Americo Gallego ganó el Mundial de 1978 con la selección de Argentina

“Soy un luchador, soy un tipo que nació en Córdoba, que a los dos años se fue a Rosario con su mamá y empezó a transitar una vida difícil, sin padre y con cuatro hermanos”, declaró en alguna ocasión el gran mediocampista argentino Americo Gallego, uno de os mejores jugadores en la historia de River Plate, campeón del Mundo en 1978, un técnico ganador; pero también un jugador rudo, agresivo y que después de ganar títulos como entrenador olvidó la fórmula ganadora.

Nacido un 25 de abril de 1955, desde muy joven descubrió que su gran pasión era el futbol; sin embargo, los problemas personales condicionaban su estancia en el deporte, a tal grado que en algún momento considero dedicarse a otra cosa. No obstante, Jorge Grifa lo convenció de mantenerse en este mundo, pues sabía que había un mediocampista de gran clase: “De chico, cuando yo estaba en Newell´s y quería dejar todo porque me ponía de a tres, me fue a buscar para que no abandonara, incluso me daba vitaminas todos los sábados”, declaró en una entrevista.

Americo Gallego en sus primero tiempos con Newell´s

Tras pasar por todas las categorías de la Lepra, debuto en primera división el 15 de diciembre de 1974, en un partido frente a Talleres de Córdoba, partido que finalizó 3-1 a favor de su equipo. Desde su debut mostró un talento y carácter que rápidamente lo consolidaron como titular del equipo, que lo llevó a ser el guía, y aunque no pudieron conseguir un título, el esfuerzo mostrado le sirvió para ser llamado a la selección argentina, con la cual se coronó campeón del Mundo en 1978, consolidándose como el mejor mediocentro del futbol argentino, llevándolo a fichar por River Plate en el año de 1981.

Llegó al cuadro millonario y de inmediato empezaron problemas, pero el Tolo, fiel a su estilo, no se dejó intimidar por nadie. Su primer rival fue Reinaldo Merlo, quien en ese momento ocupaba su posición en el campo, por lo que tras una serie de discusiones, le dijo a la directiva “Merlo o yo”. La directiva riverplatense se decantó por su nueva contratación, quien demostraba ser un rebelde en toda la extensión de la palabra, pues cuenta que cuando era suplente en River llevaba un radio a la banca, aunque él asegura que era por una buena razón: “Me llevaba la radio para escuchar los otros resultados y también para escuchar como analizaban al que estaba jugando por mí”.

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Pese a no atravesar un buen momento en River, Menotti lo convocó para disputar el Mundial de España, certamen al que la selección de Argentina llegaba como favorita; sin embargo, Gallego fue expulsado en el primer partido de la segunda fase de grupos frente a Italia, por lo que no estuvo en el duelo que eliminó a la albiceleste ante Brasil. Años después reconoció que no debió haber acudido al evento: “Algunos jugadores, entre los que me incluyo, no tendríamos que haber jugado ese mundial, porque no estábamos bien, y había gente joven que podría haber hecho mejor las cosas”.

Gallego celebrando el título de la Libertadores con River Plate

El fracaso mundialista significó el adiós de la selección, lo que paradójicamente, le beneficio, pues le permitió dedicarse exclusivamente al conjunto millonario, asumiendo el rol de líder del equipo, siendo uno de los principales artífices en la primera coronación de River en la Copa Libertadores en el año de 1986, frente al América de Cali; como capitán terminó levantando el trofeo que había representado una autentica maldición para el equipo, pues debido a sus actuaciones en el torneo fueron bautizados como Gallinas por el resto de sus días.

A pesar de que se encontraba en su mejor momento, nuevamente aparecieron problemas en su trayectoria, pues la llegada de Menotti al timón millonario terminó por mandarlo a la suplencia, lo que aunado a un desgaste físico importante determinó que el jugador optara por el retiro a la edad de 33 años, “los volantes, por su desgaste, siempre se retiran mucho antes que los defensas o los delanteros”, declaró cuando dio a conocer que su retiro era definitivo.

Tras decir adiós a los terrenos de juego, tomo la profesión de entrenador, en donde primero fue ayudante de Daniel Pasarella, y posteriormente asumió en solitario la dirección de River, llevándolo a ganar el título del Clausura 2000. Tras su estancia con los millonarios, estuvo en Independiente, Newell´s y Toluca, ganando títulos en cada uno de ellos; sin embargo, tras su llegada a Tigres parece que olvido la fórmula, pues no ha vuelto a conseguir un trofeo, poniendo en tela de juicio sus decisiones, aunque fiel a su estilo, asegure que todo lo que ha hecho, está bien hecho, “Yo no me arrepiento de las cosas que hice, no me arrepiento de nada”.

Gallego cuando era técnico de Independiente