Béla Guttmann, el fantástico técnico  que maldijo al Benfica

Eusebio y Guttmann, dos leyendas del benfiquismo

 

Jorge Jesús sonreía, evidentemente contento. El técnico portugués quedó campeón de la Libertadores con el Flamengo (incluyendo que su mejor jugador, Gabigol, haya tocado el trofeo antes del partido. Y vaya que eso trae mala suerte) y aunque nunca dudó de su talento como adiestrador, sus fracasos continentales con Benfica iban más de la mano de una maldición que de su talento.

Jorge perdió las finales de Europa League con Benfica en 2013 (ante Chelsea) y en 2014 (ante Sevilla, en penales). Estas, son dos apenas de las ocho definiciones que el cuadro de Lisboa no gana desde que un húngaro judío  de apellido Guttmann les arrojó una maldición.

Las Champions (o Copa de Campeones) de 1963, 1965, 1968, 1988 y 1990 no se pudieron ganar, se perdieron en la final, a pesar de buenas campañas. A las derrotas de Jorge Jesús hay que añadir la Copa UEFA de 1983.

La maldición tiene caducidad de 100 años, pero “apenas” van 57. El universo Benfica ha hecho de todo para buscar perdón desde el más allá y nada. El judío, a quien le negaron un aumento de sueldo aún no se conmueve.

Sobreviviente y ganador

Pero, vamos a la historia del tipo, de Béla Guttmann, que más allá de ser un técnico exitoso y un imprecador indiscutible, sobrevivió al holocausto y luego, pudo seguir viviendo del y para el fútbol.

Béla nació en Budapest en 1899, cuando aún era parte del imperio Austro-Húngaro. Hijo de judíos, se sintió atraído por el deporte de las patadas. Sus padres, Abraham y Eszter, lo alentaron temprano a practicar ballet. A los 16 años, ya tiene un instructor de danza clásica, pero aún prefiere dedicarse al fútbol. Así que, de 1919 a 1921 jugó en el MTK Hungária FC y de 1922 a 1926 en el Hakoah Viena, un equipo de judíos. Aparte, pudo jugar con la selección de Hungría y marcar un gol a Alemania. Estuvo en los Juegos Olímpicos de París 1924.

Este defensa y mediocampista de corte, fue convencido por otros judíos para jugar en Estados Unidos. Estuvo seis años, de 1926 a 1932 entre varios equipos de Nueva York: Brooklyn, Giants, Soccer Club y el Hakoah, también judío como el de Austria. Se dice que intentó, sin éxito, dedicarse a otros negocios.

En 1933 decide volver a casa a entrenar al Hakoah y en 1935 se enamora de Holanda, a entrenar por dos años al Sportclub Enschede. Pero, su corazón judío llamaba y era necesario volver a echar una mano al Hakoah, que no andaba bien.

Pero fue un regreso suicida. En 1938 se produce el Anschluss (anexión) al absorber la Alemania Nazi a Austria. Las cosas para los judíos se fueron complicando.

Por décadas hubo un vacío en su biografía en la época de la gran masacre húngara en 1944. Se decía que Guttmann huyó a Paris o Suiza. Cuando se le preguntaba como sobrevivió, solo respondía: «Lo único que puedo decir es que Dios me ayudó».

Fue hasta 2017, cuando el periodista deportivo inglés (y judío), David Bolchover publicó la biografía más actualizada («The Greatest Comeback«, libro deportivo del año 2017 según William Hill)  del técnico tras años de investigación. Guttman se escondió inicialmente en un ático en Újpest, ayudado por su cuñado no judío. Luego fue capturado y enviado a un campo de trabajos forzados pequeño. Escapó en diciembre de 1944, justo antes de que fuera enviado a Auschwitz junto con Ernest Erbstein (el famoso técnico de «Il Grande Torino», que pereció junto a su equipo en un accidente aéreo). Tanto su padre como su hermana fueron asesinados en Auschwitz.

El maravilloso Honved de Puskas y Kocsis

Resurgir y seguir

Luego de el terrible episodio, Guttmann siguió dirigiendo. Tuvo un período en el Calcio de Italia con Padova, Triestina, Milan y Vicenza, con breves interrupciones para dirigir en Quilmes (Argentina) y Apoel Nicosia de Chipre.

