Discúlpenme, pero les tendré que hablar como un fanático con excelente redacción. Hoy Nicaragua consiguió un que sabe a los vinos de Zeus y a gloria deportiva. Mientras los ojos del mundo estaban distraídos por los clasificatorios a CONMEBOL alrededor del Trópico de Capricornio, y por el Hexagonal en Norteamérica, Nicaragua disputaba otro partido histórico: la vuelta del repechaje a Copa Oro contra Haití.

Aficionado nicaragüense con lágrimas y la euforia a tope Foto: Jhonny Murillo

Si, ante los ojos de usted, lector mexicano, la pequeña y miserable Haití no suena a nada. El país más pobre de este hemisferio puede no inspirar miedo ante la renacida potencia de CONCACAF. Sin embargo, ante los ojos de un fanático nicaragüense, Haití se miraba como un imponente Leviatán caribeño que destrozaría una vez más nuestra ilusión de llegar a la Copa Oro.

Haití con una base de jugadores en Polonia, Francia, e incluso en MLS, nos reducía. Haití, la número 69 del Ranking, nos inspiraba miedo, a nosotros los 118 del ranking. A nosotros con apenas dos jugadores en Guatemala, uno en segunda de Islandia y otro en primera de Perú. El partido comenzaba con los 5 segundos más aterradores que recuerdo. ¡Casi nos anota Haití en los primeros cinco segundos! Pero no importó, la Azul y Blanco siguió jugando.

Increíblemente tocamos el balón, y presionamos al haitiano, más corpulento, más alto, con más bagaje internacional. Balón al palo. El gol no caía. El haitiano se desesperaba, nada comparado a la vapuleada 3-1 que nos dieron en Puerto Príncipe, cuando nos borraron del campo. Y que parecía borrar toda aspiración. Como siempre decíamos. Que equivocados estábamos.

Seguíamos en la cancha haitiana. Pero el maldito gol no caía. Nos íbamos al medio tiempo. Asustábamos al haitiano entrando del vestidor. El haitiano nos volvía a asustar, metiéndonos un gol. Mi corazón se desplomaba, pero el mexicano Jorge Isaac Rojas invalidaba el gol. El balón había salido del campo y mi fanatismo me había cegado. El partido se espesaba, la defensa tenía las piernas cansadas, golpeadas, hinchadas, comenzaba el balonazo largo. Perdíamos la esperanza, se asomaba el final del partido. El Anfiteatro que llamamos Estadio Nacional estaba callado.

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Los 5 minutos finales y la remontada historica

Rojas pita penal al 84’. El júbilo regresa al Estadio, y fue ahí cuando lo vi. A aquel que puedo llamar Capitán. Mi capitán y amigo, Juan Barrera, primer nicaragüense en Europa, tomaba el balón. Y metía el gol de la esperanza al 85′. Haití se volcaba al ataque pues miraba su pasaje a USA en riesgo.

Un despeje de la defensa de Nicaragua y Barrera, de nuevo cabeceaba sacrificando el físico. Un gol, y ya estábamos en Copa Oro. Era el minuto 87’.

Haití desesperado, aturdido, golpeado y agresivo al ataque de nuevo. Otro despeje, otro gol (que digo gol, golazo) de mi Capitán al ’89. Hat-Trick, Clasificación e Historia para Nicaragua. Nicaragua, un país centroamericano en donde clasificar a Copa Oro equivale a clasificar al mundial, se ganaba el chance de codearse con gente grande del Hexagonal.

El público nicaragüense celebra en grande su clasificación a la Copa de Oro

Nicaragua, un país en donde se dice erróneamente que el baseball es el deporte rey, clasificaba a la Copa Oro. Pasaje que nos costó 8 años en replicar. Mientras México da por sentado ganar la Copa Oro, para nosotros equivale a probar del más dulce vino, y sentirse un país futbolero, aunque sea por un verano.