Después de la tormenta llega la calma, dice el dicho, sin embargo, en ésta ocasión después de la emergencia seguirá la crisis en nuestro país. Un México que se unió como nunca lo habíamos visto muchos de los que no vivimos los sucesos de 1985, en una época donde la información  viaja a la velocidad de un tuit. Info-rmación verídica, no verificada y sobre todo fraudulenta que hizo tambalear a altos mandos del gobierno y grandes medios de comunicación porque pensaron tratar la tragedia como si fueran otros tiempos.  La gente no se sentó a esperar el «comunicado oficial» y salió a las calles demostrando unión y después de superar el shock inicial, una organización impecable, sin embargo ahora mismo seguirá una crisis de vivienda, del miedo con el que vivirán por mucho tiempo varios habitantes de los sitios afectados y tal vez un éxodo de los mismos a ciudades que consideren mas seguras o donde puedan volver a empezar.

 

El partido que no pedimos jugar se tendrá que ir a tiempos extra, pero puede servir más que para reconstruir, para crecer desde una nueva semilla a través del movimiento telúrico-social que generó el repudio a altos mandos del gobierno y grandes emporios que han tratado de sacar ventaja de la tragedia de alguna u otra forma. No perdamos la inercia, tenemos que continuar apoyando en lo que podamos; ya que quedó demostrado con creces que soldados, marinos, policías, topos, brigadistas y gente común de todas partes se puso la camiseta nacional sabiendo que unidos nadie nos para. Una ciudad inmensa como la capital del país poco a poco tomará su rutina con su belleza atiborrada de autos y su gusano naranja transportando en sus entrañas a sus habitantes, lo que nos toca ahora como la generación de recambio que está tomando las riendas del futuro es no olvidar a los nuestros nunca más, tener en cuenta que muchas comunidades seguirán necesitando que dejemos el corazón en la cancha aunque las piernas ya no nos respondan, sin dejar de demostrar el hartazgo que tenemos con “la gente de pantalón largo” para que los que en realidad estamos en el terreno de juego sudando la camiseta en todos los frentes, podamos ganar el partido de nuestras vidas una vez que lo hemos remontado gracias a la ayuda y ante la algarabía del mundo entero. El golazo al final del tiempo regular ya lo anotó el México verdadero. Ahora, de la mano de todos los damnificados, en todas las regiones de nuestra geografía y pensando en las víctimas fatales que septiembre se llevó, estamos a instantes de que la ocarina está por sonar para empezar a jugar unos pesados tiempos extra.

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