Domingo 23 de marzo del 2014,

La espera es grande. La incertidumbre crece. Me levanto temprano, como siempre. Quiero despejar mi mente pero no puedo porque sigo pensando en el partido que espera en la noche: Es día del Real Madrid-Barcelona y los boletos están agotados desde hace mucho tiempo.

Aquellos que organizan viajes y paquetes a este evento se llevan la mayor parte de las entradas. Además de ello, sólo los socios y abonados son los que reciben boletos; las taquillas del Bernabéu abren durante la semana del partido; no obstante, toda esa semana permanecieron cerradas y el anuncio de «entradas agotadas» reinaba en el ambiente.

A la gente no le servía de nada esperar. Era inútil pues… ¡NO HABÍA BOLETOS!

Si estas en España por mucho tiempo, debes tomar previsiones y asegurarte de asistir a este magno evento. No puedes perderte esta única oportunidad. Y es que el Real Madrid-Barcelona es cómo la cúspide del futbol en el mundo. Es como cuando empiezas trabajando en el puesto más bajo de una empresa y aspiras a llegar a ser el jefe de toda la organización.

Así es el Madrid-Barça. Empecé, de pequeño, a asistir al Cuauhtemoc a ver jugar a mi Cruz Azul cuando visitaba al Puebla y no podía creer que estaba tan cerca, y ,a la vez, tan lejos de asistir al ‘clásico de clásicos’; aunque para mucha gente la mercadotecnia en torno a este partido lo agrande, no podemos negar que, hoy y en esta última década, los dos grandes equipos españoles tienen a las mejores plantillas del mundo.

Llegó la tarde y fui con mi compañero de piso, un aficionado culé de punta a punta por cierto, a comer. Ya eran las cuatro de la tarde y el partido se jugaba a las nueve de la noche… Debía apresurarme porque si quería llegar a tiempo a conseguir un boleto, el tiempo iba en mi contra.

Salí de Villaviciosa de Odón (un pueblito en las afueras de la capital) y tomé el autobús que me llevaba a la linea 6 del metro, la que llegaba directo al Santiago Bernabéu. Cabe mencionar que en días de partido, esta linea está a tope y en día de clásico… Pues ya se imaginarán.

Llegué lo más temprano que pude al Estadio y no cabía un alma en los alrededores. Regularmente dilataba una hora para llegar… Pero como era el Madrid-Barça, tardé casi el doble y además de ello el operativo policial te impedía cruzar del otro lado del estadio.

Llamé ,como si mi vida dependiera de ello, a mi amigo que había conseguido los boletos (en reventa, claro) y no contestaba. Era una broma más del destino.

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Insistí un sinfín de veces hasta que entró la llamada y lo localicé

–  ¿Qué onda wey?, ¿dónde estás?

– ¿Qué? ¡No te oigo!

-¡P**** Madre!, ¿qué doonde estás?

– ¡Aaaaaah!, ¡estamos en la entrada D!

– ¡Sale!, ¡Voy para allá!

Eso era lo último que necesitaba. Estaba del otro lado del estadio y con esa cantidad de gente, más el operativo de policía, iba a ser casi imposible pasar… Pero era ahora o nunca. Debía llegar.

Ya eran las ocho y la gente seguía entrando al Estadio y yo todavía no tenía boleto y ni siquiera había encontrado a mi amigo…

Total, lo localicé 20 minutos después y, como todos ellos ya tenían su entrada, me dijo lo siguiente:

– ¡Quédate aquí y no digas nada!, ¡voy con este cuate por tu boleto! y vengo a dártelo

– Ok…

– ¡No es seguro que lo tenga eh!, ¡Si no llego al diez, quiere decir que ‘ya te la pelaste’!

– Ya ni modo. Confío en tí, ¡pero vuélale!

Durante 30 minutos, una de las esperas más largas que recuerde, la incertidumbre se apoderó de mí. No sabía si debía apartarme una silla en el bar de enfrente o si debía esperar… Tenía, no obstante, un buen presentimiento:

Me dijo que llegaba diez minutos antes de que empezara el partido y no cumplió. A pesar de ello, no perdí la esperanza y decidí aguantar un tiempo más… Tenía todo que ganar y ya más nada que perder.

A las 8:55 logré verlo entre toda la multitud que seguía esperando una entrada… Corrió hacia mí y me dio el tesoro.

Se fue a su lugar y yo, en estado de gracia, pasé todos los filtros de seguridad y llegué hasta dentro del Bernabéu y, como los asientos están numerados, debí buscar el mio.

Llegué a mi lugar cuando ya estaba el himno del Real Madrid y los equipos se preparaban para entrar al campo; y aún así, tuve la fortuna de sentarme junto a dos de mis amigos para ver este gran espectáculo.

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Al final, puedo decir que cumplí uno más de mis sueños: Presencié siete goles, un partido vibrante con volteretas y una majestuosa actuación de Lionel Messi en la capital de España.

Moraleja: No te rindas nunca, ya que cuando más parece que no vas a lograr aquello que quieres… Al final la recompensa valdrá toda la espera.