Tigres y su búsqueda infructuosa por la grandeza

En un mundo tan interesante como el futbol, ganar no es suficiente; conquistar un trofeo o un título no es garantía de éxito; tener dinero no es sinónimo de respeto entre los otros clubes y contar con una afición que llena un estadio, no es garantía de apoyos. En el mundo, el club que mejor ejemplifica todo lo anterior son los Tigres.

Tigres es un equipo que cuenta con un sólido poder financiero que hace que pueda comprar los jugadores que quiera; como si tratara de un poderoso, es capaz de convencer a los jugadores con montones de billetes para integrarse a sus filas, algo que se ha hecho evidente en los últimos años y que se ha traducido en títulos a nivel local.

Otro de los grandes bastiones del equipo felino es su estadio; un recinto que es capaz de competir con colosos como la Bombonera, el Monumental, Anfield Road o Marakana en cuestión de ambiente y en amedrentar a sus rivales; si la afición es el jugador número 12 como dicen algunos, la afición de Tigres cumple perfectamente con este número y sobre todo, cumple un gran papel.

No obstante, lo anterior son apenas nimiedades dentro de lo que es ser grande; ser grande también implica tener jerarquía, ese misterioso poder que tienen todos los equipos que son capaces de ganar en cualquier cancha y ante cualquier circunstancia. Aquellos que hacen jugar mejor a sus rivales o que hacen que sus oponentes fallen en los momentos clave, por la única razón de enfrentarlos.

Tigres nunca ha ganado sus partidos con jerarquía; la mayoría de sus triunfos son por la mínima, pidiendo la hora, y por si fuera poco, se han hecho aún más pequeños a nivel internacional; basta recordar el ridículo que han hecho tanto en Libertadores como en Concachampions, y aunque el Tuca es el principal responsable, tampoco es el único.

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Ayer el equipo felino perdió en el marcador, pero también demostró porque no puede ser considerado grande; un equipo que salió con miedo a ganar, un equipo que jugó a especular, un equipo que tras recibir un gol no supo reaccionar y que se ha cansado de demostrar que depende casi exclusivamente de un jugador que no pasa por su mejor nivel.

Ni aún ganando la Concachampions, Tigres podrá demostrar que es un equipo grande, es más bien un nuevo rico, sin la menor idea de cómo comportarse cuando tiene dinero; saber qué hacer en los grandes eventos es un requisito indispensable para tener clase y jerarquía, algo que se ha cansado de demostrar que no tiene, y que nunca tendrá.