El 'Mágico' González puso en alto el nombre de El Salvador.
El ‘Mágico’ González puso en alto el nombre de El Salvador.

Su nombre no suele figurar dentro de las listas que enumeran a los mejores jugadores de la historia. A pesar de poseer una técnica digna de los grandes, su talento ha sido poco reconocido, pero a él no se preocupó por eso. Mientras tuviera una pelota enfrente, él se encargaba de hacer su propia fiesta.

Y vaya que sabía de fiestas. Uno de los pecados que cometió Jorge Alberto González Barillas y que le impidió llegar a la cima fue su amor por la parranda, casi equiparable al romance que sostenía con la de ‘gajos’. El ‘Mago’, como fue conocido de inicio en su natal El Salvador no escatimaba cuando de salir de jerga se trataba.

“La noche hay que respetarla, es un asunto serio. Hay que saber andar en la noche. Es un arte”, aseguraba el atacante, sin preocuparse por los excesos; solía desvelarse y no entrenar o llegaba tarde a los partidos, pero solo bastaban un par de trucos sacados de la chistera para que cambiara el rumbo del partido.

González nació el 13 de marzo de 1958, en San Salvador, El Salvador. Fue el menor en una familia compuesta por sus padres y siete hermanos, que habitaban un humilde hogar ubicado en el conflictivo Barrio de la Luz. Debido a que las carencias económicas estaban a la orden del día, ‘El Mágico’ tuvo que encontrar refugio en el fútbol.

En el barrio solía enfrentarse a rivales de mayor tamaño y estatura; con 1.76 metros de estatura y un físico de apariencia débil, aprendió a deshacerse de sus marcadores: “Yo era muy flaco y esquivo. Evitaba el choque, y eso me hacía buscar la tangente más adecuada para salir y ganar la espalda del contrario”.

Con 17 años debutó en el fútbol profesional de su país. El primer equipo en el que se enroló fue el Administración Nacional de Telecomunicaciones (ANTEL), y permaneció ahí por un año, para posteriormente pasar al Independiente F.C. de San Vicente.

Durante su estadía en el ANTEL, le fue acuñado el mote de ‘El Mago’. El equipo enfrentaba al C.D. Águila y González se encargó de maravillar a los aficionados con fintas, regates y jugadas llenas de clase, brindando el triunfo a su equipo por tres goles a uno. Ante tal espectáculo, Rosalío Hernández, periodista salvadoreño solo atinó a exclamar “¡Mago!”.

Compartió cancha en varias ocasiones con Diego Armando Maradona, su ídolo.
Compartió cancha en varias ocasiones con Diego Armando Maradona, su ídolo.

En 1977 pasó a las filas del Club Deportivo Futbolistas Asociados Santanecos (FAS), el equipo más exitoso del fútbol salvadoreño. Durante cuatro años deslumbró con su calidad con los ‘Tigres’, en el que se presume fue el mejor FAS de la historia.

Vistió cuatro años la camiseta azulgrana y consiguió tres títulos de liga, una Copa de Campeones de CONCACAF y un subcampeonato de la Copa Interamericana frente al Olimpia paraguayo. Sus grandes actuaciones lo llevaron a formar parte de la selección salvadoreña que pelearía por un boleto a España 1982.

El Salvador se encontraba en medio de una guerra civil al tiempo que su fútbol sobresalía a nivel centroamericano. La ‘Selecta’ luchó en el Hexagonal final frente a México, Honduras, Canadá, Cuba y Haití y consiguió su segunda calificación a la Copa del Mundo.

De aquella definición, el primer episodio entre México y El Salvador es recordado por una gran jugada de ‘El Mago’ González. Con la velocidad que lo caracterizaba cuando se decidía a correr, dejó atrás a varios mexicanos después de recibir un saque de banda, enfiló con la pelota cosida al pie hacia la portería ‘azteca’ y disparó; el arquero fue incapaz de contener el disparo y escupió el esférico, para que Ever Hernández lo enviara al fondo de las redes.

Aquella derrota selló el destino de México y fracasó en su intento de limpiar el desastre acontecido en Argentina ’78. Honduras y El Salvador estaban en la Copa del Mundo y Jorge Alberto González tendría la oportunidad de mostrar al mundo sus dotes.

