Esa melena ‘afro’ que deambuló por las canchas no necesita más presentación en el turno de Colombia para los retros de Copa América.

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En las calles de la ciudad más antigua de América del Sur se respira futbol, todos los callejones del ahora paradisiaco destino turístico del caribe colombiano reclaman su identidad futbolera y de hecho se piensa que por esos muelles llegó éste hermoso deporte a Colombia gracias a marineros ingleses que recogían plátanos en la costa de Magdalena, donde Santa Marta es su capital.

La misma ciudad que vio morir al libertador sudamericano Simón Bolívar en el país que lleva por nombre el apellido del genovés que llegó a costas americanas para unir a dos mundos separados por el océano Atlántico donde la bandera amarilla, azul y roja representa el sol, el cielo y la sangre derramada por los patriotas tiene una pasión por el futbol única en toda Colombia y es una de las principales canteras de futbolistas en aquel país. Su templo, La Castellana es el recinto que recibe a fieles “samarios” para convertir al balompié en un ritual de alegría lleno de rumba, vallenato y champeta. Si eres de Santa Marta y no corres por las calles detrás de un balón, algo está pasando y tal vez se necesita atención urgente, o no.

Bajo éste contexto, el hijo de Carlos Valderrama “Jaricho” y Juana Palacio afianzado en el barrio Pescaito de Santa Marta tenía como sueño ser odontólogo, algo que su padre, exfutbolista samario por supuesto no iba a permitir ya que todas las ramas del árbol genealógico del pequeño Carlos indicaban que su destino tenía que ser con una pelota cocida a la pierna derecha. Cuando Jaricho jugaba como defensa central en el Unión Magdalena llevaba a su pequeño vástago a todas partes incluidos los entrenamientos y juegos del “Ciclón Bananero” donde el entrenador/jugador era un argentino llamado Rubén Deibe El Turco ¿Y el Pibe cómo está? – preguntaba casi siempre aquel turco a Jaricho sin saber  que ese apodo que usan los argentinos para referirse a un niño se le iba a quedar de por vida al pequeño Carlos, ya casi nadie le llamaba por su nombre de pila, a partir de ahora para toda la nación cafetalera y para el mundo iba a ser conocido como El Pibe.

Debemos agradecer todos los aficionados al futbol a Jaricho, el padre del mejor jugador que ha nacido en suelo colombiano que El Pibe se haya decantado por el futbol. Aquel jugador con un peinado afro, una tez clara no muy común para los habitantes del caribe colombiano con playera de fuera, medias debajo de la rodilla parecía un integrante de Earth, Wind and Fire al principio y con el tiempo cantante de reggae en vez de futbolista. Debutó en 1981 en el equipo de su ciudad donde su padre hizo buenas cosas, sin embargo “El Mono” como también era llamado ya que en esa región del país llaman así a las personas rubias deleitó a propios y extraños con una elegancia sublime para jugar al balón. Era lento, parecía que caminaba pero tenía el marco y la posición de sus compañeros grabada con tinta indeleble en su mente, regates de ensueño, encargado de poner orden en su equipo, era un artista. Era turno para Colombia contar con un clásico “10” sudamericano y El Pibe Valderrama tomó la estafeta sin miedo.

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«El Pibe» Valderrama en sus inicios con el Unión Magdalena de Santa Marta.

Ya convertido en toda una promesa llegó a los 23 años a Millonarios, un club importante para el futbol cafetalero y uno de los grandes de Bogotá donde lastimosamente no tuvo para nada buenas actuaciones y fue cedido al Deportivo Cali donde al contrario pudo explotar completamente en la ciudad de la salsa al mando del yugoslavo Vladimir Popovic y haciendo una dupla de ensueño con Bernardo Cuntaquinta Rendín, tal vez El Pibe necesitaba estar en su hábitat de clima tropical para rendir al máximo. Precisamente esa dupla Pibe-Cuntaquinta se hizo presente en la Copa América de 1987 que se disputó en Argentina al mando ya del mítico Francisco Pacho Maturana. En esa edición Colombia maravilló a Sudamérica con un futbol vistoso y derrotaba rivales al por mayor hasta que se encontró en semifinales con la selección chilena; en el partido por el tercer lugar ante un Monumental de River pletórico derrotó a la Argentina de Maradona y Caniggia por 2 a 1, era una premonición de lo que ésta selección colombiana iba a hacer en el futuro en ese mismo estadio.

