Si decimos que Caracas fue la capital mundial del fútbol de clubes, seguro despertará varias risas a quienes escuchen la frase. Un país sin mayor repercusión en el ámbito del balompié, tradicionalmente beisbolero y que en años recientes arrastra una terrible crisis económica y social, no pareciera el mejor hogar para la élite del deporte de las patadas.

Pero, quizás hay que despojarse un poco de la imagen que se tenga de Venezuela. Y viajar en el tiempo, a la mitad del siglo XX, tiempo y espacio en el que el país caribeño era un potente destino petrolero y atraía a migrantes de todo el mundo, en especial, desplazados de la post guerra.

Como país pujante, también quería mostrarse al mundo como una sede interesante para el fútbol, que empezaba a ser un virus contagiante en todo planeta que se regaba a la velocidad de los medios de la época.

La Federación Venezolana de Fútbol, junto a un grupo de potentes empresarios locales, encabezados por el vasco Damián Gaubeka  (quien se haría gran amigo de Santiago Bernabeu gracias a este torneo), quería hacerse notar en el concierto futbolístico internacional. Así, que, tomando en cuenta lo hecho por el Torneo Internacional de Río, más la Copa Ciudad de Caracas de 1950, se decidió organizar  en 1952 un torneo con lo más granado de Europa y Sudamérica. Aún estaban lejanas por nacer la Copa Libertadores, la Copa de Campeones (hoy Champions League) y todavía mucho más distante, la Copa Intercontinental.

 

El dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez da la patada inicial

El nombre oficial del torneo fue “Copa General Marcos Pérez  Jiménez”, dictador de la época del país suramericano y tropical. Sin embargo, se popularizó como “Pequeña  Copa del Mundo de Clubes”. Algunas publicaciones la denominaron “Series Mundiales de Fútbol” aprovechando la pegada del béisbol en el país.  Al final derivó en “Mundialito de Clubes”, apodo que conserva hoy el Mundial de Clubes de la FIFA.  Fueron seis ediciones que marcaron el camino a la Copa Intercontinental. De hecho, hay historiadores que solicitan ante FIFA la oficialidad.

Estadio Olímpico de la UCV, patrimonio de la humanidad por la UNESCO en el año 2000

El legendario Estadio Olímpico de la UCV fue el recinto de este evento mientras duró. La primera edición contó con Real Madrid, nueve veces campeón de España con Luis Molowny, Miguel Muñoz, Manuel Fernández Pahiño, a la cabeza. El “Ballet Azul” de Millonarios de Colombia, con Alfredo Di Stefano Adolfo Pedernera y Néstor Rossi como principales figuras del campeón cafetero, más el potente sub-campeón de Brasil, Botafogo y La Salle, como representante local, dieron inicio a este peculiar torneo que agotó entradas en todos sus partidos. El torneo, jugado en forma de liga lo ganó Real Madrid, pues a pesar de empatar en puntos con Botafogo, tuvo mejor gol average que los cariocas.

Titular venezolano de la época (cortesía Eliezer Pérez)

Al año siguiente creció la expectativa. Se suprimió el equipo venezolano y se invitaron dos europeos: Espanyol de Barcelona, que daba la campanada y Rapid Viena, campeón de la Copa Mitropa (Copa de la Europa Central, reconocida por FIFA) y por América, la “Máquina” de River Plate, junto al “Ballet Azul” de Millonarios que seguía dando de que hablar con Alfredo Di Stefano. El cuadro colombiano ganó esta edición

Resultado de imagen para di stefano millonarios
El famoso «Ballet Azul» de Millonarios, con Di Stefano a la cabeza

Ese mismo año se hicieron dos ediciones. Se invita a Roma (campeón de Italia), Corinthians (campeón paulista), Barcelona (campeón de España y de la Copa Latina) y la selección de Caracas. En esta edición se impuso el Corinthinas de los legendarios brasileños Gilmar Dos Santos, Baltazar y Luizinho.

En 1954 no se realizó este torneo amistoso, pero se reanudó en 1955 con La Salle por Venezuela, Valencia (Campeón Copa del Rey), Benfica (campeón de Portugal) y Sao Paulo (ganador de la Copa Río Sao Paulo). En esta ocasión, Bauer y Poy fueron los demonios que se llevaron la competición para Brasil.

1956 significó un gran salto. Real Madrid regresa, pero como campeón de Europa con un Alfredo Di Stefano vestido de blanco y que ya había impresionado en estas tierras. Héctor Rial y Paco Gento también formaron parte de esta maquinaria blanca que no tuvo rival ni en Roma, ni en Porto (campeón de Portugal) ni en Vasco da Gama (campeón carioca). Ese Real Madrid, que llegó con la primera Copa de Campeones bajo el brazo, ganó cinco veces seguidas el máximo gallardete Europeo y que ratificó ser el mejor equipo del Mundo al reinar también en Sudamérica en este torneo.