La participación de la selección salvadoreña en el Mundial de España ’82 fue digna del olvido. El primer partido fue un recibimiento poco cordial por parte de Hungría, que los avasalló 10 goles a 1, en la victoria más abultada de un equipo en la Copa del Mundo.

Posteriormente, Argentina y Bélgica también vencieron a la ‘Selecta’, aunque los marcadores fueron más decentes. A pesar de que el sueño se esfumó en pocos días, el torneo sirvió como vitrina para ‘El Mago’, que fue destacado como uno de los mejores jugadores del Mundial.

Aunque a 'La Selecta' no le fue bien en el Mundial de España, González destacó y se quedó en el país ibérico.
Aunque a ‘La Selecta’ no le fue bien en el Mundial de España, González destacó y se quedó en el país ibérico.

Después del fracaso, González sorprendió y dejó de vestir la camiseta número 10 del FAS para portar el jersey del Cádiz de España en septiembre de 1982. Aunque su llegada al PSG parecía ser inminente, el jugador no apareció para la firma del contrato: algunos señalan que se escabulló por el miedo al compromiso; otros dicen que se quedó dormido en la siesta.

Con el conjunto gaditano, al que llegó mientras deambulaba en segunda división, se convirtió en ídolo. En su primera temporada marcó 15 goles en 33 partidos y fue pieza clave para conseguir el ansiado ascenso. La afición se le entregó por completo, enamorados por sus jugadas de fantasía y sus definiciones frente al marco. Ahí su apodo se transformó y pasó a ser conocido como el Mágico.

La temporada 83/84 fue debut y despedida del Cádiz en Primera División, a pesar de los intentos del Mágico por salvar al equipo con su fútbol. Sus constantes fiestas comenzaron a ser factor. González amaba la fiesta y no podía vivir sin ella.

“Reconozco que no soy un santo, que me gusta la noche y que las ganas de juerga no me las quita ni mi madre”, con estas palabras se sinceraba el ídolo de Cádiz, que nunca fue reprochado por la afición, ya que siempre respondía dentro del campo.

Sobre su persona circulaban algunas leyendas, como una que contaba que al medio tiempo de un partido contra el Atlético de Madrid, el ‘cuscatleco’ se quedó dormido en el vestidor y tuvo que ser sacado cuando el partido estaba a punto de reanudarse. El propio Mágico se encargó de desmentirla años después, aunque por su personalidad no parecía una historia tan descabellada.

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David Vidal, ex técnico del Cádiz que dirigió al crack salvadoreño, destacaba sus cualidad tácticas, que le permitían hacer más de 20 dominadas con una cajetilla de cigarros Winston, marca preferida de González Barillas; aun así, Vidal tuvo que reñir con las indisciplinas del jugador y llegó a asignar un empleado encargado específicamente de buscarlo y despertarlo para que asistiera al entrenamiento.

“Lo que pasa es que de 30 días que tenía el mes se entrenaba 15. De repente, se pasaba ocho días sin pasarse por los entrenamientos. Cuando llegaba, le preguntaba dónde se había metido. Me decía que había tenido muchas cosas que hacer y que no podía entrenarse”, afirmaba Vidal.

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En 1984 estuvo cerca de llegar al FC Barcelona e incluso estuvo de gira con el equipo en Estados Unidos, donde compartió la cancha con Diego Armando Maradona. Su fichaje finalmente no ocurrió debido a la falta de compromiso de Gonzalez, coronada por una anécdota durante aquel tour.

Mientras el equipo culé descansaba en el hotel, la alarma de incendios se activó. Rápidamente fue desalojado el edificio, pero los directivos descubrieron que faltaba el Mágico, por lo que acudieron a su habitación para buscarlo. Al abrir la puerta, lo sorprendieron con una mujer en el cuarto. Cuando se le informó que había un incendio en el hotel, su respuesta fue sencilla: “Yo no he sido”.

En dicho año dio una de sus exhibiciones más recordadas, precisamente frente al Barcelona. Se disputaba la semifinal del Torneo Ramón de Carranza y el Cádiz caía al descanso 0-3. Para no variar, Mágico había aparecido a la hora señalada y llegó al medio tiempo. En el complemento ingresó y marcó dos goles, además de dar dos asistencias para que su equipo ganara 4-3. Ese día salió en hombros.

