[Tiempo de lectura: 3 1/2 minutos]
[Canción para acompañar: «Latinoamérica – Calle 13″]

Jerry es un americano que viaja por México estudiando las civilizaciones antiguas que habitaron estas tierras. En su paso por Chetumal, Jerry da las últimas patadas de un viaje en donde se ha empapado de la cultura maya a más no poder y relata dichas experiencias mientras compartimos un vaso de agua en una calurosa tarde. Tras decenas de templos, pirámides, pueblos mágicos y leyendas por esta zona, Jerry se sorprende más de la cultura mexicana que de la maya. Él, como la mayoría de nuestros vecinos del norte, intenta practicar su pobre español con las típicas frases «Grracias», «Pour Favour» y «Soy de lous Estadous Unidous», entre otras. Lo que a él le sorprende, es que con quienes ha tenido más éxito para practicar su español es con los niños, en lugar de los adultos, como muchos pensarían. Jerry atribuye esta particular respuesta a la timidez y el exagerado respeto que el mexicano le tiene al extranjero, mismo que es nulo en los infantes.

Esa misma timidez y respeto, han hecho crecer desmesuradamente el bolsillo y ego del argentino a costa de nosotros (*1). Si bien no hay duda que Argentina manda a Europa Aimares, Pastores y Mascheranos a diestra y siniestra, nuestra tierra tiene que albergar, con un buen billetazo de por medio, a Castromanes, Marinos y Biancucchis por el simple hecho de ser cortados con la misma tijera, sin saber siquiera si el listón es de similar calidad.

Hace tiempo que el fútbol evolucionó, para bien y para mal. Mientras en México se ha ido cambiado poco a poco el «Sí se puede» al «Sí se pudo», en Argentina siguen estancados creyendo que el futbolista «nace» y que con técnica y nombre, se gana un partido. No nos engañemos eso sí. Para nosotros todavía es un orgullo y una alegría ver a Héctor Moreno defender los colores del Espanyol, mientras que en Buenos Aires sólo ven los partidos de los Periquitos para reirse de como Juan Forlín y Diego Colotto han caído en un equipo tan «bajo».

Lee también   Guía de TV | 13 al 19 de marzo 2012

Nuestra pequeña mejoría y su repentino descenso, no evitarán que Argentina siga siendo la segunda mayor fábrica de exportación de piernas en el continente americano. Un descaro de Sinha o un globito de Benítez, si que hará reflexionar a más de uno sobre donde deben de poner los pies realmente. Pero no al argentino, no señor. Él ha crecido con una superioridad autóctona inculcada, una élite sin fundamentos, un rechazo a aprender de los de afuera, un aislamiento a la historia y una ceguera a la causa.

Es irónico que un brasileño y un paraguayo, en un torneo internacional, sean señales de que el peso mexicano tiene mejores frutos si se invierte en una nación propia con personalidad y seguridad. Tal vez ese «rechazo a aprender de los de afuera» (*2), que nunca ha existido aquí, nos lleve en un futuro a reirnos de los mexicanos que jueguen en equipos europeos de media tabla.

Sígueme en @Nicoliszt.

(*1): Llevo 10 años viviendo en México. Me siento como uno de ustedes.

(*2): Yo lo llamaría mejor «rechazo a depender de los de afuera». Aprender de los demás es una riqueza única.