Lee también   La Tragedia de Superga
El diario Marca le dio la portada al título del Real Madrid de 1956
Según la revista del Real Madrid de agosto de 1956, la gente se lanzó a las calles para recibir a los héroes de Caracas. Ganar en Sudamérica era el mejor argumento para decir que era el mejor equipo del mundo

La experiencia de los torneos pasados, en especial de este último, hizo presagiar lo mejor: Caracas era el equivalente a lo que era Japón durante dos décadas mientras albergó la Intercontinental o ahora, algún país árabe que se preste para tener lo mejor de todos los continentes. Los organizadores, a falta de campeón de Copa Libertadores (que nacería en 1960), seleccionaban lo más granado del continente: en su momento, el Ballet Azul de Millonarios, la Máquina de River Plate o los equipos campeones de Brasil, que daban mucho de qué hablar en la región.

Sin embargo, aunque en 1957 contó con el legendario Barcelona de  Ladislao Kubala, Sandor Kocsis, Zoltan Czibor, Luis Suarez, Evaristo y Antoni Ramallets, que ganó sin complicaciones a Sevilla, Nacional de Montevideo y Botafogo, la competición se vio en la obligación de hacer una pausa. La oficial Copa de Campeones de Europa se volvía más fuerte. Aparte, impactó en el público que los invitados originales, Lazio de Roma (Italia), Fluminense de Río de Janeiro (Brasil), Athletic Club de Bilbao (España) y Atlético de Madrid (España) no llegaran a un acuerdo económico con los organizadores. Fue el último “Mundialito”.

El Barcelona de Kubala y Ramallets celebrando en la noche caraqueña

 

En 1960 nace la Copa Libertadores y ese mismo año la Intercontinental, que se jugó a ida y vuelta entre el campeón de Europa y América hasta que en 1980 lo acogió Japón para un partido único. El retorno de este “Mundialito” parecía cada vez más lejano y más con la oficialidad de los torneos nacientes.

 

Pero, Caracas no se rindió. En 1963 y en el espacio que dejaban las nacientes copas internacionales oficiales, se jugó un triangular “Copa Ciudad de Caracas”, en el que participaron Porto, Real Madrid y Sao Paulo. Ganó el cuadro brasileño, pero esta edición estuvo marcada por el secuestro de Alfredo Di Stefano por la guerrilla venezolana, las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). El crack hispanoargentino fue liberado sin maltratos a las 50 horas de su secuestro (agosto 24). A pesar de que “La Saeta Rubia” afirmó que no recibió daños más allá del susto y la incomunicación, fue un incidente que marcó el futuro de los torneos amistosos de nivel en Venezuela.

Di Stefano con su secuestrador, Paúl Del Río alias «Máximo Canales»

Dos años después, en 1965, se intentó otro torneo con Benfica, campeón de Europa en 1963 y subcampeón para el momento del evento, con un Eusebio como figura que debía batirse a ida y vuelta con Atlético de Madrid, ganando el cuadro portugués esta “Copa María Dolores Gabeka”. Este fue el último torneo que tuvo un campeón reconocido y aunque hasta mediados de los ochenta se realizaron torneos amistosos intercontinentales, ya no eran equipos con cetros o de élite. Fue disminuyendo el prestigio hasta desaparecer cualquier iniciativa de ese estilo, mientras que a la par, la Copa de Campeones, Libertadores e Intercontinental ya no admitían ningún tipo de rival. En el 2000 se hizo el primer ensayo de lo que es el Mundial de Clubes, tal como se conoce hoy y en 2005 adoptó el formato actual y definitivo.

Hoy, la capital de Venezuela intenta levantarse de una severa crisis económica y su fútbol, quiere emerger en medio del caos. Pocos en ese lugar conocen de este antecedente al Mundial de Clubes, pero la historia está a resguardo. No solo en las bibliotecas de este país caribeño y del mundo: Real Madrid, Barcelona y el resto exhiben con orgullo en sus estantes las conquistas conseguidas en el Olímpico de la Universidad Central de Venezuela. Solo es cuestión de ser observador en sus museos. Y no son pocas las páginas de historiadores que hablan de esta iniciativa que midió antes que nadie lo mejor de dos continentes. Aunque usted no lo crea, Caracas tiene una cuota de protagonismo en el fútbol global.

 

La codiciada «Pequeña Copa del Mundo». Foto del Museo del FC Barcelona