En el receso invernal de la temporada 84/85 pasó al Valladolid, después de que la directiva gaditana se cansara de sus indisciplinas. Con el cuadro de Pucela no logró adaptarse, a pesar de que contó con un psicológo de cabecera, y su brillo se apagó, por lo que decidió pausar su trayectoria.

El Mágico Gonzalez pasó un año desaparecido y volvió a Cádiz en 1987 para ser recibido con los brazos abiertos por la afición, esa misma que mostraba su descontento cuando al ídolo se le castigaba con la suplencia a causa de su amor por la fiesta.

A su vuelta las indisciplinas fueron más castigadas. La directiva del club comenzó a pagarle 700 dólares por partido y nada si no iba, pero el ‘11’ salvadoreño no se preocupaba por el dinero; tenía la costumbre de regalar dinero a los niños y de invitar la cuenta en los bares.

La carrera del salvadoreño tuvo una sola mancha durante sus 25 años de duración, pero ésta fue capaz de menguar su nivel. En 1989 fue acusado de intentar violar a una joven de 22 años; aunque quedó absuelto después de pagar 4000 pesetas, su desempeñó decayó y las ilusiones con las que sorprendía comenzaron a aparecer en menor cantidad.

Hasta 1991 deleitó en España con sus arranques a velocidad, con sus dribles y sus ‘globitos’ para vencer a los arqueros. Ese mismo año regresó al FAS de su país para jugar durante nueve años, retirándose oficialmente a los 43 años.

A pesar de ser atacante, no marcó goles por racimos, pero sí los hizo de mucha calidad. González Barillas también patentó una jugada denominada “Culebra macheteada”, popularizada años después por Ronaldinho.

Los reconocimientos al término de su carrera no se hicieron esperar. Fue nombrado ‘Hijo merítisimo’ el gobierno de El Salvador, al tiempo que el Estadio Nacional de El Salvador cambió su nombre a Estadio “Jorge ‘El Mágico’ González”, y en 2013 ingresó al Salón de la Fama de Pachuca.

La Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol lo declaró el ‘Mejor futbolista salvadoreño de la historia’, de la misma forma que lo hicieron los periodistas deportivos de su país.

Sin embargo, el mayor homenaje vino por parte de Diego Armando Maradona, a quien González reconocía como su ídolo: “Si uno quería imitar al Mágico no podía”, aseguraba el astro argentino que no duda en señalar al salvadoreño como uno de sus jugadores favoritos.

Después de su retiro continúo con la pasión que tenía por la fiesta y las mujeres. Tiene dos hijos en Cádiz y dos en Los Ángeles, y él mismo se denomina un ‘mal padre’.

“Primero mi madre, mi primera novia y… hablando de mujeres y traiciones, sigamos consumiendo la botella, como dice la canción mexicana. Para mí, son el alucine. Estoy intentando tener una relación estable, a ver si tengo suerte. Tuve una esposa, pero nunca me sentí casado”, confesó sobre su amor hacia las mujeres a Cayetano Ros en 2003, en entrevista para el diario El País.

Tras 25 años de goles, fiestas y mujeres, el Mágico puso fin a su carrera y dio inicio a la leyenda. Algunos criticaron su falta de compromiso y el miedo a convertirse en uno de los mejores jugadores de la historia, pero a él no le importó.

“Sé que soy un irresponsable y un mal profesional, y puede que esté desaprovechando la oportunidad de mi vida. Lo sé, pero tengo una tontería en el coco: no me gusta tomarme el fútbol como un trabajo. Si lo hiciera no sería yo. Sólo juego por divertirme”, declaró al Diario de Cádiz excusándose por querer vivir su vida como él quería.

El otro pecado que le impidió la grandeza fue, quizá, no haber nacido brasileño o argentino para tener los reflectores del fútbol mundial encima, pero eso tampoco fue de importancia. Se convirtió en un jugador de culto, idolatrado por su actitud relajada dentro y fuera de la cancha, siempre buscando la felicidad acompañado de la pelota; González nunca puso el dinero primero y siempre se tomó el fútbol como lo que es: un juego.