minor Beatrice» – Andrew Bird]

Rompió el cascarón en 1912 e inmediatamente lo tacharon de raro. Tuvo la mala suerte de nacer queriendo jugar al fútbol, en una zona donde el Rugby era una religión, más que un deporte común y corriente. Eso conllevó a que lo criticaran y maltrataran durante sus primeros años, generando un sentimiento déspota hacia él, que lo acompañaría durante gran parte de su vida. Era el destino y, ante eso, nada podía hacer el Patito.

En primera instancia, dicha situación no le importó. Él tenía claro su objetivo, el cual era jugar con los otros patitos, ya que ingenuamente creía que eran los únicos interesados en jugar fútbol. En su niñez, el Patito había crecido entre vicias, unas plantas exóticas que crecían en la zona, y les había agarrado un cariño enorme. Armó un pequeño campo de fútbol alrededor de un jardín de vicias e invitó a todos los patitos a jugar, con la única condición de que lo tenían que integrar de forma permanente a su liga. Aceptaron, pero de mala gana. No les agradaba la idea de que alguien tan «distinto» estuviera en un círculo social y deportivo tan «exclusivo». Ésto si que causaba mucha frustración y tristeza en él, porque no entendía en que sentido era tan diferente.

El Patito comenzó a jugar y daba señales de ser bueno. Cuando Róver, un cisne que vivía a las orillas del río Blakewater, en Lancashire, lo visitó (siendo éste el primer cisne que se dignaba a visitar el humilde campo de vicias), el Patito no se achicó y le ganó el partido que disputaron. Los demás patos no lo podían creer. Su pariente, deforme y diferente, le ganaba al mismísimo campeón de la Liga de los Cisnes, en aquel entonces. Ésto desató una envidia tremenda entre los demás patos y terminaron por hacerle la vida imposible al Patito.

Durante años, desde el incidente con Róver, los otros patos se la pasaron maltratando al Patito. Lo mandaban a jugar con los patos más desagradables y tontos que pudieran existir, de segunda, tercera… ¡y hasta cuarta generación! Los peores de todos.

De vez en cuando, el Patito hacía cosas sobresalientes para ganarse el respeto de los otros patos. Hubo un par de ocasiones en que alcanzó las semifinales de la Copa de los Cisnes, un logro nada fácil dentro de la comunidad avícola. Pero la hermosura de aquellos cisnes era proporcional a su poder. En ambas fracasó. En la primera de ellas, un cisne mediocre, conformista, del «montón», llamado Balton, le metió una soberana paliza por 3 a 0. En la segunda, la humillación estuvo peor ya que fue eliminado por otro pato que había conseguido llegar hasta ahí, llamado Preston.

Sin embargo, dichos intentos de hazaña no funcionaban. Nada funcionaba. El Patito estaba cansado de seguir jugando con los patos tontos ya que no tenía ningún valor agregado en su vida y sólo lo hacían sentir solitario. Hasta que llegó el momento que había esperado toda su vida…

Un día, un español caminaba sin compañía ni rumbo alguno a través de la tierra de las vicias. Mientras admiraba el paisaje, divisó a lo lejos al Patito y decidió ir a conocerlo. Se presentó como Roberto y tras una charla larga y tendida, quedó impactado con la vida del animal.

Roberto, aún con asombro, le dijo al Patito que él en realidad no era un pato, sino que un verdadero cisne. El Patito se resignaba a creer eso; él estaba convencido que era un pato sin importar qué. Roberto le explicó que no importaba si fuese pato, cisne, paloma, águila, tecolote o tucán, porque las diferencias en alguien eran algo para sentirse orgulloso y no triste; además de que son armas de gran poder para lograr sobresalir en la vida. El Patito aun no le entendía del todo pero para que no hubiera duda, Roberto le prometió que lo cuidaría y entrenaría para que algún día llegara al lugar donde realmente pertenecía: la Liga de los Cisnes.

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Eran tal para cual. Juntos comenzaron a vencer a todos los otros patos. Barrieron en un abrir y cerrar de ojos con los patos estúpidos de la cuarta y tercera generación. Cuando llegaron a la Liga de los Patos, aquellos que le hicieron la vida imposible durante años, el Patito ya no estaba acomplejado y terminó alzándose con el título del certamen ante el asombro de todos. Lo hizo de manera categórica, consiguiendo 92 puntos y una racha de 18 partidos sin derrota. Nunca antes un pato de la tierra de las vicias había conseguido esa marca.

Cuando llegó a la Liga de los Cisnes, el Patito se sorprendió al ver que ninguno de ellos lo miraba raro. El asombro creció más cuando todos los cisnes lo invitaron a unirse y ser uno más de ellos. El Patito no entendía ya que no estaba acostumbrado a cordialidades. Hasta que un día, Roberto llevó al Patito a un lago de la zona y le dijo que observara el agua. Cuando lo hizo, vio su reflejo y quedó impactado. ¡Era un verdadero Cisne!

Se olvidó de todos los años de sufrimiento y comenzó a disfrutar la vida. Algunos cisnes distinguidos de la liga, como Arsenio, El Ciudadano y Rojo, se reían de vez en cuando de él por haber convivido con patos toda su vida, pero el Cisne ya no caía en ese tipo de juegos y les callaba el pico de una vez con categoría, sin importar que fuese un miembro nuevo.

Sólo faltaba algo: darse a conocer ante el mundo para que otras aves que estuvieran en su caso, pudieran sobresalir. Para eso, necesitaba un escritor que pudiera plasmar su vida en algún tipo de material que fuese fácil de distribuir. No tuvo que esperar demasiado y en el 2012, el Cisne encontró a su alma gemela. Un escritor danés reconocido en todo el mundo como una «leyenda» por sus obras maestras en años anteriores. El escandinavo visualizó la vida del Cisne y no dudó por un segundo que estaba para algo legendario, para otra obra maestra, cuyo lugar de presentación debería ser un escenario histórico y majestuoso, algo como Wembley.

«…Y rizó entonces sus alas, alzó el esbelto cuello y se alegró desde lo hondo de su corazón, jamás soñó que podría haber tanta felicidad, allá en los tiempos en que era sólo un patito feo.»

Lo que acaban de leer, es una adaptación del famoso cuento «El Patito Feo», escrito por el autor y poeta danés Hans Christian Andersen, a la historia del Swansea City, equipo galés que pertenece a la English Premier League y que acaba de ganar la Capital One Cup, bajo la dirección del danés Michael Laudrup.

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