El último partido de la Alemania Oriental

La noche del 14 de noviembre de 1989 fue tensa en el seno de la selección de fútbol de Alemania Oriental. Cinco días antes, tras años de separación, se había derrumbado por fin el Muro de Berlín.

Al día siguiente, el 15 de noviembre, debía jugar el último partido de su grupo de la Eliminatoria camino a Italia 1990. Tenía todo para firmar el pase contra una alicaída Austria y con un empate, estaban en el Mundial.

Sin embargo, la noticia del muro evidentemente afectó al equipo. Alemania Oriental no juntaba tan buenos jugadores desde que ganó el Oro en 1976 en los Juegos Olímpícos de  Montreal. Así, muchos ojeadores de la Bundesliga, firmaron esas horas contratos baratos con grandes jugadores que no sintieron mayor motivación para seguir. Muchos aprovecharon para huir de una vez a la Alemania Occidental desde la misma Viena, lugar del encuentro. Otros se distrajeron pensando en la situación. Y el resto se enfocó tener buenos contratos para salir de las privaciones propias del comunismo.

El partido lo ganó Austria cómodamente 3-0. Un resultado que sería sorprendente si no hubiese caído el muro.

Con el muro abierto, con el tema político aún por resolverse, Alemania Oriental entró en el sorteo para la Eliminatoria de la  Eurocopa de 1992 a realizarse en Suecia. No quedaba claro que ocurriría con este país, así que la UEFA no daba nada por sentado y, debía cumplir la norma de incluirle. Los cruzamientos se determinaron en febrero de 1990 y debía arrancar en septiembre. El primer duelo era contra Bélgica en Brusela.

En el limbo, esta selección que contaba con un Mathias Sammer en buena forma y unos espectaculares Andreas Thom y Ulf Kirsten, lejos de extinguirse, disputó seis amistosos en el camino (dos en enero, ante Francia y Kuwait en ese país), aprovechando el espacio que dejaba el Mundial, jugó de fogueo para Estados Unidos (3-2),  Egipto (2-0),  Escocia (1-0) y hasta Brasil en Río de Janeiro, con un emocionante 3-3. Como calibrador para el Mundial, a los clasificados mencionados, no perdió ninguno.

Mientras esta selección dejaba buen sabor a pesar de lo comentado, en Alemania transcurría el proceso de reunificación. A decir verdad, la Alemania Oriental amagó los primeros meses del año con continuar con vida, pero su devastada economía desviaba el rumbo hacia la anexión por parte de los occidentales. El Deutsche Wiedervereinigung, ese proceso de  adhesión de la antigua República Democrática Alemana (RDA) bajo la jurisdicción de la República Federal de Alemania (RFA), iba avanzando a buen ritmo.

Sammer, en la bonita jugada del 0-2

Eduard Geyer, que casualmente había asumido la dirección técnica en agosto de 1989, justo antes de los acontecimientos, era el director técnico de esta selección que tenía destino incierto. Más que dibujos en la pizarra, tuvo que apelar mucho al sentimentalismo para poder mantener unido un grupo.

El 31 de agosto, el Consejo de Ministros de la Alemania Oriental (con nuevos políticos, obviamente) y el Gobierno federal de Alemania aprobaron y firmaron el «Acuerdo para la reunificación de Alemania», en el cual pactaron los compromisos de los gobiernos de ambos países durante el proceso de reunificación. Diez días antes en la Volkskammer  (Cámara Popular o Parlamento de la Alemania  Oriental) la unificación fue aprobada por 294 votos a favor (62 en contra). Esto se haría efectivo a partir del 3 de octubre de 1990.

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En vista que Alemania Oriental como selección oficial no existiría más, la UEFA determinó que aquel partido del 12 de septiembre ante Bélgica fuera un amistoso, para evitar mayores conflictos.

Eso provocó que existiese mayor desmotivación. Andreas Thom y Ulf Kirsten, quizás los más destacados, declinaron ir por supuestas lesiones, no confirmadas. Rainer Ernst, 56 veces internacional con esa selección declaró frontalmente: “No tengo ninguna motivación para ir”.

Se llamaron 22 jugadores, de los cuales 16 declinaron ir, con excusas variadas.  Geyer no hallaba que hacer.

Hubo una excepción notable: Matthias Sammer, quien terminó siendo capitán del equipo. Recientemente fichado por el Stuttgart, incluso condicionó su estancia con la selección. Pues ante sus ojos veía como ninguna estrella se reportaba a la preparación en Berlín.

A Geyer le dijo: “La única manera que vaya con ustedes es que no consiga un vuelo a Stuttgart”. Y no hubo vuelo ese día. Viajó con el grupo a Bruselas.

Al igual que Uwe Rosler, un jugador de medio pelo de la Oberliga (liga de la Alemania Oriental o RDA), viajaron a Bruselas. Al final fueron 14 convocados nada más, con dos arqueros.

Rosler, le contó años después a BBC: “Sabíamos que habría un montón de gente viendo el partido, muchos técnicos, muchos reclutadores de la Bundesliga. A mí no se me pasaba por la cabeza no jugar». Rosler también confesó que era como una forma de despedirse, a lo grande.

Este jugador del Magdeburg participó en la jugada del primer gol del partido, obra de Sammer, quien acrobáticamente anota al 73 un centro con cierto desvío . Cerca del final, de nuevo, Sammer, sabiendo recibir un fabuloso pase filtrado, sacó un bello regate contra el arquero y marcó al 90 el 0-2 definitivo en ese amistoso histórico.

Rosler, aunque cumplió su sueño de ir a la Bundesliga  y estuvo con el Manchester City, más nunca fue internacional. Contrario a Sammer, quien se volvió un ícono de la Mannschaft  de la década de los 90.

En el partido, el técnico Gayer dio entrada al meta suplente Jens Adler, para los segundos finales. De esa manera, jugaron todos los 14 viajantes. Fue un gesto de agradecimiento.

Capaz, no se concientizó mucho el significado del partido, pues para octubre estaba previsto un último partido entre las “Alemanias”. Pero fuertes casos de violencia de ultras (o barras) en el fútbol tras la reunificación, entre ellos un asesinado en Leipzig, obligaron a las autoridades a suspender este duelo. Ese partido, hace 30 años en Bruselas fue el último de Alemania Oriental.

El 3 de octubre de 1990, a la medianoche se proclamó frente al Reichstag de Berlín  la reunificación bajo el sonido de la Campana de la Libertad, el izado de la bandera nacional y el canto del himno nacional. En todas las ciudades se dispararon toneladas de pólvora para festejar. Alemania de nuevo era una sola.