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Carlos es un ídolo del Deportivo Cali. En la foto aparece con Oscar Pareja y un jóven Miguel Calero.

Maturana fue elegido el mejor entrenador del torneo, el colombiano Arnoldo Iguarán fue el goleador y Carlos Valderrama atrajo las miradas de todo el mundo al ser nombrado sin dejar lugar a dudas el mejor jugador del certamen lo cual le abrió las puertas francesas y el Montpellier cruzó el atlántico para llevarlo a sus filas. El Pibe fue apenas el segundo jugador colombiano en emigrar a Europa e hizo que un equipo totalmente desconocido como era el equipo francés apareciera en el mapa futbolístico de Francia y de Europa.

Después de esto vagó por varios equipos con relativo éxito. Valladolid de España, Independiente de Medellín y Junior de Barranquilla hicieron honores al de la melena rizada, sin embargo todos sabemos dónde El Mono sacó sus mejores galas y con qué playera todos los aficionados al futbol lo ubicamos mejor. Nadie en toda la historia de la playera amarillo-oro del país cafetalero ha dado clases de elegancia, clase y una exquisitez sublime desde la media cancha. Para el mundial de Italia 1990 la selección colombiana llegó de rebote al ganar un repechaje a su similar de Israel y ya en tierras italianas maravillaron al mundo con una generación conformada por Higuita, Rincón, Iguarán y por su puesto comandada por El Pibe Valderrama con el “10” bien tatuado en el dorsal dorado. En esa ocasión en octavos de final se enfrentaron a la otra sorpresa del torneo: Camerún y en un partido cerrado solo una falla de René Higuita ante una llegada de Roger Milla pudo dar el triunfo a los africanos.

A partir de ahí el plato estaba servido, la bandeja paisa o el arroz con coco con una arepa estaban en la mesa y en los años siguientes Colombia iba a ser considerada la mejor selección futbol de todo el mundo, con una generación única donde obtuvieron el tercer lugar de la Copa América de Ecuador ’93 y llegaron como favoritos para ganar el mundial de Estados Unidos ’94 con una humillante e histórica derrota por 5 a cero que le propinaron a Argentina en las eliminatorias como carta de presentación. Llegaban los mejores jugadores colombianos que se han visto jamás a tierras norteamericanas: Freddy Rincón, Tren Valencia, Tino Asprilla, Andrés Escobar, Aristizábal, Leonel Álvarez y Pibe Valderrama, por supuesto. Aquella camada histórica que no contó con René Higuita debido a que se metió en líos legales y llegó incluso a pisar la cárcel no pudo pasar de primera ronda y lo más lamentable que se recuerda fue aquella gran carga psicológica que tuvieron ya que fueron duramente amenazados por la mafia lo que culminó en el asesinato de su capitán Andrés Escobar quien cometió un autogol en el partido contra Estados Unidos – Era imposible jugar al futbol bajo éstas condiciones – declaró tiempo después Pacho Maturana. En aquellas épocas Colombia vivía épocas difíciles con carteles de narcotráfico bien afianzados en el gobierno e inmiscuidos en toda la sociedad y donde manejaban a diestra y siniestra la Liga Colombiana de futbol según les convenía. A partir del asesinato de Andrés, emblema en la defensa cafetalera e ídolo del Nacional de Medellín perpetuado por los mismos cárteles del narcotráfico el futbol colombiano cayó en una pendiente ya que la mayoría de jugadores de aquella generación incluido El Pibe perdieron la pasión por éste hermoso deporte aunque a Carlos le alcanzó a pesar de esto para jugar otra Copa América, el mundial de Francia 1998 donde se despidió de la playera de sus amores y terminar derramando talento en las canchas de Florida.

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En el mundial de Italia’90, Colombia fue la sensación del torneo gracias a su futbol vistoso.

No es justo, sin embargo terminar éste relato con palabras acerca de la carrera descendente de aquel jugador melenudo y talentoso que deslumbró con esos rizos extraños a todo el mundo del balompié gracias a su talento, audacia y carisma; el mago samario que logró ilusionar a un pueblo que tuvo momentos muy difíciles. En cada país nace un elegido para el futbol: Francescoli “El Príncipe” para Uruguay, Aguinaga para Ecuador, Maradona para Argentina, Garrincha para Brasil y un Diablo boliviano. Santa Marta, Colombia; la joya del caribe colombiano fue la ciudad elegida para ver nacer y crecer al eterno Carlos El Pibe Valderrama.