Carlos Volante, la fabulosa historia del jugador que le dio nombre a una posición

Volante. Ese jugador que va suelto, en el mediocampo. Que ataca y defiende. Que se mueve, como la traducción del “flyer”, el “volante” promocional, impreso en papel y que viaja sin destino.

El volante conduce, como el volante del carro, del camión. En la conjugación del verbo, es quien vuela, algo volante. También se refiere a ciertos elementos de un barco: Sueltos, que no están fijos.

En el Diccionario de la Real Academia Española, “volante” tiene 18 acepciones, todas le calzan a la posición, pero ninguna la originó. Fue un futbolista. Un argentino. Un futbolista que estuvo en Europa en época de guerra y que es digna de contar.

Volante, en el Torino

El hombre viajero

Carlos Martín Volante (Lanús, 11/11/1905), hijo de migrantes italianos, a los 17 años se incorporó a las divisiones menores de Lanús y debutó en Primera en 1924. Disputó 12 partidos, pero desgraciadamente fue incorporado al Servicio Militar y cortó su progresión.  Solo duraría año y medio, pues pudo librarse de un enrolamiento en el ejército más largo.

Entre 1926 y 1930 jugó en San Martín, Platense, San Lorenzo, Vélez y la Selección Nacional Argentina. No era muy común como lo es hoy, así que, Volante, fue escogido por unos italianos temerarios que viajaron a Argentina a buscar jugadores. Fue a ese país con una camada importante.

En ese momento, estaba con  Vélez y habían disputado un amistoso con el Napoli, que había viajado al continente nuevo. En principio, el club que amaría eternamente a Maradona iba por el mediocampista José María Minella , pero este prefirió quedarse en casa. Volante, con espíritu viajero, decidió ir a Italia.

Torino y Livorno fueron los clubes siguientes en su carrera. Todo parecía bonito para él, e incluso, se casó con la hija de un diplomático. Sin embargo, la guerra se avecinaba y Benito Mussolini, dio un decreto que todo hijo de italiano debía enrolarse en el ejército. Al pobre Carlos Martín, por ser hijo de quien era, le tenían especial persecución.

Gracias a los contactos diplomáticos, pudo huir a Francia. El mediocampista pudo jugar en Stade Rennes, Olympique Lillois (actual Lille) y en el Athlétique de París.

Volante campeón con el mítico Flamengo

Le debe todo a Brasil

Llegó el Mundial de 1938 y la guerra parecía inminente. Volante deseaba volver a casa. A través de un amigo músico, conoció a varios de la selección de Brasil. Como era buen futbolista, hizo migas con el grupo e incluso, practicó con ellos. La relación fue tan buen, que ante las autoridades, Volante pasó como un masajista más. Con la que años más tarde se llamará “La Canarinha” regresó a América con su familia.

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Con sus buenas relaciones, no dejó de jugar al fútbol. De hecho, llega al equipo más popular, Flamengo. Ahí se volvió un popular “center half”, que no solo era destructor, también el equipo giraba a su alrededor y generaba juego ofensivo.  Se volvió una verdadera celebridad.

Según el Centro de Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF) de Buenos Aires, con apoyo de historiadores brasileños, la legendaria palabra nació de esta manera:

“El técnico de Flamengo que empezó usar esa terminología sería Flávio Costa, que después dirigiría a Brasil en el Mundial 1950. El jugador al que le pidió que jugara ‘de volante’ sería Modesto Bría, un paraguayo que llegó a Flamengo en 1943 justamente para reemplazar al argentino, ya veterano. Más que definirle una función técnica, Flavio quería decirle a Bría que jugara con la garra de Volante, que se entregase totalmente, algo muy característico en aquellos jugadores argentinos y que entonces les faltaba a los brasileños. El término ‘volante’ se impuso por la popularidad de Flamengo y porque Costa era el técnico de mayor prestigio hasta el Maracanazo, cuando cayó en desgracia”.

De igual manera, según cuentan  la historia, la prensa también había hecho su trabajo. “El nuevo Volante”, “Cruzeiro también tiene su Volante” y así, colaboró también en el hecho de difundir y colocar la palabra, que más que la posición técnica (que de hecho, bastante revolucionaria fue) era para definir la garra y entrega en los partidos.

Brasil se volvió gigantesco en su región y la palabrita se expandió por el mundo hispanoparlante. Hasta en España había sido adoptada. En Argentina, se incrustó en la sociedad cuando Osvaldo Brandão, fue a dirigir a Independiente. Decía a cada rato “el volante este, el volante aquel”.

Volante (derecha) sosteniendo el título de Bahía de 1959

Y siguió haciendo historia

Siguió su vida como asistente técnico del Vasco da Gama. En la biografía de Garrincha, se cuenta que el argentino de apellido Volante le había recibido a los 16 años en Río de Janeiro tras recorrer el país en bus para una prueba.  Pero llegó descalzo y por las reglas del club, Volante no le permitió probarse.

Como técnico principal, dirigió al Vitoria y al Bahía, con el que le ganó la Copa de Brasil de 1959 al mítico Santos de Pelé.

A finales de los 60, su carrera en el fútbol estaba terminando y volvió a vivir en Italia, hasta que murió en Milán, a sus 76 años, el 9 de octubre de 1987.

Una historia increíble, maravillosa que muy pocos saben. Si has jugado de volante, debes sentirte bastante orgulloso de su origen.