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En 1957 Guttmann dirigió en una segunda etapa al Honved húngaro, un equipo mítico en el que jugaban: Puskas, Czibor, Kocsis, Bozsik, Budai, Lorant y Grosics. Con su clásico 4-2-4, el Honved realizó una gira por Brasil, donde el juego del equipo húngaro maravilló a la hinchada ‘canarinha’.

Sao Paulo le hizo una oferta irrechazable y se quedó a dirigir este cuadro, con el cual ganó títulos e inspiró nuevas formas de juego. Su nombre se volvió fuerte en el habla portuguesa y el Porto le hizo volver al viejo continente.

Guttmann presumiendo de sus dos Orejonas

Alegrías y maldiciones

Con el Porto ganó una liga, pero diferencias económicas le hicieron saltar a la calle del enemigo más acérrimo, el Benfica. Fue la mejor época como entrenador de Bela: Ganó dos Ligas de Campeones seguidas, en 1961 y 1962, y en ambas hubo dupleta: en el primer año ganó liga local y trofeo continental y en el segundo, Copa de Portugal y Copa de Campeones.

La primera conquista continental fue ante Barcelona en el 61, con un apretado triunfo 3-2 y en un partido donde Barcelona atacó más (estrelló hasta cuatro palos) pero Benfica fue más efectivo. Fue el primer campeón de Champions sin usar extranjeros

La segunda fue una total clase de fútbol al Real Madrid. Con un equipo liderado por Eusebio, los benfiquistas arrebataron el cetro europeo a los merengues  en una final mítica: 5-3.

En ese momento, todos hablaban de Guttmann, de su estilo de juego, de como en una peluquería planificó el fichaje y observación en Mozambique de la «Pantera Negra», Eusebio, leyenda que arrebató a la Juventus. En fin, el húngaro era el hombre de moda.

Y ello, le requería mejores ingresos. «Soy el mejor pagado de Europa y aún así, tengo un pésimo sueldo», dijo alguna vez, hablando de su grandeza no correspondida con dinero.

Cuando solicitó el aumento al Benfica, la directiva despreció la oferta. La discusión fue tal que la rabia de los debatientes casi los lleva a los puños. Y al salir por la puerta del despacho, profirió la famosa maldición: «En cien años desde hoy el Benfica sin mí nunca ganará una copa europea”.

Una estatua, a ver si desde el más allá se amansa el hombre

Y su palabra se hizo

Al inicio de esta historia contamos cuales han sido esas ocho finales que se le han escapado a Benfica. Guttmann se fue Uruguay, aceptó una propuesta de Peñarol y ganó la liga de Uruguay de 1962, pero ante el mágico Santos de Pelé,  perdió la final de Libertadores.  Es el único técnico en dirigir una final de Champions y Libertadores el mismo año.

Pero ese fue el último título de Guttmann, que tampoco más nunca ganó una competición continental. Su carrera siguió por la selección de Austria, una segunda etapa con Benfica, Panathinaikos, Austria Viena y Porto. En 1981 falleció en Viena.

Pero la maldición seguía. En 1990, con la final de la Champions en Viena, la leyenda benfiquista Eusebio, llevó flores a la tumba de Béla a ver si aplacaba su ira contra el equipo de sus amores. La molestia seguía, pues Benfica perdió 1-0 con el Milan, con diana de Frank Rijkaard.

Luego, como la cosa seguía y viniendo de las dos finales perdidas por Jorge Jesús, bajo la excusa de los 110 años del equipo, el Benfica levantó una estatua de Guttman en 2014 celebrando sus dos Copas de Europa. La estatua hecha por el escultor húngaro László Szatmári Juhos se colocó en la puerta 18 del Estadio Da Luz.

Pero la maldición sigue y nada parece conmover en el más allá al judío que revolucionó el fútbol europeo y suramericano. También parece una maldición que a Guttmann la historia lo recuerde más por la condena al equipo de Lisboa que por su aporte histórico a la táctica. Los benfiquistas suspiran: aún quedan 43 años de sufrimiento.